España

“Riski”, el intento desesperado de los MENAS de Melilla para llegar a la Península

Más de mil menores marroquíes, muchos de ellos sin control, han logrado llegar a la Ciudad Autónoma como paso previo a lo que es su objetivo final: la Europa continental. Cada día intentan acceder a los barcos.

El «riski» es una actividad que a diario practican decenas de menores (y mayores) marroquíes para tratar de acceder a uno de los cuatro barcos que conectan Melilla con la Península. Lo de «riski» va por el riesgo que conlleva esta actividad, que la Guardia Civil, bajo la atenta «vigilancia» de las ONGs desde la muralla, por si algún agente llegara a extralimitarse, se ocupan de frenar; se trata, sobre todo, de evitar daños físicos a los menores, que se suelen esconder en los bajos de camiones y otros vehículos. El «riski» es la punta de iceberg, la consecuencia, de un problema inmigratorio para el que no se encuentra solución y que Marruecos debería frenar, ya que los afectados son menores de edad que, en el mejor de los casos, logran recibir amparo y formación en la Ciudad Autónoma. Pero que no siempre ocurre así.

Cuando uno de ellos llega a Melilla por algunas de las tres vías que se suelen utilizar, su destino final no es esta ciudad, sino la península. Y lo intentan una y otra vez, en ocasiones con maniobras cuya osadía debe ser frenada de raíz por los agentes. No existen, según fuentes solventes consultadas por LA RAZÓN, procedimientos de inhibición para atajar el problema y es la buena voluntad y profesionalidad de los guardias la que evita males mayores. Las citadas tres vías son las siguientes:

A) Mediante del pasaporte familiar. Consiste en la entrada de los menores acompañados, normalmente de lamadre, utilizando dicho documento. Se realizan en especial los fines de semana y, según ha quedado acreditado en un caso que ya ha sido judicializado, la madre dejó a dos de sus hijos en un lugar de la ciudad autónoma, con unas instrucciones concretas. Debían esperar una o dos horas antes de dirigirse a un centro de acogida, tiempo suficiente para que ella pudiera volver a territorio marroquí. Días después, cuando ya estaban alojados, la madre entró de nuevo en Melilla para, en un parque público, evitando en todo momento ser detectada por las Fuerzas de Seguridad, visitar a sus hijos y llevarles comida, ropas y regalos.Ambos menores han sido expulsados por orden del juez tras las pesquisas de la Benemérita.

B) A nado, través del dique sur (unos 60 metros desde Marruecos). Otro riesgo que corren los niños y adolescentes del vecino país.

C) Por las fronteras, a la carrera o en los bajos de camiones o en autobuses.

Se trata de un goteo contante y prueba de ello es que los menores que están controlados en el Centro Fuerte de la Purísima, con capacidad para 300 plazas, alberga en la actualidad a unos 850; viven hacinados, hasta el punto de que varios comedores han tenido que ser habilitados como dormitorios, con literas de tres plantas, en las que un colchón es a veces ocupado por dos niños. La situación es tal que los responsables del centro dan de baja a los que no están a las 11 de la noche para dormir. Quedan en tierra de nadie y, en teoría, la Ciudad Autónoma declina toda responsabilidad.

La mayoría de los menores, MENAS como se les denomina habitualmente, son varones, pero también hay chicas. En principio, son acogidas por las monjas de las Divinas Infantitas, que les obligan a asistir a clase y, cuando las dejan salir, tienen que respetar un horario, cosa que a algunas no les gusta. De hecho, el pasado verano pidieron ser trasladadas a la Gota de Leche; aunque este centro cierra a las diez, estas menores encontraron la forma de eludir el control: cuando deciden regresar, se dirigen a la Policía Local y son los agentes los que las llevan.

¿Que es lo que hacen por las calles de Melilla hasta las tres o cuatro de la madrugada?. Una buena pregunta. La Gota de Leche es un Centro Asistencial, en el que hay acogidos 125 mayores (3ª edad), 75 MENAS masculinos y 90 MENAS femeninas. Algunas de estas marroquíes han sido sorprendidas, al intentar acceder a los barcos, con teléfonos y ropas de un precio elevado, lo que llamó la atención de los agentes, aunque no se ha abierto ningún tipo de investigación, al menos por el momento, al no existir denuncias y tratarse de niñas o adolescentes cuya intimidad hay que respetar.

En teoría, los menores marroquíes en Melilla deberían ser escolarizados. Muchos lo están, pero hay otros que, con el objetivo permanente de llegar península, «pasan de las clases». A diario, se les ve caminar por las calles de la Ciudad Autónoma, en grupos de 15 o 20, en dirección al puerto, incluso por las inmediaciones de la Comandancia de la Guardia Civil. Algunos de ellos proceden, según las mismas fuentes, de La Purísima.

A este problema hay que añadir el de los MENAS que viven en la calle y que forman parte del colectivo formado por entre 350 y 400 personas, que no están controladas. Sin oficio ni beneficio, vagan por las calles y terminan viviendo en chabolas construidas en torno a las inmediaciones del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en una zona de chabolas, que crece cada día, y que está situada entre la frontera de Farhana y el citado centro.

El panorama de la inmigración marroquí, según las mismas fuentes, es desolador y no se atisban soluciones, al menos de momento. Las autoridades de la Ciudad Autónoma trabajan en ello y una de las alternativas sería la del traslado de los MENAS a centros de la Península. Lo que parece claro es que si no se arbitran respuestas inmediatas, el asunto terminará enquistándose.

Los MENAS es un baldón que sufre Melilla, pero no el único. Cada día cruzan la frontera desde Marruecos entre 30.000 y 35.000 personas. La mayoría de ellos «acreditan» que viven en poblaciones cercanas a la Ciudad Autónoma, los agentes lo comprueban en el pasaporte y les dejan pasar. Es la «normativa actual». No se toma nota de sus nombres, se desconoce oficialmente quiénes son y esto ocurre en fronteras de entrada al espacio Schengen, aunque parezca increíble.

¿A qué se dedican?. A buscar entre la basura, chatarreros, pintores, albañiles, aparcacoches y, por citarlo al final, al comercio ilegal, que, traducido al lenguaje común de los mortales, es el contrabando de productos que compran en Melilla y después venden en su país. Llama la atención la gran cantidad de mercancías quepueden pasar en un solo viaje estos hombre- mujeres «burbuja». Pero sorprende más que las autoridades aduaneras marroquíes amenacen con acabar con este «comercio», lo que parece lógico, ya que, según ellos, supone una competencia desleal. Sorprende porque no frenan el problema de los MENAS y otros que se pasan a enumerar. Resulta frecuente que mujeres marroquíes se presenten en urgencias de los hospitales de Melilla cuando ya han roto aguas y están a punto de dar a luz.

Como no puede ser de otra manera en un país humanitario, se las atiende y sus hijos nacen felizmente en territorio melillense. Lo mismo ocurre, como se ha denunciado desde medios periodísticos de la Ciudad Autónoma, con los que se presentan con graves infecciones, patologías que requieren de una inmediata asistencia, hasta diálisis y, en algunos casos, cuadros médicos que recomiendan su traslado inmediato en avioneta a la península. Los gastos que generan estas personas (recuérdese que pasan la frontera sin identificarse) corren a cargo dela Seguridad Social, de los impuestos que pagan todos los españoles y a ninguno se le niega la asistencia que precisa. Somos una nación de acogida.

Pero si estuvieran identificados, la factura de los gastos médicos, como ocurre con otros países, se podría reclamar a Rabat. Por eso rechinan esas bravatas lanzadas desde el lado magrebí. Marruecos y España son dos naciones condenadas a entenderse porque tienen muchos interese en común y una larga historia de convivencia, con las lagunas que siempre se producen entre vecinos.

Con que solucionaran el problema de los MENAS, el peligroso «deporte» del «riski» de los que son protagonistas sus niños y adolescentes, esa convivencia estaría reforzada por algo tan importante como es la defensa de los derechos humanos, en especial los de los menores.

Un vídeo disponible en la página web de LA RAZÓN sirve para comprobar lo narrado en este reportaje, la magnitud del problema. El peligro que corren los menores.