
Biomedicina
Descubren por qué las mujeres que viven con dolor crónico sufren más que los hombres
Más de un cuarto de los adultos sufren dolor crónico y, aunque dura más en mujeres que en hombres, todavía no sabíamos por qué… hasta ahora

Cerca del 26% de los adultos padece dolor crónico. El porcentaje asciende a un 40% entre los mayores de 65 y, en todas las edades, el porcentaje de afectados es mayor entre mujeres que entre hombres. De hecho, esta diferencia se debe, en parte, a que el dolor crónico tiende a durar más en mujeres que en hombres. Y, a pesar de su gran prevalencia y de esa extraña diferencia entre sexos, no sabemos gran cosa sobre cómo funciona. Ahora, un estudio publicado en la revista Science Inmunology anuncia haber encontrado una de las principales causas detrás de la diferencia entre hombres y mujeres y, sorprendentemente, tiene que ver con el sistema inmunitario.
De hecho, los investigadores ya plantean usar sus resultados para mejorar la vida de las pacientes con dolor crónico, pero no con fármacos o tratamientos. ¿Cómo, entonces? Concienciado a la población de que el dolor que experimentan es real.
El doble filo del dolor
El dolor ha sido clave para nuestra supervivencia. Es una alarma muy efectiva que nos indica cuándo algo está yendo mal. Nos hace alejarnos de los estímulos que nos hacen daño y, por lo tanto, contribuye a mantenernos a salvo. Los pacientes que no lo experimentan, por ejemplo, corren el riesgo de quemarse o, incluso, arañarse las corneas mientras duermen. Sin embargo, hay ocasiones en que el dolor deja de ser una adaptación para convertirse en lo contrario.
Las estructuras que transforman determinados estímulos dañinos en impulsos eléctricos que procesamos como “dolor” están por casi toda nuestra superficie corporal y parte de nuestro interior y, si funcionan bien es porque solo se disparan cuando el estímulo que reciben es suficientemente intenso. Si, por el motivo que sea, se vuelven más sensibles, pueden disparar señales de dolor ante estímulos perfectamente inocuos, como el roce de una camiseta, con una caricia o, incluso, sin una estimulación externa, de manera relativamente espontanea. Todos hemos vivido situaciones similares, por ejemplo, tras darnos un buen golpe. La zona dañada se inflama y, entonces, cualquier roce dispara un pinchazo de dolor.
No es cualquier dolor
Ahora bien… para que lo consideremos dolor crónico, siguiendo los criterios de la Clasificación Internacional de Enfermedades, ha de durar más de 3 meses, no alertar de un daño real, afectar a la funcionalidad o al bienestar emocional y en algunos casos, puede existir sin una causa orgánica identificable. Esto significa que en ocasiones está provocado por una lesión que no cura, otras por una lesión que ya parece curada, pero sigue desencadenando dolor y, en otras, por patologías que no han implicado un daño físico evidente, como al fibromialgia o el dolor regional complejo. Esta aparente variedad de causas dificulta sacar conclusiones limpias y complica el diseño metodológico de los estudios: “¿A qué tipo de pacientes incluimos?”, “¿Deberíamos dejar fuera algunas causas?”, “¿Cuáles?”
En este contexto, sin embargo, los expertos han logrado describir algunas características relevantes sobre esta enfermedad, entre ellas, que, como decíamos, parece prolongarse más en mujeres. La falta de lesiones físicas evidentes y la misoginia que, como sociedad, todavía no nos hemos sacudido, ha llevado a que no pocos profesionales minimicen o invisibilicen el sufrimiento de estas pacientes. Al no tener daños visibles y ser el dolor algo tan complejo, algunos sugieren que se trata de una cuestión “subjetiva” y sin fundamento biológico. Incluso si fuera así, estaríamos ante un problema sanitario que merece la atención y el estudio de la comunidad médica, pero lo que plantea el autor principal de este estudio es que, tras el dolor crónico y la diferencia que vemos entre hombres y mujeres, hay una causa biológica.
Tus defensas
Estudiando ratones con dolor crónico, el equipo del doctor Laumet se percató de que una molécula clave para el sistema inmunitario estaba más presente en machos que en hembras: la interleucina-10 (IL-10), que guarda relación con la actividad de las neuronas encargadas de transmitir el dolor. ¿Y si esta era la molécula responsable? Los científicos sabían que esta sustancia la producía un tipo de células inmunitarias conocidas como “monocitos” y que, efectivamente, estaban más activos en machos que en hembras. Con esto en mente, los expertos sospecharon que, tal vez, su producción de IL-10 podía verse regulada por hormonas sexuales masculinas, como la testosterona. Esto explicaría la diferencia entre ratones macho y ratones hembra.
Así pues, los investigadores bloquearon estas hormonas a un grupo de ratones macho y analizaron cómo cambiaba su producción de interleucina-10. Los resultados apoyaron la hipótesis: la ausencia de testosterona parecía reducir la actividad de los monocitos y, por lo tanto, la cantidad de interleucina-10 en los ratones. No obstante, la relación entre esta molécula y la percepción del dolor todavía no ha sido medida con precisión. La buena noticia es que, aunque todavía no han podido establecer una relación causal clara, sí han encontrado que esta diferencia en la cantidad de interleucina-10 está presente entre mujeres y hombres (humanos), y no solo en ratones.
Los propios investigadores insisten en que, incluso siendo optimistas, la aplicación de este descubrimiento podría tardar décadas en llegar a los hospitales. Pero, mientras tanto, podemos quedarnos con las palabras del doctor Laumet: "Este estudio muestra que la resolución del dolor no es un proceso pasivo […] La diferencia en el dolor entre hombres y mujeres tiene una base biológica. […] No está en tu cabeza, y no eres débil. Está en tu sistema inmunitario".
QUE NO TE LA CUELEN:
- Si estos investigadores están en lo cierto, el mecanismo descubierto podría inspirar nuevas ideas para investigar tratamientos. No obstante, es extremadamente pronto como para que le dediquemos demasiado tiempo a esa posibilidad. Incluso si todos los estudios fueran un éxito, podríamos tardar años en ver una aplicación clínica de este descubrimiento y, siendo realistas, es posible que no logremos trasladar este conocimiento a las ciencias aplicadas. El mundo de la farmacología es complejo e impredecible cuando estamos en momentos tan iniciales y, en este caso, hablamos de una línea de investigación que acaba de nacer. En ciencia, aparte de las condiciones laborales, hay pocas cosas más precarias que eso.
REFERENCIAS (MLA):
- Laumet, Geoffroy, et al. "Monocyte-Derived IL-10 Drives Sex Differences in Pain Duration." Science Immunology, vol. 11, no. 2, 20 Feb. 2026, doi:10.1126/sciimmunol.adx0292.
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