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Estreno

Crítica de "El testimonio de Ann Lee": ¿Santa utopía o secta? ★★★

Directora: Mona Fastvold. Guion: Mona Fastvold, Brady Corbet. Intérpretes: Amanda Seyfried, Thomasin McKenzie, Lewis Pullman, Stacy Martin. Reino Unido, 2026. Duración: 136 minutos. Drama/Musical.

Un fotograma de "El testamento de Ann Lee" Imdb

El título es, en sí mismo, un enigma. ¿Cuál fue el testamento de Ann Lee? ¿Qué pretende la película? ¿Reivindicar el empoderamiento de una mujer que decidió hacer del celibato un credo, y del segundo advenimiento de Jesucristo una religión, en la intolerante América del siglo XVIII? ¿Ignorar que su legado es el que pueden haber recogido tantos fundamentalistas cristianos en un país que no se caracteriza, por ejemplo, por respetar la libertad de las mujeres en materia de aborto? La película de Mona Fastvold, que carece por completo de ironía, celebra esta vida de santa.

Por un lado, es inevitable sentir empatía por la niña que creció en Manchester en el seno de una familia pobre, con un padre abusador, y luego tuvo cuatro hijos, que murieron antes de cumplir un año. Es inevitable, claro, alegrarse porque la comunidad que acabará liderando en la tierra prometida, y que acabará acumulando seis mil seguidores, es una utopía antiesclavista. Por otro, nunca nos queda claro si lo que es fruto de admiración no es más que una secta.

Tal vez Mona Fastvold es ambigua en cuestión de legados porque está demasiado entretenida en servirnos el biopic de Ann Lee en bandeja de plata. Tomando como leitmotiv el cuerpo en trance de la comunidad de los Shakers que lidera Lee -el ritmo de las manos golpeando las piernas y expulsando lo invisible (¿el pecado?) hacia el exterior-, pronto la película adquiere la forma de un musical fastuoso, no siempre bien integrado en el diseño dramático del filme. Amanda Seyfried hace un trabajo excelente en el papel protagónico, pero la propuesta estética de Fastvold hipoteca su presunta originalidad a doblegarse a las leyes de un género más afín a lo profano.

Lo mejor:

Una pletórica Amanda Seyfried, y su ambicioso empaque narrativo.

Lo peor:

El musical de gran formato no acaba de funcionar, y tampoco nos convence su acrítica mirada a las comunidades religiosas con aroma a secta.