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Derecho laboral

Llegar antes de hora al trabajo puede costarte el despido: la ley confirma por qué es procedente

Durante años, llegar antes al puesto de trabajo se ha entendido como un gesto de implicación y responsabilidad, pero puede suponer un problema real para el empleado

Llegar antes de hora al trabajo puede costarte el despido: la ley confirma por qué es procedente Freepik

La puntualidad no es un aspecto especialmente característico de los españoles. Llegar media hora tarde a encuentros con amigos y familiares es ya una tradición y todos sabemos que, si queremos que nuestros invitados lleguen a tiempo, debemos citarles una hora antes (por lo menos). En cualquier caso, este rasgo que tanto define a algunos y enfada a otros, no se aplica en el trabajo. Ese es quizás el único lugar en el que la puntualidad es fundamental, y tal es su importancia que algunos optan por llegar incluso antes de tiempo. Lo hacen porque de esa manera están demostrando un compromiso real con su empresa, pero lo que no saben es que les puede costar el despido, y procedente.

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Durante años, llegar antes al puesto de trabajo se ha entendido como un gesto de implicación y responsabilidad. Sin embargo, la normativa laboral y la jurisprudencia más reciente advierten de que adelantar la jornada sin autorización puede convertirse en un problema serio para el trabajador.

El caso que ha llamado la atención de los tribunales

El conflicto se originó cuando una trabajadora comenzó a acudir de forma habitual entre media hora y tres cuartos de hora antes del inicio oficial de su jornada. Su contrato establecía claramente que debía comenzar a trabajar a las 7:30 de la mañana. Según una información recogida por el diario El Español, la empleada alegó que lo hacía por una sobrecarga de tareas y para poder cumplir con sus funciones diarias. No obstante, la empresa consideró que esa práctica alteraba su organización interna y vulneraba las normas sobre control horario.

Antes de tomar medidas drásticas, la empresa advirtió a la trabajadora en varias ocasiones. Primero fueron advertencias verbales y más tarde una comunicación formal por escrito en la que se le indicaba expresamente que no debía acceder al centro antes de la hora fijada.

Pese a estos avisos, la conducta se repitió. Ante la reiteración, la empresa optó por un despido disciplinario, una decisión que la trabajadora llevó a los tribunales convencida de que su actuación demostraba buena fe.

El control horario, clave del conflicto

Según explican expertos laboralistas citados por El Español, el problema no es la puntualidad, sino el tiempo efectivo de trabajo. La legislación obliga a las empresas a registrar de manera precisa la jornada de sus empleados, incluyendo las horas extraordinarias.

Entrar antes implica trabajar más tiempo, y ese exceso se considera legalmente hora extra. Si dichas horas no están autorizadas o incluso están expresamente prohibidas, el trabajador incurre en un incumplimiento contractual.

Un despido sin indemnización

El juzgado dio la razón a la empresa y declaró el despido como procedente, lo que implica que la trabajadora no tuvo derecho a indemnización. La sentencia valoró la reiteración de la conducta, las advertencias previas y el impacto negativo en la organización y en el sistema de registro horario. Según el tribunal, esa actuación quebrantó la confianza necesaria en la relación laboral.

Los especialistas recuerdan que no cualquier llegada anticipada puede acabar en despido. Para que la sanción sea válida, debe existir proporcionalidad y pruebas claras de que la empresa informó al trabajador y prohibió expresamente esa conducta.

En este caso concreto, quedó acreditado que la empleada fue advertida en varias ocasiones antes de adoptar la medida más grave.

¿Qué debo hacer como trabajador?

La conclusión es clara: la jornada laboral empieza y termina cuando lo marca el contrato o el convenio. Cualquier modificación debe contar con el visto bueno de la empresa.

Si un empleado considera que su carga de trabajo es excesiva, la vía correcta es comunicarlo y solicitar una reorganización, no prolongar la jornada por iniciativa propia. Sin autorización, esa actitud puede interpretarse como desobediencia y derivar en sanciones graves.