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El acuerdo de Sánchez con China ahonda aún más la brecha con EE UU y alerta a los empresarios sobre su reprocidad
El ‘club’ español de empresarios en China aplaude a Sánchez, pero avisa: sin reciprocidad económica y comercial, el "romance" con Pekín sale caro

España vuelve a presentarse en Pekín como valedor europeo del aperturismo comercial y de una relación con China tratada en clave de socio estratégico. Este pulso se midió el lunes sin focos y con cifras sobre la mesa, con altos directivos de al menos una treintena de colosos empresariales españoles con intereses en el país que cenaron en la capital china en un encuentro privado con la Secretaría de Estado de Comercio, la CEOE y la Cámara de Comercio de España, a modo de termómetro real de la relación bilateral en plena ofensiva diplomática de Pedro Sánchez. El consenso fue de “cautela bastante optimista”, con reconocimiento a avances institucionales y a un mejor clima político, pero también con exigencia de reciprocidad ante un déficit comercial con el gigante asiático que ya califican de “insostenible” si se mantiene a medio plazo. En paralelo, fluye la determinación de Sánchez de no plegarse a la línea de Trump, que ha cargado contra España por negar derechos de aterrizaje a fuerzas estadounidenses en la guerra con Irán, por su bajo gasto en defensa, y ha amagado con castigar a los aliados de la OTAN que no cooperen.
En un formato alejado de focos y protocolos, los ejecutivos detallaron en el convite las dificultades de operar en un mercado marcado por la competencia local, la vulnerabilidad de la propiedad intelectual y la presión constante por ganar cuota sin sacrificar márgenes. Hubo consenso generalizado del éxito de la convocatoria, tanto por la franqueza del intercambio como por la sensación de que los gestos políticos de alto voltaje empiezan a traducirse en palancas concretas para el negocio sobre el terreno.
Un déficit récord en el centro del debate
El déficit de España con China se disparó en 2025 hasta 42.278 millones de euros, con exportaciones de 7.972 millones, un 6,8% más que el año anterior, frente a unas importaciones que escalaron hasta 50.250 millones, un 11,2% más. España sigue siendo un mercado muy abierto para el producto chino, pero las compañías españolas continúan topándose con barreras de acceso, requisitos opacos y trabas regulatorias cuando intentan dar el salto al colosal mercado interior del país asiático.
Pese a ello, el tono de la velada no fue para nada derrotista, todo lo contrario. Los directivos reconocieron que España ha encontrado nichos en los que compite con ventaja, como sectores de alta precisión industrial, logística de élite y productos agroalimentarios premium, donde la calidad pesa más que el volumen. “Donde hay que hilar fino en costes y procesos, aún destacamos”, resumió uno de los ejecutivos, consciente de que el margen para crecer pasa por explotar esas fortalezas mientras se reduce la dependencia de segmentos donde el fabricante local usa la escala de su mercado como arma de precio.
El convite llegó cuando Xi Jinping ascendió a Sánchez a la categoría de “interlocutor clave” con Bruselas, en la que ya es su cuarta incursión en China desde la pandemia. La misión española dejó números, sobre la mesa se sellaron 19 acuerdos bilaterales y se puso en marcha un “diálogo estratégico” que agrupa una decena de pactos económicos diseñados para empezar a limar un desequilibrio comercial que dejó de ser anecdótico.
Sánchez aterrizó en Pekín para vender a su país como plataforma segura para el capital chino que busca una puerta de entrada en la UE, así como para exigir a Xi que “haga más” por la paz en Gaza y Ucrania, en coherencia con la apuesta del Gobierno por soluciones diplomáticas frente a los atajos militares. Xi recogió el guante a su manera, blindando a Sánchez como puente privilegiado hacia Bruselas y delimitando tres carriles prioritarios de colaboración: renovables, alta tecnología y agroalimentación. Ámbitos donde China necesita socios solventes y donde la oferta española puede crecer rápido si se despejan las barreras de entrada.
La jugada se completa con la inclusión de España en el programa “Exporta a China 2026”, una especie de fast track comercial a la china. Pekín ha activado campañas agresivas para colocar en sus lineales más porcino, más vino y más moda ‘Made in Spain’, respaldadas por compromisos de compra valorados en miles de millones de yuanes.
El Memorando de Entendimiento, la “bala de plata”
En la mesa, los empresarios elogiaron de forma unánime la negociación de un Memorando de Entendimiento (MoU) que aspira a fijar un marco de inversión “de igual a igual” entre ambos países. El documento, en fase avanzada, se ha convertido en la gran apuesta para introducir más simetría en la relación, con reciprocidad en inversiones, blindaje jurídico ante cambios regulatorios sobrevenidos y una reducción efectiva de las trabas que siguen dificultando la entrada de productos españoles en segmentos clave del mercado chino.
El plan gubernamental se articula en tres grandes “balas de plata”, con un marco de inversión equilibrado, tijeretazo a las barreras que lastran al agro español —desde requisitos fitosanitarios hasta cupos y licencias— y nuevos acuerdos de transferencia tecnológica destinados a nivelar el campo de juego frente a competidores locales con fuerte respaldo público. Los directivos valoran que estos avances “están ya mejorando las condiciones reales para hacer negocio”
Competir en el mercado más implacable
Competir con grupos locales que se apoyan en un mercado de 1.400 millones de consumidores y en cadenas de suministro hiperintegradas se ha convertido en un auténtico “deporte de riesgo”. A las sombras tradicionales sobre la protección de la propiedad intelectual, la copia de diseños y la seguridad jurídica de las marcas, se suma ahora una nueva generación de rivales tecnológicos que desbordan en velocidad y agresividad comercial.
En paralelo, se observa la presión para relocalizar parte de las cadenas, la amenaza de nuevas barreras en terceros mercados y la necesidad de diversificar proveedores sin perder acceso a la capacidad industrial china. Para las empresas españolas, la apuesta pasa por reforzar la innovación propia, proteger mejor sus patentes y apoyarse en los acuerdos bilaterales para exigir garantías cuando entren en joint ventures o proyectos de transferencia tecnológica.
Con Trump abiertamente proteccionista y un entorno global marcado por rearmes comerciales, España trata de hacerse un hueco como socio previsible para China sin romper con Bruselas, pero buscando margen para su propia agenda. En ese contexto, los contactos de bajo perfil entre altos cargos y ejecutivos se han convertido en una suerte de ritual en Asia, espacios donde quienes “sudan en el terreno”, conectan con los arquitectos de la política económica en Madrid. Sánchez ha abierto surcos operativos con pactos firmados, pero el jurado que integran las empresas dará su veredicto cuando se traduzcan en más exportaciones, más inversión recíproca y menos rojo en la balanza con el que sigue siendo el mercado más jugoso y exigente.
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