
Procesiones
La procesión va por dentro
Las mentes pensantes han convertido la fe en una experiencia premium poniendo vallas opacas a lo largo del trayecto para que vea la procesión quien está dispuesto a pagar por ello

La mayoría de las personas piensan ingenuamente que una procesión es un evento religioso, popular y callejero que es compartido por ricos, pobres, devotos, curiosos, vecinos, turistas y algún que otro despistado que pasa por el lugar buscando una farmacia de guardia, pero ya no es así, porque la lógica del mercado ha llegado también al incienso, al capirote y al redoble de los tambores, convirtiendo la fe en una experiencia premium, un nuevo modelo de negocio sin alterar demasiado el decorado espiritual donde se acabó lo de que mirar es gratis.
No es algo que haya surgido ahora, ya existía cuando éramos niños, esos palcos para las autoridades y esas zonas VIP con sillas a las que entraban quienes pagaban el acceso, pero ahora este evento se está sofisticando porque, si lo pensamos bien, salvo porque tienes que estar de pie, el espectáculo es el mismo que si estás sentado en una zona reservada. Por ello, las mentes pensantes que nos rodean han descubierto la forma de diseñar una nueva experiencia, de mayor valor añadido, una catequesis del mercado con acero galvanizado, poniendo vallas opacas a lo largo del trayecto para que vea la procesión quien está dispuesto a pagar por ello y la vea peor o no la vea quien no se rasque el bolsillo.
Todo ello, a pesar de que, aparentemente todos somos iguales ante el paso de un trono, pero unos son más iguales que otros ya que este evento religioso necesita logística aeroportuaria con vallado, accesos, controles, sectores y pronto códigos QR, a lo que falta el embarque por grupos mientras que los fieles sin acceso prioritario podrán contemplar o mejor dicho, oír la saeta desde la periferia.
Al final, hemos conseguido que una procesión, nacida para salir al encuentro del pueblo, termine recordándole al pueblo que, incluso ante lo sagrado, conviene pasar primero por taquilla porque, aunque sea en la vía pública, como en un estadio, la procesión va por dentro. No descarto que el año próximo aparezca un patrocinador oficial del recogimiento, convirtiendo la Semana Santa en un evento similar a la Super Bowl, todo un milagro económico.
Por Juan Carlos Higueras, doctor en Economía y Vicedecano de EAE Business School
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