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Baloncesto

Álvaro Cárdenas: «Hasta los 17 era un enano y por las noches pedía a ver si crecía más»

España visita a Ucrania en Letonia con el jugador del Peristeri griego como una de las piezas básicas en los planes de Chus Mateo

Álvaro Cárdenas, en un entrenamiento con la selección esta semana FEBEFE

En Riga, capital de Letonia y destierro de Ucrania, comienza España (14:00, Teledeporte) la segunda ventana de clasificación para el Mundial de Qatar 2027. Álvaro Cárdenas (29-4-2002, Granada) es uno de los fijos de Chus Mateo. La carrera del base cedido por el Valencia al Peristeri griego es muy especial.

¿Ya tiene controlado el griego?

Fácil no es, pero estoy metiéndole caña con el Duolingo. Vivo en el centro de Atenas con mi novia y estamos planteándonos lo de tener perro, pero no sé yo si con tanto viaje merece la pena, aunque yo creo que el año que viene cae perrete. Pequeño, eso sí.

Lo suyo con el baloncesto no tenía escapatoria...

Jugaba con mi hermano en casa cuando era pequeño, pero hasta los 13 era más de fútbol y jugaba de mediocentro. La evolución de mediocentro a base como que pega, ¿no? Me cansé del ambiente del fútbol. Mi hermano David tiene tres años más que yo y no me dejaba ganar nunca. Era muy competitivo, me metía buenas palizas, pero es parte de la razón por la que me he convertido en un jugador más o menos bueno. Es bueno lo de tener competencia en casa. Luego él lo dejó y ahora está viviendo en Bali. Se ha ido allí un año a surfear y está el tío viviendo la vida. Él era bueno. Era base, pero más pequeñito que yo. Cuando le superé le jodió porque yo hasta los 17 era un enano y ahí es cuando pegué el estirón. Cuando me fui a la República Checa y luego a la universidad en Estados Unidos volvía a casa y siempre me decían que había crecido, que estaba más alto. Yo por las noches pedía a ver si crecía algo más.

Su padre llegó a entrenar al Granada en la Liga ACB...

Sí, pero su experiencia no fue buena. Fueron ocho partidos. Dejó el baloncesto profesional para dedicarse a la familia y eso me chocaba. Cuando mi padre y yo hablamos por teléfono no hablamos más que de basket, pero si entra ya mi madre cambiamos de tema para que no sea tan monótono.

¿Con tanto baloncesto en casa no llegó a hartarse?

¡Qué va! Es mi pasión, estoy enganchadísimo. Yo creo que alguna vez estaba hartando al resto.

¿Por qué acabó en Chequia?

Mi intención era irme a Estados Unidos. Lo de la NCAA lo veíamos como algo chulo, pero no teníamos ningún contacto. Entonces aparece la Academia de la República Checa que jugaba una liga sub’19 y además la segunda división de allí. Lo que pasa es que llegó el covid y sólo jugamos seis partidos, con lo que no vino ningún entrenador y ojeador americano, que es lo que te venden. Ahí aparece un amigo de mi padre, Ramón Carbonell, que es ojeador de la NBA, y lo movieron para que me llegara una oferta de una universidad y no pude rechazarla.

Si llega a ir a Estados Unidos un poco más tarde podía haber coincidido con la explosión de contratos millonarios que hay en el basket universitario...

Pillé un poco en el último año. Con el «boom» que ha pegado hubiese sido una locura, pero casi que prefiero no pensarlo.

Tres años en San José State y el último dio el salto a Boise...

Sí, son muy distintas. San José es más una universidad no como las de las películas americanas, porque la gente no vive tanto en el campus como en los alrededores. En Boise fue todo lo contrario. Ambas estaban en la misma conferencia, en un muy buen nivel, creo que eran «top 6» del país, pero en Boise la gente estaba volcadísima. Había un pabellón de 13.000 personas que siempre estaba lleno.

¿Cómo juega Álvaro Cárdenas?

Soy muy intenso y en defensa puedo subir bastante el nivel. Además, soy creativo, tengo bastantes recursos en ataque y cuento con armas para ayudar al equipo.

Sin pasar por las categorías inferiores llegó a la selección con 22 años...

Fue una locura. Me había ido ya al Peristeri para la pretemporada y estaba viendo el partido contra Francia, que fue donde se lesionan Mario y Abalde, que ya estaba tocado. De repente me escribió un amigo en plan: «¿Te imaginas si te llaman?». Y yo: «No creo». Y a la media hora me estaba llamando Carlos Jiménez para convocarme para el partido contra Alemania.

¿Cómo es Grecia al margen de Olympiacos y Panathinaikos?

El nivel quizá es más físico, hay más contacto. Y como permiten que en las plantillas haya seis extranjeros y seis griegos, pues el juego es más de uno contra uno. Los aficionados están muy locos, son muy intensos, muy fanáticos. Hay pabellones que han sido una locura, como el Paok, el Aris o el Iraklis. Me hace mucha gracia, porque me empiezan a insultar en griego y no entiendo nada. Cuando mis amigos me dicen que quieren venir a ver al Panathinaikos o al Olympiacos les digo que se vengan a ver un partido de los otros y así ven el ambiente de verdad.

¿En qué es diferente Chus Mateo a otros entrenadores?

En Estados Unidos el primer año me caían broncas todos los días y dudaba mucho, perdí algo la creatividad de mi juego, las bombitas, el tiro de dos... cosas que no gustaban y me obligaban a ser más comedido. Perdí la chispa que tenía y Chus Mateo ha sido todo lo contrario. Me ha dado mucha confianza. Es exigente, pero nos dice que seamos nosotros mismos.