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Valencia

Fallas con trampa (sin trofeos pero con peso): La torería de Aguado y el poder de Castella

Tres hierros diferentes se lidiaron para el sexto festejo de la Feria de Fallas de Valencia que, sin trofeos, dejó apuntes relevantes

Corrida de toros de la Feria de Fallas, con toros de Jandilla para Castella, Manzanares y Pablo Aguado Manuel BruqueEFE

Ya lo dijo un aficionado de la tierra: que Pablo Aguado era “muy top” con el capote. Me vino a la cabeza cuando el sevillano amarró la capa desde las puntas con la cuadratura perfecta para tenerla bien recogida y cerquita de la esclavina. Creímos, prejuicios, que vendrían unas chicuelinas, pero los delantales, ¡qué maravilla de quite!, fueron espléndidos (por aquello de la cadencia consentida cuando se trata de mecer la embestida de un morlaco).

Pero Pablo, resulta, no solo es top con el capote. El comienzo de faena tuvo la plenitud de la torería, y eso no se imposta. Se tiene o no se tiene. Trincheras, suavidad antes de dejarnos una faena de mucho sabor a un toro que se vino más arriba de lo que parecía y aguantó la medida faena de Aguado con embestidas francas y un punto descompuestas. Dejó pasajes de gran plenitud, con los vuelos, la belleza de componer desde ahí y navegar hasta el final. Luego llegaría la espada y un par de pinchazos, pero da gusto verlo andar por la plaza.

Muy despacio comenzó la faena al quinto y ya ahí se veía que al toro le costaba un mundo avanzar en la muleta de Aguado, tan al paso el animal que no pasaba. Muy a la espera y a regañadientes acudió después. Quiso Pablo más de lo que tenía en frente.

Castella poco pudo hacer con un primero que ya salía suelto con el capote y no dejó de hacerlo en la muleta, con escaso fondo, además, para transmitir. La espada no ayudó.

Hasta el cuarto no vimos ningún toro de la divisa titular. Y ya por fin, con el segundo de Castella, entró en juego el primer Jandilla, que fue un toro muy vivo: quería perfección y todo por abajo. Los fallos podían pagarse caros. Castella puso el corazón a bombear con un comienzo volcánico en el que le cambió tantas veces el viaje que se lo pasó cerquísima. Después anduvo muy centrado y con mucho mérito con el toro, llevándolo muy cosido a la muleta. Esa parte fue muy interesante, tenía mucho mérito e intensidad Se alargó demasiado y en el último tramo, más de cara a la galería, perdió parte de la fuerza del hilo de la faena. Un pinchazo precedió a la estocada y la presidencia no concedió el trofeo. Había tenido peso, como lo que había dibujado Aguado para paladearlo. Cada uno en lo suyo.

Corrida de toros de la Feria de Fallas, con toros de Jandilla para Castella, Manzanares y Pablo AguadoManuel BruqueAgencia EFE

Pareció que la faena de Manzanares caería en la brevedad porque el toro no acababa de definirse entre la falta de fuerzas o las ganas de rajarse. Al final aguantó. Pareció que el alicantino buscaría faena con los vuelos. Pareció, pareció, pero tanto una cosa como la otra fue un espejismo de la realidad. Manzanares optó por el toreo efectista y efímero, que no tuvo buen remiendo con la espada (y eso es raro).

Con el noble y soso quinto, la faena de Manzanares no aportó nada a la tarde. Ahí las emociones estaban rasas.

Ficha del festejo

Valencia. Sexta de feria. Se lidiaron toros de Jandilla (4º, 5º y 6º), Puerto de San Lorenzo (1º y 2º) y La Ventana del Puerto (3º). El 1º, suelto y sin fondo ni ritmo; 2º, va y viene a un punto de rajarse; 3º, noble y descompuesto; 4º, encastado, humilla mucho y repone; 5º, noble y soso; 6º, deslucido y a la espera. Dos tercios.

Sebastián Castella, de azul pavo y oro, cuatro pinchazos, aviso (silencio); pinchazo, estocada caída, aviso (saludos tras petición).

José María Manzanares, de azul marino y oro, pinchazo, media, estocada (silencio); estocada (silencio).

Pablo Aguado, de sangre de toro y azabache, dos pinchazos, estocada corta (saludos); media (palmas).