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Baloncesto

El Madrid y la derrota en la Copa: de la recaída de Hezonja a su Vinicius en la final

El alero croata representa como nadie los altibajos del equipo en el batacazo sufrido en el Roig Arena ante el Baskonia

Hezonja, durante la final de Copa ante el Baskonia
Hezonja, durante la final de Copa ante el BaskoniaKai ForsterlingAgencia EFE

Dos finales esta temporada y dos derrotas. La Supercopa ante el Valencia y la Copa del Rey ante el Baskonia. El Real Madrid afronta la segunda mitad del curso sin margen de error y lo hace condicionado por lo que pasó y el cómo sucedió en el Roig Arena. Scariolo, asumiendo la dificultad, apeló a que "no se tira por la borda el trabajo desde octubre". Cero cuestionamiento al italiano en los despachos. Los jugadores, en la línea que apunta siempre su entrenador, reconocieron que encajar 206 puntos entre los dos últimos partidos no es admisible. Pero hay más y el papel de Hezonja en el torneo representa como nadie los altibajos del equipo.

Desde dentro de la sección se apunta que adaptarse a todo lo nuevo que ha significado la llegada de Scariolo y de media docena de jugadores no ha sido una tarea resuelta de un día para otro. Se sigue en ello. Y el mejor ejemplo es el croata. El alero balcánico ha vivido un proceso de reeducación desde el aterrizaje del exseleccionador y en la final recayó en comportamientos y actitudes que parecían superados. En el primer cuarto, el entrenador decidió sustituirle porque se mostró demasiado ansioso por tomar decisiones en ataque por su cuenta. Camino del banquillo, Scariolo le tendió la mano y el balcánico se marcó un Vinicius con Xabi Alonso. No le saludó y se fue indignado al fondo del banquillo. En el tercer cuarto, con un comienzo similar, el técnico decidió no sustituirle y el de Dubrovnik respondió con buenos minutos. El primer Hezonja recordó al que poco menos que le "molestó" la celebración del título de la Liga Endesa hace ocho meses en el vestuario de La Fonteta. Quiso ejercer de líder entonces y se equivocó, como ya se lo comentaron en el mismo vestuario, cuando afirmar que "esto no puede justificar la mierda que hemos hecho todo el año".

A Scariolo le vendieron tanto desde dentro como desde fuera del club una imagen poco menos que indomable del croata. "Me asustaron un poquito", confesó el italiano. En las primeras semanas de la temporada observó una buena actitud en el jugador. "Veo a una persona que quiere mejorar, ser disciplinada, respetuosa y ayudar al equipo. Comete errores, pero acepta lo que se le dice; las correcciones y las críticas. Y la única manera de mejorar y ayudar es ser un líder con el ejemplo, como le pedimos. Le veo en el buen camino", comentó. El entrenador considera que "con diferencia" es el jugador con el que ha sido más duro de toda la plantilla. ¿La razón? Ve en él a un jugador total, no sólo un anotador y está convencido de que no ha llegado todavía a su techo. "Sabe que tiene que ayudar en defensa, pasar la pelota, rebotear y ahora está entrando en esta lógica, incluso divirtiéndose en ello", revelaba el de Brescia. Y esa maduración repercutió en su relación con los compañeros. Las malas caras o los gestos fuera de tono cada vez eran más excepcionales. Y es que en pista y en más de un partido ha tenido algún encontronazo con compañeros como Campazzo, Abalde o Tavares. Las relaciones con los compañeros habían mejorado... hasta la final.

El propio Hezonja había asumido su nuevo rol. "Se lo dije a Sergio el primer día. Mucha gente habla mierda de mí y hay muchas mentiras sobre mí, pero no soy así y te lo voy a enseñar", aseguró. Se confiesa "un enfermo y un obsesionado por el juego" y está convencido de que puede ayudar al equipo siendo más disciplinado y respetuoso con los compañeros. Pero el desarrollo de la final recuperó al Hezonja irritable, el de los gestos de desaprobación con los compañeros y el que trata de resolver la guerra por su cuenta. Su preocupación por el MVP gripó al equipo. No fue el único jugador que mostró su disgusto con la dirección de la final. Garuba y Deck también tuvieron sendos "encontronazos" con el cuerpo técnico. La claridad de ideas del Baskonia contrastó con la espesura del Madrid en una plantilla plagada de recursos. Las tres escapadas, una en cada cuarto, carecieron de continuidad y los roles de los jugadores se fueron diluyendo a medida que avanzaba la final. Campazzo, Feliz y Maledon se diluyeron en el reparto de minutos; Len fue la presencia interior que más molestó a los vitorianos y sólo apareció en el segundo cuarto; la Copa de Lyles se resume en 8 puntos entre la semifinal y la final y Tavares se sintió desprotegido ante el descaro de los baskonistas a la hora de pisar la zona. Hezonja fue el héroe ante el Valencia, pero su actitud en la final fue un elemento más de desequilibrio para el equipo.

El de Dubrovnik tiene contrato con el Real Madrid hasta 2029 y esta temporada está ligeramente por debajo de los dos millones de euros netos. Recientemente ha cambiado de agente y su cláusula de salida a la NBA es de sólo un millón de euros. Las franquicias estadounidenses pueden llegar a abonar en torno a 800.000 Su nuevo representante es el mismo que el de Scariolo, Misko Raznatovic. El serbio es propietario de BeoBasket, la gran agencia de representación europea. Él tiene asumido que el líder en el vestuario es Llull, pero la retirada del capitán no está muy lejana y a él se le apunta como uno de los que deberían asumir el relevo. Eso siempre y cuando regrese el Hezonja previo a la final.