Ciencia

El Sáhara no siempre fue un desierto: científicos hallan pruebas de un pasado verde

El hallazgo revela hasta qué punto los cambios climáticos pueden transformar radicalmente un territorio, convirtiendo durante miles de años un desierto en un paisaje verde y lleno de vida

El Sáhara no siempre fue un desierto: científicos hallan pruebas de un pasado verde
El Sáhara no siempre fue un desierto: científicos hallan pruebas de un pasado verdeistock

El Sáhara no siempre fue el enorme desierto de arena y calor extremo que conocemos hoy. Aunque actualmente es el mayor desierto cálido del planeta, nuevas evidencias científicas han confirmado lo que los investigadores sospechaban desde hace décadas. Un equipo de científicos ha encontrado pruebas concluyentes en cuevas situadas en el sur de Marruecos que indican que, hace miles de años, esta vasta región africana era un territorio verde y húmedo, alimentado por lluvias frecuentes.

Milenios de lluvias continuas en el Sáhara

El hallazgo, publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters, se basa en el análisis de estalagmitas, formaciones rocosas que se desarrollan lentamente desde el suelo de las cuevas gracias al goteo constante de agua filtrada desde el exterior. Estas estructuras naturales funcionan como auténticos archivos climáticos, ya que conservan durante miles de años la huella química de las precipitaciones.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores extrajeron pequeños fragmentos de estas formaciones rocosas en cuevas ubicadas al sur de la cordillera del Atlas. Con el objetivo de determinar cuándo se produjeron las lluvias, analizaron los isótopos de uranio y torio presentes en las muestras.

Los resultados sorprendieron al equipo científico. Las estalagmitas estudiadas crecieron de manera continua entre 8.700 y 4.300 años atrás, lo que confirma la existencia de un periodo prolongado caracterizado por precipitaciones abundantes y regulares en esta zona del actual desierto.

Uno de los aspectos más destacados de la investigación ha sido el escaso impacto ambiental del proceso. Según explicó el investigador Sam Hollowood, bastó con recoger pequeñas muestras casi imperceptibles de roca, en algunos casos de apenas 0,25 gramos. A pesar de su tamaño mínimo, estas muestras han permitido reconstruir el clima de toda una región en la prehistoria, demostrando que grandes descubrimientos científicos pueden lograrse con métodos poco invasivos.

Un Sáhara verde que impulsó a las comunidades neolíticas

Las lluvias constantes tuvieron un efecto directo en las poblaciones humanas que habitaban la región en aquella época. Los datos obtenidos en la cueva coinciden con evidencias arqueológicas que muestran un notable aumento de asentamientos neolíticos al sur del Atlas durante ese mismo periodo.

Para estas comunidades, cuya economía dependía principalmente de la ganadería, el acceso a agua y vegetación era esencial. El antiguo Sáhara ofrecía entonces amplias zonas de pastos y recursos naturales, permitiendo a las poblaciones expandirse por territorios que hoy son completamente áridos.

La investigadora Julia Barrott explicó que uno de los aspectos más interesantes del estudio ha sido comprobar cómo las condiciones climáticas influyeron directamente en el desarrollo de estas sociedades antiguas.

Con el objetivo de entender el origen de aquellas lluvias, el equipo analizó la firma química que el agua deja registrada en las rocas. Este rastro permite identificar la procedencia de las precipitaciones y reconstruir los patrones meteorológicos del pasado.

Gracias a este análisis, los científicos descubrieron que la humedad que alimentaba al antiguo Sáhara procedía de las llamadas “plumas tropicales”, grandes masas de nubes que transportan vapor de agua desde regiones tropicales. Estas formaciones atmosféricas actúan como auténticos “ríos en el cielo”, desplazando la humedad a grandes distancias.

El estudio demuestra por primera vez que estas nubes lograron llegar hasta esta parte del norte de África. El hallazgo revela hasta qué punto los cambios climáticos pueden transformar radicalmente un territorio, convirtiendo durante miles de años un desierto en un paisaje verde y lleno de vida.