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Grandes estrenos
'Malquerida': Aitana Sánchez-Gijón protagoniza un "culebrón" de verdades incómodas
Aitana Sánchez-Gijón lidera este "western rural" que firmó Jacinto Benavente y que ahora recupera Natalia Menéndez en su vuelta al Teatro Español

Hace 38 años que Natalia Menéndez se acercaba a la versión de Miguel Narros de «La Malquerida». Allí, sobre el escenario, estaba una jovencísima Aitana Sánchez-Gijón que interpretaba a la Acacia en el segundo montaje de su vida, recuerda la actriz. El texto de Jacinto Benavente «tocó» a la directora como pocos lo habían hecho hasta la fecha: «Creo que no había escuchado algo tan fuerte, tan pasional, tan cruel, tan fanático... Me removió muchísimo», asegura quien ahora regresa al Español (tras liderarlo durante cuatro años) para dirigir una nueva adaptación que también firma a cuatro manos junto a Juan Carlos Rubio.
Aunque fue «releyendo» al Nobel cuando de nuevo le «saltó “La Malquerida” a la cara», dice Menéndez: «Es esto. Otra vez (...) El ayer es hoy. Hay que tener en cuenta los fanatismos, que en esta época están muy revueltos, y que también se puede hablar de pasiones». Y con esas, contactó con Rubio para dejar a un lado los melodramas y apostar «por la tragedia» bajo el sello del realismo poético, el simbolismo y el minimalismo –enumera–; más una música «que habla del campo». Como no podían meter a veinte actores, como Narros, redujeron el reparto a ocho; y aquel caballo pasó a convertirse «en relinchos», apunta Sánchez-Gijón a su lado.

Hoy, aquella intérprete que hizo de Acacia ha crecido hasta convertirse en leyenda de las tablas españolas, pero también, en este caso, en la Raimunda, quien desde el cartel de la obra ya se presenta como una persona dolida y herida de muerte en el corazón; dejando así vía libre a Lucía Juárez en el papel de «la malquerida», aunque Sánchez-Gijón insiste en que «la verdadera malquerida» es su personaje, sentencia: «Cuando Natalia me propuso participar me quedé en “shock”. No dije que sí de primeras. No me esperaba volver a hacer este montaje, y más en el papel de la Raimunda que hizo la grandísima Ana Marzoa. Me imponía. Pero ahora lo considero un cierre de círculo de estos que te regala la vida. Como una travesía de vida, fui la hija y ahora soy la madre. Quizá Lucía, dentro de 30 o 40 años, acaba siendo la Raimunda...», profetiza la actriz sobre una joven artista a la que Menéndez ya le vio «matices de la Malquerida» en «Asesinato y adolescencia» (2023), de Lima.
Curiosamente, Sánchez-Gijón, «capitana» –indican– de este elenco, afirma que del pasado se acuerda más del papel de los demás que del suyo propio: «Tengo muy vívidas las voces de los demás, sobre todo de Ana, que era mi madre, a la que más miraba. Ella es la que me habita más. Acacia está por ahí en algún lugar. Es como si la función se hubiera quedado en mi ADN; está integrada en mis células. Ahora estoy en el otro lado y se me abre un universo entero. Veo las contradicciones de la Raimunda, una mujer que va en la búsqueda inexorable de la verdad a sabiendas que esa verdad puede acabar por destruirla. A medida que descubre los acontecimientos, pega automáticamente un paso atrás y los niega. Lo mismo que nos pasa a los seres humanos. Muchas veces no soportamos la verdad», explica de una historia que se debate entre el «culebrón» y el «western rural», en palabras de un reparto que se completa con Juan Carlos Vellido, Goizalde Núñez, José Luis Alcobendas, Dani Pérez Prada, Alex Mola y Antonio Hernández Fimia.
Encaje de bolillos
Para Sánchez-Gijón, la nueva versión es «una labor de encaje de bolillos» en la que se ha «potenciado» el texto de Benavente: «Creo que en el siglo XXI se necesitaba una visión como esta; limpiar esa paja costumbrista que también funcionaba a principios del siglo XX», cuando María Guerrero estrenó la función, en 1913. De este modo, defiende que el nuevo montaje «va al hueso de la historia y eleva el aliento trágico y la poética» de ese original que guarda ecos de las grandes tragedias clásicas como «Edipo Rey», «Electra» y «Othelo», y que igualmente tendría su repercusión en Lorca («La casa de Bernarda Alba» y «Bodas de sangre»).
Por su parte, Juan Carlo Rubio bromea con que habla por encargo directo de Benavente. Como si de un arqueólogo se tratara, su papel es el de ser «víctima o testigo de una época», como ya hiciera el dramaturgo madrileño, que, en boca del aquí adaptador «sigue reflejando lo que somos: la naturaleza humana con sus contradicciones y fanatismos. Nos hemos metido en una vorágine de violencia y pasiones desbocadas. Yo creo que si nos pudiera ver, estaría muy feliz».
Así, uno de los cambios más visibles de la adaptación es la retirada del artículo «la» del título. Un «ajuste» que Rubio justifica como una «diferenciación» del original, pero también como una generalización de la situación de la Acacia y sus circunstancias al mundo actual y la situación «de dolor» que existe ahora mismo. Además, presume el adaptador de una «buena operación de estética» del texto, «hecho con mucho amor», ríe.
EL "NO A LA GUERRA" DE AITANA
Aitana Sánchez-Gijón quiso en la presentación de la obra reivindicar el "no a la guerra" aprovechando que Greenpeace había desplegado una pancarta con este lema y después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se haya abrazado al mismo durante los últimos días. Para la actriz, la sociedad vive "en manos del caos". Una situación que, a su parecer, está conduciendo al mundo al abismo: "Cuando no hay un comportamiento civilizado, un encauzamiento de esas pasiones o pulsiones, estamos la ley del más fuerte, que es lo que está sucediendo ahora en el mundo y que nos está llevando al desastre. No a la guerra", indicaba la intérprete. Para Sánchez-Gijón, tendríamos que izar más banderas con el "No a la guerra". "En todas partes", continuaba. "En todo el mundo, todo el tiempo". Y aprovechaba la intervención para unir la realidad con una función en la que se exploran "los vínculos íntimos y las tensiones familiares", un punto que considera "un reflejo de lo que es la sociedad. En esta función estamos hablando de cuando se desbocan unas pulsiones y unas pasiones subterráneas que no podemos controlar y que pueden acabar destruyendo la vida de los que te rodean", defendía.
- Dónde: Teatro Español, Madrid. Cuándo: hasta el 26 de abril. Cuánto: de 6 a 22 euros.
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