
Heridos
Así han sido las graves y dolorosas cornadas de Juan de Castilla y José Arcila
Manizales vive dos duras jornadas de heridos y el triunfo de Borja Jiménez, que sale a hombros

La Feria de Manizales (Colombia) encadenó dos jornadas consecutivas de máxima intensidad, con la emoción desbordada entre la tragedia y la gloria. Al dramatismo vivido con la grave cogida de Juan de Castilla se sumó, al día siguiente, una tarde de gestas, cornadas y una puerta grande que volvió a poner a la plaza colombiana en el centro del foco taurino americano.
El primer golpe llegó con el percance sufrido por Juan de Castilla, uno de los grandes referentes del toreo colombiano y único matador anunciado dos tardes en el abono. Durante la lidia de un toro de Santa Bárbara, el diestro acudió al quite para auxiliar a un banderillero y fue violentamente prendido por el animal, que lo lanzó por los aires ante el silencio sobrecogido del coso. Trasladado a la enfermería, los médicos diagnosticaron una fractura abierta de tibia y peroné, además de una grave cornada en el muslo y múltiples contusiones. Fue intervenido de urgencia y evacuado posteriormente al Hospital Santa Sofía, donde permanece bajo estrecha vigilancia médica.
Apenas un día después, Manizales volvió a rugir, esta vez desde la épica. Borja Jiménez firmó una actuación rotunda que le abrió de par en par la puerta grande tras cortar dos orejas al mejor toro de un encierro desigual de Las Ventas del Espíritu Santo, propiedad de César Rincón. El sevillano cuajó una faena de gran poder y profundidad, con pasajes de especial hondura al natural, rematada con una estocada efectiva que desató la euforia del público.
La tarde tuvo otro protagonista indiscutible: José Arcila. El colombiano protagonizó una auténtica gesta al volver al ruedo tras sufrir una grave cornada en el segundo toro. Sin pasar por el quirófano, reapareció para dar muerte al quinto, mostrando una entrega absoluta y una firmeza que conectaron con los tendidos y le valieron una oreja de enorme peso moral.
Antonio Ferrera completó el cartel con una oreja al primero, en una actuación solvente y profesional. Así, entre la dureza de las cornadas y la grandeza del triunfo, Manizales volvió a demostrar que su feria es territorio de emociones extremas, donde el toreo se juega, cada tarde, en el filo mismo del riesgo.
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