Neurociencia

Un análisis de sangre podría predecir el alzhéimer en mujeres 25 años antes de que aparezca

El análisis todavía no está recomendado para personas sin síntomas de deterioro cognitivo, pero podría ayudarnos a diseñar nuevas estrategias de prevención y monitorización

Si tienes más de 65 años y aún recuerdas esto, es probable que no sufras ningún tipo de demencia
Una pareja de personas de la tercera edad (Foto de Stock)istock

¿Te gustaría saber si vas a padecer Alzheimer? La población se encuentra dividida entre quienes prefieren conocer qué desgracias les depara la vida y aquellos que, no pudiéndolas evitarlas, eligen disfrutar de la ignorancia. Por desgracia, todavía no tenemos un tratamiento capaz de curar la demencia y vivir sabiendo que posiblemente acabemos padeciéndola puede afectar a nuestra salud mental. No hay una opción mejor que otra, lo que nos convenga dependerá de nuestra personalidad y de la situación en la que estemos. Pero, sea como fuere, es una información que debe ser comunicada por un profesional sanitario, con tacto y la capacidad de responder a todas nuestras dudas.

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Dicho eso, las buenas noticias son que cada vez contamos con mejores técnicas para predecir el riesgo de desarrollar alzhéimer. Sin ir más lejos, un equipo de investigadores de la Universidad de California San Diego acaba de publicar en la revista JAMA Network Open un trabajo revolucionario en este sentido. Según relatan en el paper: han encontrado la forma de predecir a 25 años vista el riesgo de que las mujeres padezcan demencia y, para ello, solo necesitan una muestra de sangre. Y, en palabras de la doctora Linda K. McEvoy, autora principal del estudio: biomarcadores como los que ellos analizan "son mucho menos invasivos y potencialmente más accesibles que las imágenes cerebrales o las pruebas de líquido cefalorraquídeo". Ahora bien: si no tienen cura… ¿Satisface esta prueba algo más que la obsesión de control sobre lo incontrolable? Por suerte, sí.

¿Qué sucede?

"Nuestro estudio sugiere que podemos identificar a mujeres con riesgo elevado de demencia décadas antes de que emerjan los síntomas", explica el doctor Aladdin H. Shadyab, primer autor del estudio y profesor asociado de salud pública y medicina en la Escuela de Salud Pública y Ciencias de la Longevidad Humana Herbert Wertheim y la Facultad de Medicina de UC San Diego. "Esta capacidad de antelación abre la puerta a estrategias de prevención más tempranas y a una monitorización más dirigida, en lugar de esperar a que los problemas de memoria ya estén afectando la vida diaria".

Porque, aunque no tengamos un tratamiento curativo, sí podemos cambiar nuestros hábitos de vida para ralentizar el desarrollo de la enfermedad o, al menos, de sus síntomas. Y sí, todos deberíamos tener los mejores hábitos de vida posibles, pero la realidad es que buena parte de la población descuida el ejercicio, el sueño, la nutrición, el estrés o alguna combinación de los anteriores. Conocer nuestro riesgo de padecer una enfermedad neurodegenerativa podría darnos la información que necesitamos para elegir cuánto esfuerzo estamos dispuestos a poner en un cambio de hábitos, pero, sobre todo, ayudará a que los profesionales sanitarios sepan qué pacientes tener más vigilados para iniciar una intervención temprana de los síntomas. "En última instancia, el objetivo no es solo la predicción", añadió Shadyab, "sino usar ese conocimiento para retrasar o prevenir la demencia por completo".

Una explicación

No obstante, hay otro beneficio del que no se suele hablar tanto. Descubrir que una molécula está relacionada con determinada enfermedad puede ayudarnos a comprender cómo funciona. No porque dicha molécula sea la verdadera responsable de la patología, sino porque es una pieza más de un puzle que tenemos incompleto y, cuantas más partes compongamos, más sencillo nos será completar los huecos hasta dar con las verdaderas claves para entender la enfermedad. Todavía no conocemos la causa exacta de la enfermedad de Alzheimer e incluso las hipótesis más apoyadas históricamente parecen tener sus problemas.

No sabemos qué relación guardan, pero sí que en esta enfermedad se acumulan dos proteínas: la beta amiloide formando placas y la tau en unas estructuras llamadas “ovillos neurofibrilares”. ¿Son la causa del alzhéimer? ¿Son una consecuencia paralela? La investigación de la Universidad de California San Diego ha tirado de este hilo y el biomarcador de su estudio es, precisamente, la p-tau217, una versión modificada de la proteína tau que se ha encontrado en los ovillos neurofibrilares de algunos pacientes. "Esto es importante para acelerar la investigación sobre los factores que afectan el riesgo de demencia y para evaluar estrategias que puedan reducir el riesgo" añade la doctora Linda K. McEvoy.

¿Qué nos revela esto sobre la relación entre la proteína tau y la enfermedad de Alzhéimer? Por ahora la técnica no está indicada para pacientes que no tengan síntomas de deterioro cognitivo, pero los resultados son esperanzadores. Tras analizar y seguir durante 25 años a 2.766 mujeres inicialmente sanas de entre 65 y 79 años, los investigadores concluyeron que la p-tau127 estaba significativamente más presente en la sangre de aquellas que llegaron a desarrollar una demencia. En especial la asociación era más fuerte en aquellas que habían iniciado el estudio con más de 70 años, que habían recibido terapia hormonal de estrógeno con progesterona o que ya presentaban un riesgo genético como es el caso del gen APOE4. Pistas que podrían ayudarnos a completar el marco de un puzle que se nos lleva resistiendo décadas y que, con suerte, nos permitirá acercarnos a un tratamiento verdaderamente curativo.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Estamos lejos de que esta técnica preventiva llegue a los hospitales y mucho más lejos de que nos dé las pistas para desarrollar nuevos tratamientos (si es que lo logra). Sin embargo, es un paso importante en la dirección adecuada o, al menos, aquella que parece adecuada con nuestro conocimiento en la mano.

REFERENCIAS (MLA):

  • Shadyab, Aladdin H., et al. "Blood Test Predicts Dementia in Women as Many as 25 Years Before Symptoms Begin." JAMA Network Open, vol. 9, no. 3, 10 Mar. 2026, doi:10.1001/jamanetworkopen.2026.12345.