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Entrevista de cine

Almodóvar: "La realidad siempre se cuela en mis películas sin pedir permiso"

El cineasta complementa narrativamente el tono confesional y semibiográfico iniciado con "Dolor y gloria" en su nuevo y sólido trabajo: "Amarga navidad"

El cineasta Pedro Almodóvar ©Iglesias Mas

Como en aquel "mundo raro" de José Alfredo entonado por una incipiente Chavela con la voz llena de urgencia por recordar que "es preciso decir otra mentira. Les diré que no sé del dolor, que triunfé en el amor y que nunca he llorado", los protagonistas de la última propuesta de Almodóvar juegan a inventarse parapetados tras la máscara de la metaficción su recorrido dentro de un recorrido ya inventado por otro: el creador. Leonardo Sbaraglia es un trasunto de Pedro, Bárbara Lennie es el Pedro escrito por Sbaraglia y todos, acompañados de figuras satelitales que orbitan alrededor de sus insatisfacciones, forman parte de una misma vida fabulada inundada de realidades, amargura y acompañamiento.

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Sirviéndose de códigos pirandellianos, desdibujando las líneas de lo ficticio, trazando mapas constelados de la esencia más almodovariana, "Amarga navidad" retoma la senda de intimísima exposición personal mostrada en "Dolor y gloria" para ofrecer una suerte de confesión ficcionada suicida, inteligente y profundamente sarcástica sobre el valor y evolución de su propio cine, la vigencia de sus propios miedos y dolores (que siguen pareciéndose en cierta medida a los del mundo) y los límites de la creación artística en cuanto que a testimonio prestado de las vivencias de otros implica. "Me divertía mucho la idea de meterme conmigo mismo", reconoce el cineasta. "Has perdido la gracia", le señala hiriente el personaje de Aitana Sánchez-Gijón (que interpreta a la asistente personal del director) Sbaraglia. Nos reunimos con el cineasta en el corazón de su despacho situado en la primera planta de El Deseo para constatar, entre otras cosas, que afortunadamente sigue intacta. Igual que su necesidad viva, despierta, participativa y contemporánea de formar parte de un todo: "Ya me he aislado bastante en lo social. Quiero estar absolutamente al tanto de todo lo que ocurre y poder reaccionar y ser parte de ello. No quiero ser ajeno a nada de lo que está ocurriendo".

Metiéndonos en el terreno de los límites de la autoficción, ¿en algún momento has tenido la sensación de que estaba viviendo determinadas experiencias única y exclusivamente para escribir sobre ellas?

(Sonríe). No, pero sin duda ese es uno de los peligros. Hay veces que sí tengo esa sensación de que estoy viviendo algo y a la vez siendo consciente de que eso va a ser motivo de inspiración para algunas cosas. Eso se llama deformación profesional supongo y a veces tengo la impresión de que vivo para contar. Que no vivo para vivirlo, sino para contarlo. Pero bueno, realmente cuando escribo aprovecho toda mi experiencia, como de pronto la experiencia como espectador o como lector o como amigo o como conversador con otros amigos. Somos porosos y permeables. La realidad siempre se cuela en mis películas sin pedir permiso, siempre encuentra un resquicio por donde entrar: la mía también. Es verdad que por lo general uno no provoca las cosas para que ocurran y después poder hablar de ellas como sucedía por ejemplo en "Anatomía de una caída", pero sí que existe esa conciencia de que las cosas que vives son a la vez material sobre el que puedes trabajar. El asunto este de los límites de la autoficción yo creo que básicamente es una cosa personal y depende de los propios que tenga uno mismo. Porque no hay tampoco ni una ley ni moral ni social que diga cuáles son esos límites ni qué forma tienen. En mi caso siento que deben estar en no hacer daño a nadie, en no hacer daño a ninguna de las personas que te han inspirado determinadas secuencias. Si yo tuviera la sensación de que algo de lo que estoy escribiendo podría hacerle daño a alguna persona, sobre todo de mi entorno, alguien a quien conozco y quiero, sacrificaría desde luego el guion a favor de la amistad o del bienestar del otro. Los límites son en definitiva los que te marquen tu propia sensibilidad moral. Aunque me temo también que cada uno tiene la suya propia. Los míos tengo claro que son estos.

"La edad te hace ser más introspectivo, mirarte más hacia dentro. Pero no quiero ensimismarme"

Pedro Almodóvar

¿No ha habido nunca entonces algún trasunto de Aitana Sánchez-Gijón en el que te estuvieras inspirando para escribir que te dijera "Pedro, por aquí no, es demasiado explícito lo que estás contando"?

Te diría que nunca. Pero sobre todo, yo mismo también, por ejemplo, incluso ya hablando de mí mismo, de mi propia vida, sé siempre dónde está la ficción y dónde está la realidad. Una imagen muy clara que te voy a contar es esta: los decorados de "Dolor y Gloria", en concreto de la casa donde vivía Antonio (Banderas), eran una réplica exacta de mi casa. Muchos de los muebles se trasladaron allí e incluso todos los cuadros se los llevaron para allá. Entonces claro, cuando iba al plató, estaba en mi casa. Sin embargo nunca disocié, nunca tuve la impresión de que se me estaba yendo el sentido de la realidad, cuando dirigía a Antonio sabía que él estaba explicando cosas que pertenecían a mi vida, pero nunca tenía la impresión de ser yo mismo. O sea, para mí siempre era un personaje, una película, un set preparado y cuando volvía a casa, yo abría la puerta y me encontraba otra vez de nuevo en el mismo lugar donde había estado antes trabajando. Pero nunca tuve la sensación de que esa simulación era mi hogar de verdad. Osama (Chami, uno de sus tres asistentes personales) en cambio sí me decía que a él le confundía mucho llegar al plató y ver que era mi casa y después volver a mi casa y ver que era mi casa también, que le creaba una sensación rara, especular. Yo sabía siempre dónde estaba la realidad y dónde estaba la ficción.

¿Desde qué lugares secretos sigues mirando a las mujeres en este momento?

Pues fíjate, en cuanto a lo que escribo, soy consciente de que en mis últimas películas, a pesar de haber hecho "Madres paralelas" y "La habitación de al lado" que son dos películas totalmente femeninas, en el sentido de que tratan problemas de mujeres y entre mujeres, estoy más involucrado conmigo mismo y por tanto con mi género, con el masculino, que con el femenino. He tenido la impresión de que he hecho tantas películas sobre mujeres que ahora me estaba ocupando yo más de mí mismo o de los varones o de la masculinidad, mucho más de lo que lo había hecho antes. No de haber dejado de interesarme los personajes femeninos, en absoluto, pero sí de haberle dedicado un poco más de tiempo y profundidad a los masculinos. En mis próximos trabajos esto va a cambiar y de hecho aquí en "Amarga navidad" como bien decías ya hay cuatro mujeres muy fuertes llevando el peso de la trama. Sigo vinculado a las mujeres, pero ya te digo que últimamente me estoy viendo más capaz de escribir más papeles masculinos de lo que me veía antes.

"Sigo vinculado a las mujeres, pero soy más capaz que antes de escribir personajes masculinos"

Pedro Almodóvar

¿Y a qué crees que se debe eso?

A la edad. Yo creo que es la edad. Te hace ser más introspectivo, mirarte más hacia dentro. Pero yo no quiero eh (aduce entre risas). No quiero ensimismarme, porque se corre peligro. Hay dejarse llevar por las ideas. Me encantaría hacer otra película como "Mujeres al borde de un ataque de nervios", pero no soy capaz. No hay ninguna fórmula. En ese caso, me salió y la hice. Ojalá supiera cómo repetirlo. En este caso cuando me llega la idea del personaje de Aitana a mi cabeza, me dejo llevar por ella y me entrego. Sin que suene a algo paranormal, pero tengo la impresión de que es la idea la que aparca en mi cerebro y se aprovecha de mí para salir fuera y para manifestarse. Hay veces que escribo secuencias que no quiero escribir, que me duelen, como en "Dolor y gloria" por ejemplo, que había algunas que verdaderamente me resultaban muy difíciles porque suponía escarbar muy dentro de mí. Sin embargo hay una especie de orden superior que dice "tienes que hacerlo, estás para esto".

Las letras de las canciones de Chavela, más allá de la potencia vocal con la que son proyectadas, te sirven muchas veces para vehicular el mensaje, son un elemento narrativo más dentro de tus películas. Aquí lo volvemos a ver hasta el punto de que una de esas letras (de la canción que además da título a la cinta y a uno de los relatos del libro "El último sueño", escrito por el propio Almodóvar) lleva a una de las protagonistas (Victoria Luengo) a tomar una decisión determinante. ¿Existe el momento justo para escuchar según qué letras?

¿Sabes qué me ocurre? Cuando estoy escribiendo escucho las canciones de otro modo. Me llegan de una manera totalmente distinta, las descubro. O sea, canciones, por ejemplo, como "Cucurrucucú paloma". Conocía cien versiones, hasta que de pronto oí la versión de Caetano y me quedé petrificado. Dije con esto tengo que hacer algo. Y, en efecto. No fue inmediato pero dos películas más tarde, la metí como uno de sus leitmotiv y al propio Caetano cantándola -comparte en alusión a su integración en "Hable con ella"-. Porque cuando estás escribiendo tu sensibilidad se acomoda y se convierte en un filtro que detecta intenciones en canciones, los libros, las películas, los amigos. Intenciones de las que antes no te habías dado cuenta y que sientes descubrirlas por primera vez. Creo que ninguna canción me ha empujado a mí a hacer algo crucial en mi vida personal o tomar una decisión tan drástica como hace el personaje de Victoria de abandonar a su marido. Pero, claro, Chavela le está diciendo en diciembre, que es el mes en el que están instaladas, "diciembre me gustó pa’ que te largues". Lo que pasa que no es suficiente. A veces para abandonar a un marido tóxico, hace faltan más cosas. O más tiempo.

"A mi alrededor hay tanta adulación…me resulta liberador saber tener los pies en el suelo"

Pedro Almodóvar

¿Dónde encuentra hoy consuelo Almodóvar?

En lo de siempre. Bueno no, en el sexo ya no. Creo que me he vuelto abstemio. En los libros, en las películas, en las amistades. Mi trabajo me ha hecho más consciente de mí mismo y creo que eso es importante. Saber quién eres, cómo eres, conocer tus puntos flacos, saber estar en la tierra. A mi alrededor hay tanta adulación… me resulta liberador saber tener los pies en el suelo. Saber que peso los kilos que peso, tengo los años que tengo, tengo los dolores que tengo y para asumir eso, todo lo demás no sirve de nada. La lectura como te decía es una ayuda enorme para mí, me acompaña mucho. Siempre estoy con cuatro o cinco libros a la vez. Sigue siendo uno de mis grandes placeres y uno de los grandes orígenes de mi pasión por la escritura.