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Opinión

Pedro y el Correcaminos (Mic mic)

La jugada del 23-F pretende acercar al PSOE a la postura revisionista de la Transición. La forma de desclasificación y de servicio de los documentos al público en general lo deja claro

La asonada del 23 de febrero de 1981 cumple ahora 45 años. En la imagen, Suárez y Gutiérrez Mellado, protagonistas entre los guardias civiles
La asonada del 23 de febrero de 1981 cumple ahora 45 años. En la imagen, Suárez y Gutiérrez Mellado, protagonistas entre los guardias civilesMANUEL HERNANDEZ DE LEONAgencia EFE

En la estrategia política española se enfrentan la sorpresa contra la cocción en frío. Da igual cuantas tandas de mensajes, noticias sobre empresas dominicanas, escándalos sobre relaciones indebidas o ignominias delictivas contra las mujeres se lleguen a publicar porque Correcaminos adelanta siempre a los coyotes de la denuncia y con una risa desencajada les deja, además, de un palmo de narices.

Es lo que ha vuelto a pasar con el anuncio de desclasificación de los documentos relativos al 23-F. Mic mic. Ahí te quedas, Koldo, con tus mensajes parciales que nunca tocan la médula. Ahí te quedas, Aldama, con los sobres de cupones o sin cupones mil veces anunciados y nunca aún vistos al natural. Ahí te quedas, Jota, con tu mano en el delito y tu policía incandescente. Mic mic. Ya no importa que se anuncien nuevas denuncias de mujeres policías, si se pudo con lo de Salazar se puede con todo. Da igual que España se salga de los raíles de Europa y que la egojeta de su dirigente le aparte de todo núcleo de decisión, se olvidará la miseria del tren y los 46 muertos que arrastra. Mic mic, aquí pongo los documentos e impongo la conversación. Que lo de dar en abierto la serie tampoco iba a humo de pajas.

Correcaminos gana de nuevo. Es totalmente irrefutable que Sánchez desclasifica los documentos para marcar el paso de la conversación –siempre al pasado, el presente es chungo y del futuro le están sacando– pero también lo es que nadie puede criticar que lo haga. No lo harán historiadores, ni periodistas, ni ciudadanos de la realidad o de la conspiración. No, la transparencia no va a ser criticada y menos tantos años después. Eso sí, no pidan que se aplique la ley de Transparencia para saber los movimientos y los gastos del Ejecutivo o para tener un mínimo de control sobre alguna de sus decisiones, porque de eso ni hablar.

O miren dónde anda el proyecto de ley de Secretos Oficiales, que instó como siempre el PNV, y que se halla estancado porque de rondón colaba Sánchez un nuevo sistema de clasificación en el que podía declarar secreto cualquier cosita de interés periodístico hasta el apuntador.

No me cabe duda de que la jugada pretende acercar al PSOE a la postura revisionista de la Transición. La forma de desclasificación y de servicio de los documentos al público en general lo deja claro y nos va a sumir en una zapatiesta de mucho cuidado. Mic, mic. Y es que una cosa es desclasificar documentación y permitir que historiadores, documentalistas o interesados la consulten y otra es colgarla en la red.

No hace falta ser un nigromante para saber lo que pasará: comenzará el espurgo de frases, documentos, datos que puedan ser utilizados para el objetivo político de cada rebuscador. Bucear en los documentos clasificados del 23-F a pelo, sin un conocimiento previo tanto del contexto, como de otros documentos o del modelo científico de investigación histórica homologado, nos va a llevar a semanas de supuestos scoops descontextualizados. Ya saben, como con el dichoso sumario del 11-M, en el que cada uno buscaba a su antojo algo con lo que avivar su posición, sin tener en cuenta que una investigación judicial es contradictoria y, por tanto, que cada documento solo sirve en función de si ha sido contrarrestado o no y de qué forma.

Me aventuro a anunciar que lo mismo va a pasar con el sumario del 23-F.

El caso es que correcaminos rebasa en su carrera hacia el final de la legislatura. A saber cuánto material para marcar agenda, libere lo que libere Koldo, hay en esos documentos. Mientras la oposición parece regodearse en no entender el recado de Pedro y el lobo. Tanto avisas que cuando llega el peligro nadie te hace caso. Así que como ya ha habido ministros quemados por supuestos informes de la UCO que no han sido ni rozados, avisos de grandes escándalos en torno a expresidentes que o no terminan de avanzar o se lían tanto que no los entiende el público, puntillas que rematarán a este o al otro, informaciones definitivas que no lo eran tanto, sucede que de llegar algún día lo previsto pillará al pueblo casi cocido en el jugo de lo que no parecerá ya para tanto. A estas alturas, las gargantas profundas si no regurgitan lo verdaderamente grave, sólo contribuyen a mantener entretenidas a las huestes y a darle la ventaja en la acción a correcaminos. Mic, mic.

Eso por no hablar de los agoreros de sucesos terribles pero altamente improbables. No digo yo que los manuales básicos de estrategia no inciten a ponerse en los peores escenarios posibles para tener prevista una respuesta y eso suele incluir hasta los de ciencia ficción, no hay más que mirar al Pentágono, pero eso es una cosa y otra es andar especulando en prensa sobre si no se convocaran elecciones o si pretende Sánchez perpetuarse como presidente de la República. Algunas de estas disquisiciones son simplemente imposibles y otras sólo consiguen recalentar a la rana votante tanto que si algún día llega a hervir el desatino ni se inmute. Y si las estudian como mero escenario háganlo con sigilo.

No creo que ACME, a pesar de no ser israelí, pueda suministrar nada a la oposición en estos afanes, aunque ya saben que, en el fondo, las simpatías estaban mayoritariamente del lado de ese coyote esforzado que siempre perdía. Pero no conseguía vencer y ese es el riesgo. Mic mic.