
Naturaleza
Silencio inquietante y suelo irregular: el bosque catalán que parece sacado de un cuento de terror
Se trata de un hayedo menos de dos horas de Barcelona en coche

Hay lugares que no necesitan efectos especiales para resultar inquietantes. Basta con el silencio, la luz filtrándose entre los árboles y un terreno irregular que parece esconder secretos bajo cada paso. En el corazón de la comarca de la Garrotxa, en pleno Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, existe uno de esos parajes: la Fageda d’en Jordà, un bosque que combina belleza y misterio a partes iguales, que se encuentra a menos de dos horas de Barcelona en coche.
Lo que convierte a este hayedo en un lugar único en España no es solo su atmósfera, sino su origen. A diferencia de la mayoría de bosques de hayas, que suelen crecer en zonas de montaña, este se extiende sobre una superficie prácticamente llana… que en realidad no lo es tanto. Bajo sus raíces se esconde una antigua colada de lava del volcán del Croscat, cuyo relieve ha dado lugar a pequeñas elevaciones irregulares conocidas como tossols, algunas de ellas de más de 20 metros de altura.
El resultado es un paisaje ondulado y desconcertante, donde el terreno parece moverse bajo los pies y la orientación se vuelve difusa. A ello se suma la densidad de las hayas —Fagus sylvatica—, que crean una bóveda natural que tamiza la luz y envuelve el entorno en una penumbra constante, especialmente en otoño, cuando las hojas secas cubren el suelo con un manto crujiente.

Pero la sensación de estar dentro de un escenario de película no es casual. El silencio es uno de los grandes protagonistas del lugar. Desde 2013, el parque natural impulsa iniciativas para preservar precisamente esa atmósfera, fomentando una visita respetuosa que permita disfrutar de la calma, la belleza y la singularidad del bosque. No es extraño que este espacio aspire incluso a ser reconocido como patrimonio inmaterial.
La Fageda d’en Jordà no está aislada. Forma parte de un entorno geológico excepcional, rodeado por buena parte de los más de veinte volcanes que salpican la Garrotxa, como el volcán de Santa Margarida. Este último, con su característico cráter circular y una ermita en su interior, es uno de los puntos más visitados de la zona.
Muy cerca también se encuentra la iglesia románica de Sant Miquel de Sacot, un vestigio histórico que refuerza la sensación de estar en un territorio detenido en el tiempo.

Naturaleza, poesía y compromiso social
El magnetismo del bosque ha inspirado a lo largo del tiempo a artistas y escritores. El poeta Joan Maragall le dedicó uno de sus textos más conocidos, que hoy puede leerse en un monolito situado en uno de los accesos principales.
Pero este espacio natural no solo destaca por su valor paisajístico. En su interior se encuentra la cooperativa La Fageda, un proyecto empresarial singular que combina la producción de yogures y lácteos con una fuerte vocación social: buena parte de sus trabajadores son personas con discapacidad o en riesgo de exclusión.
Cómo recorrer este bosque inquietante
Adentrarse en la Fageda d’en Jordà es sencillo gracias a los itinerarios señalizados del parque. Uno de los más populares es el recorrido corto desde el aparcamiento de Can Serra, de unos 30 minutos, ideal para una primera toma de contacto.
Para quienes buscan una experiencia más completa, existen rutas más largas que conectan el bosque con otros puntos del parque, permitiendo descubrir la diversidad de paisajes volcánicos de la zona. También es posible recorrerlo en carruaje tirado por caballos, una opción que acentúa aún más la sensación de viajar a otro tiempo.
Entre corzos, jabalíes, aves rapaces y un sotobosque aparentemente infinito, la Fageda d’en Jordà es mucho más que un bosque. Es un escenario donde la naturaleza impone su ritmo y donde el visitante, casi sin darse cuenta, baja la voz y camina más despacio.
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