Caixabank-Bankia no descarta instalar en Madrid la sede del nuevo banco

El independentismo, en pie de guerra, presiona a la entidad financiera catalana para que regrese a Barcelona

Caixabank y Bankia negocian contrarreloj la fusión de ambas entidades financieras, operación que se dio a conocer a la opinión pública en la noche del pasado jueves día 3 de septiembre, aunque llevaba gestándose desde hacía casi un año. Estas negociaciones, auspiciadas por la vicepresidenta económica del Gabinete de Sánchez, Nadia Calviño, no están exentas de dificultades y de los consiguientes parones propios de una operación del tal envergadura. Nada puede quedar al azar y los equipos negociadores estudian hasta el último detalle por nimio que parezca.

Dónde se ubica la sede social de la entidad financiera resultante de la fusión constituye uno de esos detalles importantes que transciende al mundo de las finanzas y de la economía y entra de lleno en el de la política. A día de hoy, Caixabank no descarta instalar en Madrid la sede central de la nueva entidad, según confirman a LA RAZÓN fuentes cercanas a las negociaciones. «Es una decisión que aún no se ha adoptado, pero, precisamente por eso, no hay nada descartado», aseguran estas mismas fuentes. En este contexto, Madrid está encima de la mesa negociadora como una de las plazas con más peso para ubicar la sede social del que será el mayor banco de España tras la unión.

En estos momentos, las sedes sociales tanto de Caixabank como de Bankia se encuentra en Valencia, aunque por razones diferentes. La sede social de Bankia, fruto de la fusión de Caja Madrid con la valenciana Bancaja, se ubicó en la ciudad del Turia desde su constitución. Mientras, la financiera catalana se vio forzada como consecuencia de la incertidumbre generada por el proceso independentista, liderado por el otrora Molt Honorable Artur Mas, a hacer las maletas y a abandonar Cataluña camino de Valencia.

Ahora la entidad catalana no descarta que la sede social del nuevo banco que nazca fruto de la fusión se instale en la capital española, como ya barajó, en su momento, cuando puso rumbo hacia la Comunidad Valenciana. A los pocos días del referéndum ilegal del 1-O de 2017, impulsado por la Generalitat de Cataluña, Caixabank adoptó la histórica decisión de trasladar su sede a Valencia, después de haber explorado una eventual ubicación en Madrid o en Palma de Mallorca. Mientras, la Fundación La Caixa, propietaria del 40% de la entidad catalana, desembarcó en la capital balear. Pese a ello, los cambios de sedes no han supuesto en la práctica durante estos años un cambio de sus plantillas. Ambas siguen manteniendo su presencia y sus servicios centrales en la comunidad catalana. Es más, durante estos años, Caixabank no ha cerrado nunca la puerta a devolver su sede a Barcelona.

Sin embargo, la posibilidad ahora de mudarse definitivamente y dirigir sus pasos hacia la capital española ha puesto en pie de guerra al independentismo catalán, consciente de que para «convertir a Cataluña en un Estado independiente es imprescindible contar con peso específico, es decir, con poder económico y financiero propio», puntualizan a este diario fuentes nacionalistas catalanas. Por eso el Ejecutivo de Torra presiona en privado desde hace meses a Caixabank para que abandone Valencia y regrese a Barcelona. Sin embargo, la publicidad de la operación con Bankia ha precipitado «todo» y ya no oculta en público su preocupación por la misma. Como botón de muestra, las declaraciones realizadas esta semana por el consejero de Empresa catalán, Ramón Tremosa, considerando la Ciudad Condal el lugar natural de La Caixa. «Trabajaremos para que así sea», prometió. De hecho, en los últimos días los contactos se han redoblado con el fin de conseguir su regreso.

“Mano negra”

De las eventuales plazas para la sede social del nuevo banco, sin duda, la que peor ve el independentismo es la madrileña, por el aumento de poder económico y financiero que su ubicación conllevaría para la city. Con el punto de mira en lograr la independencia de España, el nacionalismo catalán hubiera aplaudido la fusión de Caixabank con cualquier otra entidad catalana. «Con esta operación, tratan de golpear nuestra musculatura económico-financiera, inclinando la balanza hacia Madrid. Fuera de Madrid prácticamente no existe nada», lamentan fuentes nacionalistas en alusión a la posible fusión.

De ahí que avisen de que supondrá un duro revés para la competencia y para sus planes independentistas que la sede de Caixabank-Bankia se ubique en la capital del Reino, «favorecida, sin duda, por todos los Gobiernos españoles y por el Estado español» en detrimento del resto de autonomías. Por eso achacan la operación a «una mano negra», a una «estrategia diseñada por el Estado» para frenar un nuevo intento independentista.

En este panorama nada halagüeño para sus propósitos e intereses estudian desde hace tiempo «fórmulas imaginativas» que ayuden a Cataluña a desvincularse económica y financieramente del Estado y, por ende, de la capital española. Mientras tanto, no están dispuestos a rendirse y seguirán dando la batalla por conseguir la vuelta de Caixabank a Barcelona.

En este contexto, a la Generalitat le preocupa la participación del Estado en la entidad resultante, cuestión aún por cerrar, por la injerencia que supone en el mundo financiero y, por tanto, en el control de la escena política. La Administración es propietaria de más del 61% de las acciones de Bankia a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). Además, el Ejecutivo de Torra teme el impacto que tendrá en la economía catalana una reducción de plantilla y cierre de oficinas como resultado de la fusión. Por su parte, la Generalitat valenciana también presiona para que la entidad resultante de la fusión se quede en Valencia.

En estos momentos, Caixabank es la tercera entidad española por volumen de activos, con un total de 416.391 millones de euros. Mientras, Bankia ocupa el quinto lugar en el ránking financiero español, con 209.473 millones. De su unión nacerá el primer banco en España, colocándose por delante del BBVA (con un volumen de activos de 419.475 millones) y del Santander, con 355.769 millones en activos dentro de nuestras fronteras.