Contracultura
Springsteen vs. Trump: la gran batalla cultural americana
Son dos iconos del país más poderoso del planeta y sin embargo el odio mutuo profesado y creciente sigue alimentando una batalla pop de primera
Son dos iconos del país más poderoso del planeta. El rockero fue votado como el artista que mejor representa a Estados Unidos, el presidente confirmó conocer su nación mucho mejor que sus enemigos. El odio mutuo y creciente alimenta una batalla pop de primera. Donald Trump está siempre en pie de guerra. Hace unos días, escribió en redes sociales que “una civilización entera morirá esta noche”, referencia apocalíptica a su cerco militar sobre la teocracia de Irán. El líder del movimiento MAGA (“Haz América grande otra vez”) siempre va a tope, por eso es normal que no le tiemble el pulso a la hora de responder a los reiterados ataques de Bruce Springsteen, uno de los iconos rockeros más queridos del país, con un poder de seducción sudado desde los años setenta.
El autor de “Born to run” es un demócrata militante, que lleva haciendo propaganda explícita para su partido al menos desde la gira "Rock for change" de 2004, en apoyo del candidato John Kerry. A pesar del intenso compromiso, con cuatro conciertos en el crucial estado de Ohio, perdieron las elecciones ante George Bush Jr. Lo grave es que Springsteen perdió también los papeles en su apoyo posterior a Barack Obama, firmando un disco tan sonrojante como "Working a dream" (2009), puro almíbar sociopolítico para lubricar la euforia de la elección del primer presidente negro de Estados Unidos. Ahora el músico intenta impedir que los republicanos ganen las elecciones de mitad de mandato, que se celebran el próximo mes de noviembre
¿Qué es lo último que ha dicho el rockero contra el presidente del pelo naranja? “La América sobre la que he escrito durante cincuenta años, que ha sido un faro de esperanza y libertad en todo el mundo, está actualmente en manos de una administración corrupta, incompetente, racista, temeraria y traidora”, proclamó durante un concierto en Los Ángeles. En el arranque de la gira, celebrado en la ciudad de Minneapolis (Minnesota), aprovechó para arremeter contra las redadas para deportar inmigrantes ilegales, perseguidos por las milicias del ICE, el temido servicio de control de fronteras. “Hay inmigrantes recluidos en centros de detención por todo el país que están siendo deportados, sin el debido proceso legal, a países extranjeros y a gulags en el extranjero. Esto está ocurriendo ahora mismo”, denunció ante su público.
Un himno que no pregunta
No es solamente un duelo de declaraciones: Springsteen compuso a comienzos de año la canción “Streets of Minneapolis”, donde retrata con máxima crudeza las persecuciones a ilegales en la ciudad. También rinde homenaje a Alex Pretti y Renee Good, estadounidenses abatidos por agentes federales. “La gran fuerza de la canción reside en cómo traslada un estilo clásico, incluso anticuado, del rock de protesta al presente”, explica Spencer Kornhaber de la web The Atlantic. “Es un himno que no se molesta en hacer preguntas. Su misión es provocar, como las baladas para borrachos, que evocan sus melodías ondulantes y armonías cantadas a coro. Springsteen ya había sonado amargo y melancólico antes, pero nunca tan puramente colérico. Su voz se desliza y escupe, reservando flema adicional para los nombres de Donald Trump y sus aliados”, destaca Kornhaber.
El problema es que esta mano dura contra los ilegales forma parte esencial del programa político que llevó a Trump a la Casa Blanca. ¿Quién es una estrella de rock para acusar a un presidente de cumplir sus promesas? Por supuesto, el marido de Melania no se privó de responderle, exhibiendo su legendaria falta de diplomacia. “Bruce Springsteen es un cantante malo y aburrido. Parece una ciruela pasa que ha sufrido mucho por el trabajo de un cirujano plástico realmente malo. Lleva mucho tiempo teniendo un horrible e incurable caso de síndrome de trastorno antiTrump”, posteaba.
El líder republicano también considera al rockero un “perdedor total,que “destila odio contra un presidente que ganó por amplio margen”. No contento con eso, animó a sus seguidores a cancelarle como artista. “El movimiento MAGA debería boicotear sus conciertos sobrevalorados, que son un desastre. Guarden su dinero ganado con esfuerzo. América ha vuelto", proclamó en su red Truth Social.
Durante la última campaña electoral, en la que por supuesto el rockero apoyó a Joe Biden y luego a Kamala Harris, muchos recordaron “la paradoja de Springsteen”, formulada en 2016 por el profesor y periodista Michael Luongo: el hecho de que la mayoría de los personajes de sus discos clásicos serían hoy votantes de Donald Trump. Su desfile perdedores y soñadores de mono azul, deseosos de que llegue el viernes para ponerse la chaqueta de cuero, está mucho más cerca del imaginario MAGA que de la retórica universitaria "woke" de los líderes del Partido Demócrata de los últimos tiempos.
El superventas de Nueva Jersey lleva casi dos décadas desconectado de la realidad de las clases bajas de su país. De nada sirvieron los conciertos el Cinturón del Óxido en favor de Hillary Clinton. De hecho, esa zona deprimida fue la que abrió a Trump las puertas de la Casa Blanca. En Monmouth, elcondado de Nueva Jersey donde nació Springsteen, ganó el trumpismo por un cómodo 53% frente al 42% (Luongo nació en Freehold, la misma ciudad que el Boss). Cuando Trump venció por sorpresa sus primeras elecciones presidenciales, los periodistas John Russo y Sherry Linkon hicieron la broma de que las élites progresistas estaban tan ocupados escuchando a Springsteen que olvidaron escuchar a la clase trabajadora.
Podemos recordar también cuando Bruce publicó en 2009 un grandes éxitos que solamente se vendía en supermercados Wal-Mart. Su base de fans protestó por haber dado ese privilegio a una cadena conocida por sus bajísimos salarios y prácticas antisindicales. The Boss admitió que había sido un error, aunque en realidad es un despiste lógico para alguien que hace décadas vive en una burbuja de privilegio totalmente ajena a los problemas de sus compatriotas de la calle. Springsteen entró en 2004 en la lista de milmillonarios de Forbes, gracias a su patrimonio de 1.200 millones de dólares. Posee una mansión en Nueva Jersey (con 150 hectáreas), otra en Los Ángeles (Beverly Hills) y una tercera en Wellington (municipio de Florida que es el centro de la hípica de lujo). En este ambiente creció su hija Jessica, campeona olímpica de equitación.
La crítica mejor articulada contra el imaginario laboral de Springsteen la ha formulado Ben Hamper, un operario raso de General Motors, amigo íntimo de Michael Moore. Lo hizo en su clásico "Historias desde la cadena de montaje" (1992),donde explica su vida obrera y sus tronchantes técnicas de escaqueo laboral. Hamper disfruta de las canciones del rockerode Nueva Jersey, pero no de sus sermones. “Siempre me he sentido muy incómodo cuando un multimillonario intenta definir a la clase obrera”, apunta.
Lo peor de todo es que Springsteen sabe de sobra que Trump es un gran líder. Lo reconoció, quizá con la guardia baja, en una entrevista de 2019 con el suplemento dominical del diario británico The Times. "En este momento, no veo a un hombre o una mujer que pueda ganar a Trump. Hace falta una persona que hable su mismo lenguaje. Y los demócratas no tienen un candidato indiscutible, resolutivo", admitía. Estamos en 2016 y siguen sin tenerlo.