Terrorismo

Cuando retirar ikurriñas costaba la vida de guardias civiles

ETA sabía que los agentes acudirían a retirar las banderas y adosaban bombas o cables de alta tensión

Miguel Gordo
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Eran los primeros meses de la Transición y la ikurriña no estaba legalizada. ETA encontró en la colocación de esta bandera, que debía ser retirada por las Fuerzas de Seguridad, un sistema para acabar con la vida de los agentes: adosaban bombas o las situaban en cables de alta tensión. Los agentes, pese al peligro que suponía y para cumplir con laleglidad entonces vigentes, no dudaban en arriesgar sus vidas pese a que en la mente de todos estaba que más pronto que tarde sería legalizada dicha bandera que fue obra del fundador del PNV, Sabino Arana. Era una situación que irritaba alos mandos de las Fuerzas de Seguridad (la legalización se produjo en enero de 1977) porque era mandar a sus hombres a una operación de riesgo seguro ante las trampas que tendía ETA, no solo con bombas adosadas sino con artefactos colocados en el camino.

Tal día como hoy de 1976, el guardia civil Miguel Gordo García murió electrocutado en Baracaldo al retirar una de aquellas ikurriña de un cable de alta tensión en la calle León, frente al edificio de Telefónica. La colocación de la bandera había sido comunicada al cuartel de la Guardia Civil, que envió a varios agentes para retirarla. Miguel Gordo se subió a una plataforma de Telefónica que fue elevada hasta la altura del cable en el que estaba situada la ikurriña.

La descarga se produjo al intentar cortar con un alicate la argolla metálica que unía la bandera con el cable.

Miguel Gordo era técnico en desactivación de explosivos, por lo que había intervenido en diversas ocasiones en la retirada de ikurriñas, a menudo adosadas a cargas explosivas. Él había sido el encargado de quitar todas las banderas con explosivos de la provincia de Vizcaya a lo largo de la última semana.

Durante ese fin de semana, en las tres provincias vascas fueron colocadas, al menos, diez ikurriñas, tres de

ellas con explosivos simulados, y otras adosadas a cables de alta tensión. Este tipo de actividad continuó durante los días siguientes. Veinticuatro horas después de la muerte de Miguel Gordo, otra bandera fue colocada

en la parte vieja de San Sebastián, con una inscripción firmada por ETA, y unida por cables a dos paquetes, uno de los cuales contenía un potente explosivo.

Nacido en 1935 en Villabrán de Cea (Palencia), Gordo estaba casado y tenía un hijo de seis años de edad. Ingresó en la Guardia Civil diecisiete años antes. Su primer destino fue en Ochandiano (Vizcaya), de donde pasó a la Comandancia de Bilbao en calidad de técnico en desactivación de explosivos. Fue enterrado en la localidad de Riesgo de la Vega (León), localidad de la que era natural su viuda.

Con la muerte de Miguel Gordo se elevaban a cinco los guardias civiles asesinados en circunstancias similares en apenas seis meses. (Vidas Rotas)