Festival de Málaga
«La buena hija»: el lado más cruel de la violencia de género conquista el Festival de Málaga
La cineasta catalana Júlia de Paz vuelve al certamen con un drama sobre las consecuencias de la violencia vicaria en España
La directora catalana Júlia de Paz regresa al Festival de Málaga con «La buena hija», su segundo largometraje tras el éxito de «Ama» en 2021, una adaptación del cortometraje Harta (2023). En esta nueva película, que compite en la sección oficial del certamen, la cineasta vuelve a adentrarse en las complejidades de los vínculos familiares y las heridas que atraviesan las relaciones más íntimas, esta vez centrándose en el problema de la violencia vicaria.
«La pregunta que se le hace siempre a las víctimas de violencia machista es por qué no salieron antes», lamentan De Paz y Nuria Dunjó, coguionista del filme, en una entrevista con LA RAZÓN. «En una relación de este tipo no solamente se encuentra la violencia, sino que hay momentos de luz que hacen que las mujeres entren en una dinámica muy peligrosa», añade la directora. Son muchísimas las violencias que rodean esta situación, entre ellas la «instrumentalización de los hijos por parte del agresor», alerta Dunjó, que, tras más de siete años de investigación para hacer esta película, puede asegurar que «la mayoría de las mujeres supervivientes de violencia machista que hemos entrevistado comparten un miedo enorme por sus hijos e hijas».
«La mayoría de las mujeres víctimas de la violencia machista comparten el mismo miedo por sus hijos»
La película sigue –o casi que persigue– a Carmela, interpretada por otra actriz revelación del festival que ya se ha llevado por esta cinta el premio a mejor actriz en Festival Black Nights de Tallin, Kiara Arancibia. Se trata de una niña de doce años que, tras la separación de sus padres, se muda con su madre a casa de su abuela. Mientras intenta adaptarse a esa nueva vida, continúa idolatrando a su padre, un artista plástico con el que desea pasar más tiempo. Esa admiración marcará el conflicto central de la historia, ya que la relación con él irá revelando una dinámica de violencia que afectará a toda la familia y obligará a tres generaciones de mujeres a replantearse qué futuro quieren construir.
Visitas a la cárcel
«La forma en la que trabajamos es conocer al máximo la realidad para dar el salto a la ficción con honestidad y respeto», aseguran, punto en el que confiesan que el reto más complicado a nivel anímico y cinematográfico «han sido las visitas a la cárcel para conocer a hombres condenados por violencia de género». De Paz explica que «si juzgábamos al personaje del padre –interpretado por Julián Villagrán- íbamos a caer en un cliché», razón por la que «necesitábamos entender, sin justificar, de dónde vienen estos comportamientos y cómo piensan».
«La película es un viaje de amor a desamor hacia el padre y de desamor a amor a la madre», cuenta De Paz sobre este filme que inquieta a un espectador que, a través de la protagonista, tarda en identificar esa violencia que no es explícita hasta bien avanzada la trama. «El recorrido que hace Carmela es el mismo que hizo su madre: de amor al desamor, dándose cuenta poco a poco de cómo es su padre y descubriendo esas violencias».
El germen del proyecto surge cuando De Paz descubre, a través de una amiga que trabaja en un «punto de encuentro», que hay menores hijos de víctimas de violencia de género que tienen que ver a sus padres en estos centros. «En ese momento te das cuenta que hay un tema del que no se habla, la otra cara de la moneda, que son los menores que sufren las consecuencias de la violencia machista», una realidad que «para que exista hay que nombrarla», motivo por el que se atrevieron con «Harta», el cortometraje que se llevó tres Biznagas de Plata en el Festival de Málaga de 2022.
Este corto fue el punto de partida para abordar las secuelas del maltrato cuando también hay hijos de por medio, aunque, recuerda la directora, «fue una forma de comprobar que éramos capaces de acercarnos a esta realidad con el respeto que se merecía». La respuesta positiva del público, de las víctimas de violencia de género y de sus hijos e hijas «fue lo que finalmente nos motivó a seguir con el largometraje», afirman.
Al respecto, Dunjó subraya que uno de los grandes objetivos era ofrecer un «referente» para quienes han vivido experiencias similares. «Que alguien pueda verse reflejado en ella para entender por lo que está pasando es nuestro mayor logro», matiza.
Con «La buena hija», De Paz vuelve a mirar al interior del núcleo familiar para cuestionar «qué ocurre cuando la violencia machista, además de a la mujer, también afecta a los menores» y «preguntarnos qué quieren y necesitan estos niños» que «sufren una violencia que muchas veces es invisible», concluye.
La película, que se estrena el 10 de abril, ya se sitúa, tras el exitoso debut el miércoles de «Yo no moriré de amor» de Marta Matute, como otra de las favoritas para ganar la preciada Biznaga de Oro.