Crítica de “Colour Out of Space”: Horror cósmico al estilo lovecraftiano ★★✩✩✩

Director: Richard Stanley. Guión:R. Stanley y S. Amaris. Intérpretes: Nicholas Cage, Joely Richardson, Madeleine Arthur, Elliot Knight. Malasia-Portugal-USA, 2019. Duración: 111 min. Terror.

Los que han leído la prosa polisilábica de H.P. Lovecraft saben que el secreto de su estilo está en lo que no se puede decir. O lo que es lo mismo, en lo que no se puede describir con palabras. El terror es, pues, lo que está más allá del lenguaje, y por eso el lenguaje, por mucho que intente retorcerse sobre sus propios desechos, nunca logra captar la dimensión cósmica de un miedo que nos supera y se desborda. Así las cosas, las regiones son “innominadas e innominables”, el hombre se imagina “lo inimaginable”, el mundo es “inexplicable”. El terror es, también, un prefijo, ese “in” que lo niega todo al tiempo que intenta aprehenderlo. ¿Cómo adaptar a Lovecraft? ¿Cómo buscarle imágenes a lo que rehúye una representación? Si el color que emanaba del meteorito que cae en la finca de los Gardner en el relato del escritor de Providence era de una fosforescencia indeterminada, difícil de situar en el espectro cromático visible, en “Color Out of Space”, la adaptación firmada por Richard Stanley, es declaradamente púrpura.

Esa simple concreción es problemática para una historia sobre la destrucción de una familia, del espacio que habita y de todo aquello en lo que cree, que crece, como decíamos, de una abstracción maligna, vaga e imprecisa. En la película todo tiene forma: en el pozo, en la granja de alpacas, en Nicolas Cage repitiendo su gestualidad granguiñolesca, hay una aspiración equivocada a la sátira grotesca que a veces puede recordar a cierta serie B de los ochenta, y a la que le gustaría reflejarse en el lisérgico viaje de “Mandy”. No es que lo lovecraftiano sea una excusa (como en la mítica “Reanimator”) o el síntoma de una mitología metaficcional (como en la espléndida “En la boca del miedo”): aquí solo es un adjetivo que genera tanta reverencia como frustración.

Lo mejor: Cierta atmósfera de densidad alucinógena, que unta el relato de una forma hipnótica y pegajosa

Lo peor: Confunde el barroquismo abstracto de Lovecraft con la redundancia granguiñolesca