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Fernando Rivas rememora el momento que define cómo era Carolina Marín en pista: "Si tú gritas, yo grito más"

Fernando Rivas recuerda el camino vivido junto a Carolina Marín: de la niña que miraba con los ojos muy abiertos a la soldado en cada sesión de entrenamiento

Fernando Rivas y Carolina Marín, con un esparring de Indonesia, durante el entrenamiento en el CAR de Madrid
Fernando Rivas y Carolina Marín, con un esparring de Indonesia, durante un entrenamiento en el CAR de MadridAlberto R. RoldánLa Razón

«Uf, hay tantas cosas, tantas cosas...», dice Fernando Rivas, el entrenador de Carolina Marín. Son miles de momentos juntos, pero el que recuerda el entrenador que defina cómo es Carolina no es el de un título mundial o el oro olímpico. «Me acuerdo el primer campeonato de Europa júnior al que fuimos. Ella no era cabeza de serie, además tenía 15 años y jugaba contra las de 18. Llegó a la final, perdió 21-19 en el tercer set contra una danesa. Pero recuerdo, no sé si en el primer o segundo partido, que jugó contra la número uno o dos, una rusa, Romina Gabdullina, que era una chica con un temperamento de estas típicas, como Carolina, que gritaba cuando celebraba un punto. Y Carolina le plantó cara a nivel mental, de ‘‘tú gritas, yo grito más’’. Con 15 años... Aquello fue muy gracioso», continúa Rivas.

La mirada de la niña Carolina

Carolina Marín decidió emprender el gran viaje con 14 años. Entre dudas, abandonó Huelva para ir al CAR de Madrid a entrenar. Y allí se encontró con Fernando para formar una dupla que ha hecho historia. «Era una niña con mucho ímpetu y muy inocente. Siempre que le explicabas algo te miraba con los ojos bien abiertos y con mucha ilusión de estar aprendiendo. Evidentemente también pasó su época rebelde como adolescente, pero bueno, hay muchas versiones de Carolina, como de cada uno de nosotros, pero la versión con la que yo he interactuado más es una en la que yo he sentido que tenía fe ciega en lo que hacíamos para conseguir los objetivos», cuenta el preparador, que afirma haber tenido «mucha suerte» de la relación tan «respetuosa» que han tenido, pese a los roces inevitables. «Obviamente, conflictos y desencuentros ha habido, pero más que nada por la exigencia del entrenamiento. Es media vida juntos y además muchas horas, muchos viajes y la intensidad que te da el deporte de alto rendimiento, que hay pocas cosas que la tengan. Hay veces que la he forzado a continuar, hay veces que he dejado que se equivoque, como en el año 2017 después de ganar los Juegos, pero ha sido muy respetuosa no sólo conmigo, sino con los procesos que se le han planteado para entrenar», añade.

"A ver qué os habéis inventado"

Carolina Marín llegaba al primer día de preparación antes de un gran evento y decía: «A ver qué os habéis inventado». «Era un soldado», admite Rivas, que ha hecho de todo con la jugadora, especialmente cuando ha tenido lesiones: pocos días después de la primera operación estaba en una silla con la raqueta; ha entrenado contra pantallas en las que ponían vídeos de las rivales para adelantar sus movimientos cuando llegara el enfrentamiento real; ha quitado el aire acondicionado para simular las condiciones de calor y humedad; ha entrenado en Sierra Nevada donde la pluma parece una bala; ha usado torniquetes en las piernas... Él proponía y ella ejecutaba. «En los momentos de lesión no hemos pensado en lo que no se puede hacer, sino en lo que sí. Eso nos ha dado mucha creatividad y nos ha abierto puertas a métodos también cuando había salud. Los miembros del equipo nos hemos hecho crecer los unos a los otros. Cuando empezamos a escribir esta historia nos marcamos unos objetivos, pero nunca pensamos que podía estar tan llena de éxito», asegura Rivas.

La niña se convirtió en campeona, y ahora el técnico ve «una mujer que cada día está más concienciada de lo que quiere en su vida, que entra en una etapa desconocida para los deportistas, pero que toma una decisión con templanza y convicción».