
Genética
Este es el gen que, según el COI, determina si compites en categoría masculina o femenina
Mientras tanto, un estudios señala que “el sexo no se determina mediante la activación de un interruptor genético, sino por una interacción dosis-dependiente entre señales”.

Durante décadas, el deporte ha intentado responder a una pregunta que parece sencilla pero no lo es en absoluto: qué determina que se compita en la categoría masculina o en la femenina. Y cada vez que la ciencia ha entrado en escena, la respuesta se ha vuelto más compleja.
Las primeras pruebas de cromosomas fueron presentadas por el Comité Olímpico Internacional (COI) en 1968, en los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México. Y desde entonces la medida ha sido abolida y vuelta a instaurar en diversas ocasiones.
Y ahora, con un comunicado, el COI vuelve a traernos la normativa que basada en la presencia o ausencia de un gen: el SRY (siglas de Región Determinante del Sexo, en inglés). Un pequeño fragmento de ADN que, en teoría, puede decidir en qué categoría compite un atleta.
En los humanos, el sexo biológico suele estar asociado a los cromosomas: XX en mujeres, XY en hombres. En este último caso, en el cromosoma Y hay una región concreta, el gen SRY, que actúa como una suerte de interruptor. Cuando está presente y funciona, activa una cascada de procesos que llevan al desarrollo de testículos durante el embrión.
Ese detalle es importante porque el desarrollo de los testículos no es solo una cuestión anatómica. Implica la producción de hormonas, especialmente testosterona, que a lo largo de la vida influyen en características físicas como la masa muscular, la densidad ósea o la capacidad pulmonar. Es decir, rasgos que, en promedio, afectan al rendimiento deportivo.
Desde esta perspectiva, el nuevo enfoque del COI busca algo muy concreto: una señal biológica temprana y estable. Según la propia organización, la presencia del gen SRY es “una evidencia altamente precisa” de haber seguido un desarrollo sexual masculino, y además tiene una ventaja práctica: no cambia a lo largo de la vida. De hecho, la prueba se haría solo una vez en la vida y serviría como señal irrefutable.
Por eso la prueba propuesta es relativamente simple. Un análisis de saliva o de una muestra bucal, realizado una única vez, bastaría para determinar la categoría: femenina o masculina. A primera vista, parece una solución sencilla y directa. Pero hay un motivo por el cual se desestimó varias veces en el pasado. El gen SRY no siempre cuenta toda la historia.
Existen personas que tienen un cromosoma Y con el gen SRY activo, pero cuyos cuerpos no responden a la testosterona. Es el caso del síndrome de insensibilidad a los andrógenos. En estas situaciones, el desarrollo externo es femenino, y muchas de estas personas han vivido toda su vida como mujeres sin saber siquiera que su genética es distinta.
También ocurre lo contrario: individuos sin gen SRY funcional que desarrollan características típicamente masculinas por otras rutas genéticas. La biología del sexo no es un interruptor binario, sino una red de procesos donde intervienen múltiples genes, hormonas y sensibilidades celulares.
Un estudio publicado en PLOS Biology lo explica con gran claridad: “La presencia del gen Sry normalmente impulsa el desarrollo masculino. Sin embargo, cuando se alteran elementos posteriores de la vía de determinación sexual, el sexo cromosómico y el fenotipo sexual pueden ser discordantes. Este fenómeno reveló una falla fatal en una regla olímpica ya derogada que exigía a las atletas femeninas someterse a procedimientos de "verificación de género" que etiquetaban a las mujeres XY como impostoras”.
Este análisis, liderado por Liza Gross, fue publicado en 2006, poco después de una polémica vinculada con la fiabilidad de este tipo de pruebas y que solo se realizara a mujeres. El problema, señalaban varios estudios ya 20 años atrás, es que la biología, en este apartado, no es cuestión de un gen sí o un gen no. Es mucho más complejo.
“Estos resultados sugieren que el sexo no se determina mediante la activación de un interruptor genético, sino por una interacción dosis-dependiente entre señales opuestas – concluye Gross -. Los estudios proponen que Sry inicia el destino masculino al activar la expresión de Sox9, que a su vez activa Fgf9, desencadenando un bucle de retroalimentación positiva que produce un varón, salvo la interferencia de señales antagónicas”.
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