
Opinión
Cuando el estrecho de Ormuz se cierra, la farmacia europea se vacía
El 80% de los principios activos que consumimos en Europa se fabrican en China e India. Buena parte de esos envíos transitan por rutas marítimas que pasan por Ormuz o por el mar Rojo

El ataque de EE.UU. e Israel contra Irán ha convertido el estrecho de Ormuz en el epicentro de la economía mundial. Por ese corredor transita casi un tercio del petróleo que se comercia por vía marítima. Su cierre parcial —el tráfico ha caído un 70% en horas— supone un shock de oferta en tiempo real.
Los mercados han reaccionado con la crudeza habitual. El Brent ha repuntado más de un 8%, el oro ha pulverizado máximos históricos superando los 5.400 dólares la onza y las bolsas europeas han abierto con caídas superiores al 3%. Wall Street castiga a los índices generales mientras premia a las empresas de defensa y energía. Es la vieja lógica del miedo: el capital huye del riesgo y se refugia en lo tangible.
Pero la verdadera lección económica de esta crisis está en la cadena de suministros. Analicemos el caso de los medicamentos. El 80% de los principios activos que consumimos en Europa se fabrican en China e India. Buena parte de esos envíos transitan por rutas marítimas que pasan por Ormuz o por el mar Rojo —comprometido desde la crisis hutí—. Cuando esas rutas se interrumpen, no solo sube la gasolina: puede faltar el ibuprofeno, el omeprazol o un tratamiento oncológico. La geopolítica, que muchos ciudadanos perciben como algo ajeno y abstracto, entra de golpe en casa.
La economía nos enseña que la concentración de riesgo en un solo punto —lo que los ingenieros llaman un single point of failure— es siempre peligrosa. Hemos deslocalizado la producción industrial persiguiendo costes bajos sin construir alternativas. Ahora descubrimos que la eficiencia sin resiliencia es fragilidad disfrazada.
Europa necesita con urgencia diversificar sus fuentes de suministro energético y sanitario, reforzar sus reservas estratégicas y asumir que la autonomía productiva no es proteccionismo: es prudencia. La dependencia exterior, cuando se concentra en corredores vulnerables, deja de ser ventaja comparativa y se convierte en vulnerabilidad estratégica.
La guerra en Irán es un recordatorio brutal: en un mundo interconectado, un misil en Teherán puede vaciar la estantería en tu farmacia de barrio.
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