Restauración

El Vaticano elimina el “sudor” acumulado durante siglos en una de las obras más famosas de Miguel Ángel

El Vaticano ha iniciado una intervención para eliminar los depósitos de sal acumulados en el fresco del Juicio Final de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, provocados por la humedad y la transpiración de millones de visitantes a lo largo del tiempo

"El juicio Universal" de Miguel Ángel Buonarroti en la Capilla Sixtina del Vaticano
"El juicio Universal" de Miguel Ángel Buonarroti en la Capilla Sixtina del VaticanoImagen Alicia Romay

Depósitos de sales acumulados durante décadas debido a la humedad y al paso de millones de visitantes han alterado el aspecto del fresco de El Juicio Final, una de las obras más importantes de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Estas manchas blancas son el resultado de una reacción química provocada por la evaporación del sudor humano, lo que ha obligado al Vaticano a emprender nuevas labores de limpieza para preservar la pintura.

El fresco monumental, situado en el muro del altar de la Capilla Sixtina, ha sufrido una degradación progresiva causada por la combinación de humedad, polvo y la transpiración de los visitantes

Una reacción química provocada por el sudor está dañando la pintura

Según los restauradores del Vaticano, el sudor evaporado contiene ácido láctico, que reacciona con el carbonato cálcico del yeso y genera lactato cálcico, una sal que se deposita sobre la superficie en forma de manchas blanquecinas. Este fenómeno se ha intensificado con el aumento del número de visitantes y las condiciones climáticas.

La obra ya fue sometida a una restauración integral entre 1980 y 1994, que permitió recuperar gran parte de los colores originales del fresco pintado por Miguel Ángel entre 1536 y 1541.

Sin embargo, desde entonces han vuelto a aparecer depósitos salinos que ahora requieren nuevas intervenciones de mantenimiento.

Los trabajos actuales utilizan un método delicado basado en papel japonés Washi, un material altamente absorbente que se aplica sobre la superficie junto con agua desmineralizada. Este sistema permite retirar las sales sin dañar la pintura original, devolviendo progresivamente la viveza cromática de la obra.

Miguel Ángel pintó El Juicio Final cuando tenía más de sesenta años. La composición representa la Segunda Venida de Cristo y reúne más de trescientas figuras humanas. Con el paso de los siglos, la obra también recibió retoques y modificaciones, además de sufrir el deterioro provocado por factores ambientales y la actividad humana.

El problema afecta especialmente a este muro porque su temperatura es inferior a la de otras zonas de la capilla, lo que favorece la condensación. Además, la inclinación de la pared, diseñada por el propio Miguel Ángel para mejorar la visibilidad, facilita la acumulación de vapor procedente de los visitantes.

La Capilla Sixtina recibe hasta 24.000 visitantes diarios, una afluencia que ha obligado al Vaticano a reforzar los sistemas de control ambiental y limitar el acceso para proteger el fresco.

Las labores de limpieza actuales, que se realizan desde andamios instalados frente a la obra, buscan preservar una de las creaciones más emblemáticas de la historia del arte y recuperar los colores originales concebidos por el artista.