
Oncología
Diez minutos de ejercicio activan señales anticancerígenas
Los autores de un estudio observaron cambios en la actividad de más de 1.300 genes, incluidos aquellos relacionados con la reparación del ADN.

Nunca debemos subestimar el poder de mover el cuerpo, aunque sea por unos pocos minutos. Esta es la conclusión básica de un estudio publicado en International Journal of Cancer. Los autores, liderados por Sam Orange de la Universidad de Newcastle, señalan que una sesión de ejercicio intenso de apenas diez minutos puede desencadenar cambios moleculares en el cuerpo que ayudan a frenar el crecimiento de células cancerosas y activar mecanismos de reparación del ADN. Este hallazgo refuerza una idea que viene acumulando evidencia: el deporte no solo mejora la forma física, sino que influye directamente en procesos biológicos fundamentales vinculados a la prevención del cáncer.
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El equipo de Orange realizó experimentos en los que voluntarios adultos entre 50 y 78 años completaron un breve ciclo de ejercicio intenso (una sesión de ciclismo de diez minutos) tras la cual se extrajeron muestras de sangre para analizar qué había cambiado. Lo que descubrieron fue sorprendente: niveles elevados de diversas moléculas en el torrente sanguíneo, muchas de las cuales se conocen por sus efectos antiinflamatorios, su apoyo a la función vascular saludable y su papel en el metabolismo energético.
Cuando los científicos expusieron células de cáncer de colon en el laboratorio a sangre recogida después del ejercicio, observaron cambios en la actividad de más de 1.300 genes, incluidos aquellos relacionados con la reparación del ADN y el crecimiento celular. En términos simples, el ejercicio breve no solo genera cambios fisiológicos inmediatos, sino que envía señales a nivel genético que pueden hacer el ambiente menos favorable para el desarrollo y proliferación de tumores.
Este estudio ayuda a esclarecer por qué la actividad física se ha vinculado por décadas con un menor riesgo de cáncer. La evidencia epidemiológica ha mostrado consistentemente que las personas activas tienden a tener tasas más bajas de varios tipos de tumores, incluyendo colon, mama y endometrio, entre otros. Trabajos a gran escala han encontrado que mayores niveles de actividad física se asocian con menor riesgo de al menos 13 tipos de cáncer, incluso después de ajustar por factores como el índice de masa corporal (IMC).
Pero entender los mecanismos detrás de esas asociaciones ha sido un desafío. El estudio de Orange sugiere que el ejercicio, incluso en pequeñas dosis, modifica de inmediato el ambiente bioquímico de la sangre: aumenta proteínas que reparan el ADN y apagan señales que fomentan el crecimiento celular descontrolado. Entre esas moléculas se encuentra la interleucina-6 (IL-6), implicada en rutas de reparación genética y en procesos inmunes que pueden ayudar a controlar la proliferación celular.
Además, el efecto del ejercicio sobre el metabolismo celular y la inflamación sistémica podría contribuir a un entorno más hostil para las células cancerosas. La inflamación crónica es un factor de riesgo conocido para la mayoría de los cánceres; por eso, cualquier actividad que reduzca ese estado de bajo grado inflamatorio, sean caminatas, ciclismo o actividades intensas de corta duración, puede sumar protección.
De entrada, el mensaje es claro: no es necesario dedicar horas interminables al gimnasio para empezar a recibir beneficios biológicos. Aunque las guías de salud pública recomiendan acumular 150 minutos semanales de actividad moderada (equivalentes a caminar enérgicamente, por ejemplo), estudios recientes incluso sugieren que incluso 11 minutos de movimiento al díapueden asociarse con menor riesgo de ciertos cánceres y de mortalidad general.
En el estudio de Orage, un solo episodio de ejercicio intenso fue suficiente para producir efectos medibles en moléculas del plasma. Eso no significa que un único ejercicio “cure” el cáncer, sino que cada sesión cuenta y que el cuerpo responde rápido: el organismo interpreta la actividad como un estímulo que activa rutas de defensa y reparación.
“El ejercicio no solo ayuda a tejidos sanos – afirma Orange -, sino que envía señales potentes por el torrente sanguíneo que pueden influir directamente en miles de genes relacionados con el crecimiento celular y la estabilidad genética”.
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