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Defensa

Así trabaja la unidad cinológica del Ejército y por qué no debes interferir en sus operaciones

La labor de los perros militares del Ejército de Tierra está regulada por la Ley de Defensa Nacional, la Ley de Seguridad Nacional y los protocolos operativos del Estado Mayor, que establecen cómo actúan estos binomios y por qué es esencial no interferir en su trabajo

MADRID, 12/10/2024.- Varios perros de laUnidad Militar de Emergencias (UME) participan en el tradicional desfile del Día de la Fiesta Nacional por el Paseo del Prado de Madrid. EFE/Daniel González
Según la doctrina cinológica del Ejército y la normativa que regula las misiones de seguridad, detección y apoyo operativo, cualquier distracción o interacción no autorizada puede alterar el comportamiento del perroDaniel GonzálezAgencia EFE

La unidad cinológica del Ejército de Tierra es uno de los elementos más especializados y discretos de las Fuerzas Armadas. Su labor, regulada por la Ley de Defensa Nacional 5/2005, la Ley de Régimen del Personal de las Fuerzas Armadas y las directrices operativas del Estado Mayor del Ejército, combina adiestramiento avanzado, disciplina técnica y una estrecha relación entre el guía y el perro militar.

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Interferir en sus operaciones no solo es inapropiado, sino que puede comprometer la seguridad, alterar procedimientos y vulnerar protocolos establecidos en la normativa de seguridad operativa.

Los perros militares del Ejército trabajan en ámbitos muy distintos, desde la detección de explosivos, armas o sustancias peligrosas hasta la búsqueda y rescate, el apoyo en misiones internacionales o la seguridad de instalaciones estratégicas.

Su adiestramiento se desarrolla en centros especializados donde se aplican métodos basados en refuerzo positivo, obediencia avanzada y exposición progresiva a escenarios reales. Cada perro es asignado a un guía, formando un binomio que opera como una unidad indivisible.

Esta relación está considerada un recurso táctico y se rige por procedimientos internos del Ejército que establecen cómo deben actuar en cada tipo de misión.

Los perros militares operan bajo protocolos estrictos de seguridad y su perímetro de trabajo debe respetarse siempre para no comprometer una búsqueda o una detección

Cuando una unidad cinológica trabaja en un entorno civil, ya sea en un puerto, un aeropuerto, un área urbana o un dispositivo de seguridad, lo hace bajo el marco jurídico de la Ley de Seguridad Nacional, la Ley de Seguridad Ciudadana y los convenios de cooperación entre Defensa y otros organismos del Estado.

En estos escenarios, la prioridad es garantizar la seguridad de la población y proteger infraestructuras críticas.

Por ello, cualquier interferencia externa puede alterar la concentración del perro, modificar su comportamiento o incluso invalidar una búsqueda, lo que podría tener consecuencias operativas.

Los perros militares están entrenados para detectar amenazas que no siempre son visibles para el ciudadano.

Su capacidad olfativa, miles de veces superior a la humana, permite localizar explosivos, sustancias químicas o restos biológicos en condiciones donde otros medios no son eficaces.

Por eso, cuando un perro trabaja, debe hacerlo sin distracciones, sin estímulos externos y sin interacción no autorizada. La normativa interna del Ejército establece que el perímetro de trabajo del binomio debe respetarse en todo momento, y que cualquier obstaculización puede considerarse una alteración de un procedimiento de seguridad.

Además, estos equipos participan en misiones internacionales bajo el marco de la OTAN, la Unión Europea o Naciones Unidas, donde su labor es esencial para la protección de convoyes, bases y personal desplegado.

Su eficacia depende de la precisión y del cumplimiento estricto de los protocolos. Por ello, tanto en España como en operaciones en el exterior, la regla es la misma: no interferir nunca en el trabajo de un perro militar.

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