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Liga de Campeones

Bodo Glimt, el equipo que alimenta la sangre de la dinastía Berg

Patrick, el capitán, es la tercera generación de futbolistas de la familia. Su abuelo tiene una estatua a la entrada del estadio y su padre, es el director del departamento social del club

Patrick Berg, capitán del Bodo THOMAS ANDERSENEFE

«No tenemos miedo a nada», dice Kjetil Knutsen, el entrenador del Bodo Glimt antes de enfrentarse al Sporting de Portugal. «Sabemos que empezarán el partido jugando con intensidad, pero no tengo miedo a nada. Soy incapaz de pensar así», añade.

«Tenemos que estar preparados. Vamos a correr mucho, somos un equipo físico y en cada partido queremos correr más que el rival», reconoce. Pero la diferencia entre el Bodo y los oponentes no se mide en litros de sudor. Tampoco es una cuestión de talento, aunque los noruegos sean un equipo al que da gusto ver jugar. Es cuestión de pertenencia. Y nadie lo representa mejor que Patrick Berg, el mediocentro y capitán del equipo.

A los 28 años le ha dado tiempo a emigrar y a volver. Su aventura lejos del Círculo Polar Ártico apenas duró seis meses. Los que pasó en el Lens francés en la temporada 21/22. Medio año es suficiente para saber que en ningún sitio iba a estar mejor que en casa.

Su abuelo Harald, mediocentro como él, es una leyenda del club, en el que jugó a finales de los 60 y al que regresó después de un paso por el Lyn noruego y el Den Haag holandés a mediados de los 70. Una estatua de Harald Berg preside la entrada del estadio del Bodo. Él fue una parte fundamental del primer gran éxito del Bodo Glimt, la Copa que ganó en 1975. En aquel equipo jugaba su hermano Knut, que también lo había acompañado en sus años en el Lyn.

Orjan Berg, el hijo de Harald y padre de Patrick, también es una figura fundamental en la historia del Bodo Glimt. Como su padre y como su hijo, tuvo un viaje de ida y vuelta. Jugó en el Rosenborg, en el Wettingen suizo, en el Múnich 1860 y en el Basilea, antes de regresar. Y, aunque volvió al Rosenborg para retirarse, su corazón siempre estuvo con el equipo del Círculo Polar, donde jugó con sus hermanos Arild, fallecido prematuramente, y Runar.

Con una carrera viajera, como la de toda la familia, después de jugar en el Rosenborg, en el Lyn y en el Venecia, Runar Berg regresó al Bodo para salvarlo. En 2010, con el club al borde de la quiebra y la desaparición, lideró varias campañas para recaudar fondos que implicaron a toda la ciudad. Comenzaron recogiendo botellas vacías para retornarlas a cambio de dinero y a partir de ahí nacieron otras campañas solidarias. El equipo de balonmano de la ciudad les cedía parte de la recaudación y los pescadores donaban parte de sus capturas al club para que las vendieran y obtuvieran fondos para lograr la salvación.

Los empresarios locales se unieron de otra manera. Fundaron la sociedad Nordlands Glimt para facilitar la supervivencia del club. Le ayudan a fichar jugadores a cambio de un porcentaje de su venta. Nada que no suceda en otros lugares; la diferencia es que Nordlands Glimt se enfoca más en la ayuda del club que en la obtención de beneficios. Tanto que, una vez asegurada la solvencia del club, ha anunciado su disolución. Pero antes invertirá 106 millones de euros para levantar el Arctic Arena, el futuro estadio del Bodo.

La comunidad siempre está presente para salvar al Bodo y el Bodo no se olvida de sus vecinos. Orjan Berg, el padre del capitán, es ahora el director del departamento Social del Bodo. No es extraño que su hijo Patrick dijera una vez que por sus venas «corre la sangre del Glimt». «Me siento increíblemente orgulloso y feliz de haber formado parte de él y de haber contribuido a forjar la cultura y la unidad que existen ahora en el club», decía en 2021, antes de marcharse al Lens. Orjan formó parte de la renovación del Bodo, de la búsqueda de nuevos métodos más modernos, pero sin perder el foco, sin olvidar de dónde viene el club y a quién pertenece. Porque la entidad sigue siendo un club deportivo que pertenece a sus socios.

El club consigue que los que llegan se identifiquen con esa comunidad. Kjetil Knutsen, el entrenador, llegó en 2017 como ayudante de Aasmund Bjorkan. Un año después, heredó el cargo, pero nada ha cambiado. Continúa viviendo a cien metros del estadio donde el Bodo juega sus partidos. Y sigue odiando las excusas. «Las derrotas tienen una causa. Las excusas no funcionan en mi mundo», dice.

La Champions cubre su presupuesto

El Bodo ha derrotado en sus últimos partidos de la Liga de Campeones al Manchester City, al Inter de Milán –dos veces– y al Sporting de Portugal. Y está cerca de llegar a los cuartos de final de la competición. Por el camino, los éxitos deportivos de un equipo que el año pasado ya eliminó al Lazio para ser semifinalista de la Liga Europa, van consolidando la economía del club. Hasta el momento la Champions le ha permitido ingresar 53 millones de euros, casi suficiente para cubrir su presupuesto de 60.