Opinión

El PP gana y el PSOE sueña

Sánchez ha sumado el voto útil de izquierdas a costa de sus socios

El candidato del PSOE a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Carlos Martínez (i) y el presidente del Gobierno, Pedro Sáncez (d), durante el cierre de la campaña del PSOE, a 13 de marzo de 2026, en Valladolid, Castilla y León (España). El PSOE cierra su campaña autonómica en la Cúpula del Milenio de Valladolid, donde Pedro Sánchez arropa al candidato Carlos Martínez y a Óscar Puente en un mitin concebido para movilizar a la militancia, disputar la hegemonía del PP y presentar su proy...
Pedro Sánchez y Carlos Martínez. Photogenic/Claudia AlbaEuropa Press

La participación en las elecciones de Castilla y León ha subido con respecto al último encuentro electoral, la sombra de la guerra de Irán es más larga de lo que parece a primera vista. Pedro Sánchez tomó como laboratorio la región y experimentó con alejarse de los asuntos nacionales que tanto daño le hacen y los sustituyó por un revival del "No a la guerra" de 2003.

La estrategia es sencilla, se trata de un asunto que incomoda al PP, en el que Sánchez se enfrenta directamente con Vox, lo que supone ningunear a Alberto Núñez Feijóo y que conecta con la opinión de muchos votantes de izquierda. Le ha funcionado parcialmente, ha recuperado dos escaños, pero a costa de los que están a su izquierda. En la Moncloa estarán calculando lo que puede dar el "No a la guerra" en un hipotético anticipo electoral.

Si la guerra acaba rápido, el desastre llegará sin remedio. La normalidad en lo nacional situará de nuevo el foco en los casos de corrupción, en los problemas de gestión (como los ferroviarios), en nuevas exigencias satisfechas a los independentistas y un Congreso de los Diputados ingobernable. Si, como es previsible, el conflicto se alarga, Sánchez tendrá un argumento para mantener las filas prietas asegurando que ha llegado el tiempo de recuperar terreno perdido.

En tanto que no vea el terreno suficientemente abonado, no convocará elecciones, y en el cálculo hay una cifra que no sale, la de los socios de coalición. Sánchez ha perdido 10 de los 12 procesos electorales que ha capitaneado y es presidente porque los socios de investidura aportaban los números que él no tenía.

Feijóo está rentabilizando la operación de encadenar elecciones autonómicas que estaban diseñadas para dejar noqueado al presidente del Gobierno. Aunque es cierto que, si bien es el claro vencedor en todas ellas, el hecho de tener que contar con Abascal para las investiduras y gobiernos posteriores le debilita en el debate.

El PSOE ha encontrado un valioso aliado en Vox y los electores de la extrema derecha se han dado cuenta. El desencuentro de Santiago Abascal con el PP le ha venido bien a Sánchez, que insiste en intentar movilizar el voto de los socialistas decepcionados por el miedo a que formen parte del Gobierno.

En Castilla y León, Abascal jugaba en casa, pero ha pinchado en una región con una tradición de voto a la derecha y en la que las zonas rurales, que son su granero electoral, tienen mucho peso en el recuento y están movilizadas por los efectos de Mercosur y la subida de los combustibles, algo que puede terminar de hundir muchos negocios familiares.

Aunque ha sacado un diputado más, se ha roto la racha que inició con Extremadura y Aragón y PP y PSOE han duplicado su logro. Si la dirección de Vox hace un análisis serio, comprenderá que su situación real es difícil, porque si entran a formar parte de gobiernos de coalición, el desgaste del cargo y la rentabilización de los éxitos por el socio mayoritario acabarán con ellos.

Si, por el contrario, deciden seguir enfrentándose al PP y entorpecer la formación de gobiernos de quien ha ganado todas las elecciones, les pasará factura como ha empezado a ocurrir en las elecciones de ayer.

Desaparece la izquierda populista, eso es un inconveniente para Sánchez porque le deja sin poder utilizar la baza que se le ha presentado con la guerra de Irán. Su juego es la mayoría del bloque y el "No a la guerra" ha sumado voto útil para las arcas socialistas a costa de sus socios. El resumen de la estrategia de Sánchez es un Partido Socialista radicalizado que ha dejado sin espacio a las otras izquierdas y ha perdido el apoyo de los votantes que apuestan por la centralidad.

Al tiempo, su radicalización ha sido la gasolina que ha dado a Vox velocidad que, a pesar de ver rota la tendencia de crecimientos electorales enormes, ha obtenido más del 18% de los votos. El Partido Popular ha cumplido con las expectativas de los pronósticos, el PSOE celebra su resultado, sin ser consciente que la única victoria que vale es la del que gobierna, como sucedió en 2023.