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Estreno

Crítica de "La hija pequeña": salir (a medias) del armario ★★★ 1/2

Dirección y guion: Hafsia Herzi (basada en la novela de Fatima Daas). Intérpretes: Nadia Melleti, Park Ji-min, Louis Memmi, Mouna Soualem, Aloïse Sauvage, Melissa Guers. Francia, 2025. Duración: 106 minutos. Drama.

Un fotograma de "La hija pequeña" Imdb

Quizás lo más llamativo de “La hija pequeña” es que maneja el relato de un ‘outing’ que nunca acaba de manifestarse como premisa, clímax o resolución. Fatima nunca llega a salir del armario del todo, y justo del lado del ‘no todo’, se sitúa en ese espacio inacabado donde lo más indeterminado es la propia identidad, y reflexiona sobre cómo esta navega entre lo público y lo privado, entre lo que exige una tradición cultural tan homófoba como la islámica y lo que permite una intimidad que se expande a cada encuentro sexual, y, sobre todo, a través de una historia de amor que huele a desengaño.

Así las cosas, la película cuenta un proceso durante el que el deseo se impone de manera orgánica frente a las convenciones sociales. Una de las virtudes de la película de Hafsia Herzi es explicar el despertar ‘queer’ de Fatima desde el sentido común, sin retorcer el relato, haciendo que el personaje atraviese las fases lógicas de ese clásico viaje iniciático, que incluyen el rechazo al novio que promete una vida sometida y doméstica, las aplicaciones de citas (la clase magistral de educación sexual lésbica que recibe como bienvenida es memorable), la llegada a la facultad de filosofía, la pasión dolorosa, el sexo a ciegas, el conflicto con la fe religiosa. Tal vez lo que menos explora es la presión familiar, aunque Herzi le reserva a Fatima una hermosa escena con su madre, en la que lo que no se dice vale más que mil verdades.

Herzi, que ha trabajado como intérprete con Kechiche o Mazuy, apoya el peso de la película en una inspirada Nadia Melliti, premio a la mejor actriz en Cannes. La cámara escruta a Fatima, a menudo obcecada en esconderse en una vestimenta ambigua (la gorra masculinizada, la sudadera ancha) para que su identidad permanezca en ese intervalo indefinido. A veces Melliti interpreta a Fatima como una infiltrada, como una exploradora que aún no está segura de encontrar su lugar en el mundo LGTB, y que, en familia, dura y reservada, tiene que reafirmar su diferencia (no cocina, no tiene novio) frente a sus hermanas. Melliti encarna un estado de transición emocional, y de ahí que su interpretación sea tensa, esté siempre a punto de romperse.

Lo mejor:

El trabajo de Nadia Melliti y el hecho de no dar soluciones definitivas a una problemática salida del armario, condicionada por la religión.

Lo peor:

Acaso a veces es demasiado contenida, y da la impresión de que no avanza.