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Centrales nucleares
Cataluña pone 52 millones a la transición nuclear sin despejar el futuro energético
Los expertos temen más gas, más importaciones y electricidad más cara

Cataluña avanza en la transición energética de los territorios más dependientes de la energía nuclear mientras mantiene intacto el calendario de cierre de sus centrales. El Govern ha aprobado una nueva batería de ayudas para preparar económicamente a las comarcas de Ascó y Vandellós ante la desconexión prevista entre 2030 y 2035, una decisión que, sin embargo, sigue generando un fuerte rechazo entre expertos del sector energético, que alertan de los riesgos de prescindir de la nuclear sin un plan alternativo sólido.
El Departamento de Empresa y Trabajo, a través de Acció, destinará 52,5 millones de euros a impulsar proyectos industriales y de innovación en las zonas afectadas por el futuro cierre de las centrales nucleares de Ascó y Vandellós. Se trata de fondos correspondientes al Fons de Transició Nuclear de 2025, con los que la Generalitat prevé beneficiar a 183 empresas, movilizar más de 143 millones de euros de inversión privada y crear alrededor de 130 puestos de trabajo.
El objetivo oficial, según ha explicado el Govern, es anticipar la transición energética y reforzar el desarrollo socioeconómico del territorio antes del apagón nuclear. El conseller de Empresa y Trabajo, Miquel Sàmper, ha defendido que estas ayudas deben actuar como un “acelerador” para modernizar el tejido productivo de las comarcas afectadas y reducir su dependencia histórica de las centrales.
El grueso de los recursos se concentra en el Baix Camp (27%), seguido del Baix Ebre (25%) y la Ribera d’Ebre (19%), mientras que el Priorat, la Terra Alta, el Segrià y les Garrigues completan el reparto. Desde el Govern subrayan que se trata de un paso clave para garantizar una transición “justa y ordenada”.
Sin embargo, mientras la Generalitat refuerza los mecanismos para amortiguar el impacto territorial del cierre, el debate energético de fondo sigue abierto. Y es ahí donde las advertencias del sector chocan frontalmente con la hoja de ruta política.
Una dependencia difícil de sustituir
Expertos consultados por La Razón recuerdan que Cataluña obtiene hoy más de la mitad de su electricidad de las centrales nucleares. Ascó I y II y Vandellós II aportan en torno al 56% del suministro eléctrico, con factores de funcionamiento cercanos al 90%, lo que las convierte en la principal fuente de energía firme de la comunidad.
“El problema no es solo la transición, sino el calendario”, resume una fuente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). A su juicio, cerrar las nucleares sin haber desplegado previamente un sistema alternativo suficiente “es un error histórico” que aumentará la dependencia exterior y encarecerá el recibo eléctrico.
El diagnóstico es compartido por Alfredo García, supervisor de la central de Ascó y divulgador conocido como Operador Nuclear. “Cataluña llega tarde y corta de potencia firme”, advierte. Según sus cálculos, sustituir en apenas una década el 56% de electricidad nuclear exigiría multiplicar por cinco la capacidad renovable instalada, reforzar la red eléctrica y desplegar almacenamiento masivo a gran escala.
“En 2024 solo se añadieron 79 megavatios de renovables, frente a los 15 gigavatios que serían necesarios. Sin las nucleares, ese hueco se cubrirá básicamente con gas natural o con importaciones”, sostiene.
Más gas, más precios y más emisiones
Los expertos alertan de que el cierre nuclear tendría un impacto directo en los precios de la electricidad y en la competitividad industrial. García recuerda que, según estimaciones de PwC, la industria catalana podría pagar hasta 265 millones de euros más al año si aumenta la dependencia energética exterior.
“Importar más de la mitad de tu electricidad no es una estrategia, es una vulnerabilidad”, señala. Especialmente, añade, cuando buena parte de esas importaciones procederían de Francia, cuya producción es mayoritariamente nuclear.
Desde el CSN insisten en que el calendario de cierre no responde a criterios técnicos. “Las centrales son hoy más seguras que hace 40 años”, explica otra fuente, que recuerda que cumplen los estándares del propio CSN, del Organismo Internacional de la Energía Atómica y de la World Association of Nuclear Operators, con auditorías y renovaciones constantes. “La vida de diseño de 40 años es un mínimo, no una fecha de caducidad”.
Como ejemplo, citan reactores gemelos a Ascó que ya han sido autorizados para operar hasta los 80 años en Estados Unidos.
Un cierre político en un contexto internacional opuesto
El contraste con el contexto internacional es otro de los argumentos recurrentes. Mientras países como Estados Unidos, Francia, Japón o Corea del Sur amplían o refuerzan su parque nuclear, España mantiene el calendario de cierre pactado en 2019. “Es una decisión política, no técnica”, resume García.
Las fuentes consultadas subrayan además que la energía nuclear evita cada año millones de toneladas de CO₂, aporta estabilidad al sistema y reduce la exposición a crisis geopolíticas vinculadas al gas. “Después de las renovables, es la energía más limpia y segura”, defienden.
El reciente decreto del Govern para acelerar las renovables y regular el almacenamiento con baterías va, según los expertos, “en la dirección correcta”, pero no resuelve el problema central: cómo sustituir en tan poco tiempo más de la mitad de la electricidad de Cataluña sin disparar precios, emisiones y dependencia exterior.
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