
Opinión
Dos años de Milei: la esperanza para Argentina
El control de la inflación y la «terapia de choque» de la disciplina fiscal estimulan al sector privado argentino

Cuando en diciembre de 2023 Javier Milei asumió la presidencia de la República Argentina, heredó una economía que bordaba el colapso: inflación superior al 200%, déficit fiscal crónico, crecimiento nulo o negativo, reservas internacionales diezmadas y un tejido productivo que languidecía.
La magnitud del desequilibrio macroeconómico era tal que muchos economistas interpretaban aquel arranque como la antesala de una nueva crisis. Sin embargo, tras dos años en el poder, ya emergen logros que merecen un análisis detenido.
Uno de los aspectos más destacados de la gestión de Milei ha sido la restauración de la disciplina fiscal. Tras décadas de déficit permanente, Argentina registró en 2024 -por primera vez en alrededor de catorce años- un superávit presupuestario.
Esta hazaña fue posible gracias a una combinación de recortes de gasto público, con eliminación de subsidios y reducción del tamaño del Estado.
El resultado es contundente: el Gobierno ha cumplido el principio del "déficit cero" que Milei proclamó como fundamento de su programa económico. Esa vuelta a la ortodoxia fiscal no sólo restaura confianza, sino que libera espacio presupuestario para comenzar a pensar en inversión, tecnología y competitividad.
Por su parte, en un país donde la inflación se había convertido en espiral -marcada por la impresión monetaria para financiar al Estado-, la administración de Milei ha conseguido una moderación significativa del alza de precios. Aunque aún elevada en términos absolutos, la tasa de inflación descendió desde cotas de casi el 200%-300% anual a niveles más contenidos.
La contención del deterioro monetario permite colocar la piedra sobre la que construir la credibilidad. En este sentido, la liberalización parcial del control cambiario, la intención de dolarizar la economía -aspecto, quizás, más complicado de llevar a cabo- y la reducción de la financiación del déficit vía emisión de deuda, constituyen avances. Confianza que puede permitir que Argentina vuelva a los mercados.
Otro de los logros iniciales es la reactivación del sector privado. Según consultoras locales, los salarios reales han repuntado y el peso de las remuneraciones en el PIB se incrementó notablemente, lo cual puede interpretarse como señal de que la mayor competencia y reducción de barreras favorecen al trabajo y al consumo interno.
Al mismo tiempo, la administración promueve la apertura al comercio internacional y la atracción de inversión extranjera directa, convencida de que Argentina debe dejar de aislarse y recuperar su inserción exportadora.
Estos elementos conforman la receta que la realidad nos muestra como exitosa: mercados fluidos, empresas competitivas, instituciones estables y un Estado que se limita a garantizar el marco legal, no a la sustitución económica del sector privado.
Por otra parte, al reducir el tamaño del Estado, al eliminar subvenciones generalizadas, al recuperar la rentabilidad privada y al aumentar la credibilidad financiera, se envía un mensaje claro al mundo empresarial: Argentina cambia de rumbo y apuesta por la iniciativa privada. Esta señal, aunque tardará en producir todos sus frutos, abre una senda hacia una economía más diversificada y menos dependiente de los ciclos de gasto público.
En ese contexto, el margen de maniobra se incrementa para incentivar la innovación, el desarrollo tecnológico y la competitividad en sectores de alto valor agregado, que constituye la clave del crecimiento sostenido y de la mejora del nivel de vida.
Costes necesarios
Es obvio que esta transición tiene costes. Las políticas de "terapia de choque" (austeridad fiscal drástica, recortes de empleo público, eliminación de subsidios) han generado un impacto significativo: aumento del desempleo en determinados tramos, caída del consumo, tensiones con los sectores vulnerables en el corto plazo, pero es imprescindible para sanear la estructura económica y que la prosperidad vuelva a Argentina de manera estable en el medio y largo plazo.
En este sentido, el verdadero reto para Milei será convertir los logros iniciales en un ciclo virtuoso de crecimiento.
Aquí aparecen dos ejes fundamentales: primero, la reforma del sistema tributario, laboral y de competencia; segundo, la profundización del comercio exterior y la integración con cadenas globales de valor. En ese sentido, la apertura y la desregulación que el Gobierno promueve apuntan a transformar a Argentina para que pase de ser un país de atajos y subsidios a una nación de inversión, exportación y tecnología.
En conjunto, la administración de Javier Milei ha logrado reactivar motores fundamentales de la economía argentina: restableció la disciplina presupuestaria, redujo la inflación, desató estímulos al sector privado y comenzó a redefinir el papel del Estado, que supone la creación de las condiciones institucionales para que la economía pueda desplegarse con libertad, labor que debe completarse en un segundo mandato.
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