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Terrorismo

Las quejas de "Anboto" por su vida en prisión: de la falta de ordenador a su "cansancio" por los juicios en pandemia

La exjefa de ETA, que desde hoy puede beneficiarse de la semilibertad, ha aprovechado sus juicios para quejarse de su situación penitenciaria

La exdirigente de ETA Soledad Iparraguirre, alias "Anboto", en un juicio en la Audiencia Nacional durante la pandemia Juan Carlos HidalgoEFE

María Soledad Iparraguirre, "Anboto", puede beneficiarse desde hoy del régimen de semilibertad avalado por el Gobierno vasco, que le permite salir de prisión entre semana para trabajar o realizar labores de voluntariado amparada en la vía del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. La exintegrante del "comando Araba", condenada a cientos de años por varios asesinatos, sigue así la estela de otro exdirigente de ETA, el que fuera responsable del "aparato militar" Garikoitz Aspiazu, "Txeroki", en idéntica situación penitenciaria desde febrero.

Tras 16 años en prisión en Francia, Iparraguirre -en la actualidad investigada en media docena de causas contra exdirigentes de ETA, entre ellas por los asesinatos de Gregorio Ordóñez y Miguel Ángel Blanco- fue entregada a España en 2019 donde tenía pendientes una docena de juicios en la Audiencia Nacional, que aprovechó para quejarse de su situación penitenciaria. Desde la falta de ordenador que le obligaba a escribir a mano hasta la brevedad de las visitas, la dureza del régimen de aislamiento, el hecho de que solo le dejasen tener "tres libros" en la celda o el "enorme cansancio" que le provocaba acudir a los juicios en pandemia.

En diciembre de 2020, por ejemplo -en el juicio por el atentado frustrado con coche bomba contra un dispositivo policial desplegado en los aledaños del polideportivo de Mendizorroza (Álava) en mayo de 1985-, la exjefa de ETA centró su declaración en exponer sus quejas por su situación penitenciaria, que en todo momento comparó con su experiencia en las prisiones francesas.

"En la celda no puedo tener más de tres libros", lamentó ante el tribunal. "Para mí ha sido muy difícil acostumbrarme a escribir a mano otra vez, porque yo tenía mi ordenador en la celda en Francia. Hacer las cosas a mano para intentar estudiar algo es como volver a...", expuso a la Sala.

"No tengo absolutamente nada"

Tras 15 meses encarcelada en nuestro país, Iparraguirre enumeró su particular decálogo de agravios por su estancia en la cárcel de Brieva (Ávila). "Estoy en primer grado, no tengo absolutamente nada", recalcó tras destacar que sus primeros meses en nuestro país le habían dado la ocasión de "descubrir" el sistema penitenciario español.

"Es aparcarte ahí y ya veremos", explicó. "Cada tres meses me dicen que he pasado por la Junta de Tratamiento y que aislamiento", denunció antes de quejarse de que "las demás pasan y se van, están tres meses como mucho", mientras que ella y "Lola" (la etarra Dolores López Resina) "estamos ahí apalancadas" y sin "acceso a nada".

"Anboto" ponía en valor que durante sus años en prisión en Francia recibió formación como panadera, peluquera, jardinera y cocinera. "Intenté estudiar Historia y también me inscribí en la universidad de Rennes", recordó. Pero en España, hacía hincapié, antes de la pandemia solo "venía una mujer de vez en cuando con un trozo y un hilo para que pudiéramos coser".

"Acceso libre al teléfono"

La exjefa de ETA también protestó por el régimen de visitas, "unos locutorios de 40 minutos" que le parecían muy escasos en comparación con los de "más de tres horas más de una vez por semana" de los que disfrutaba en el país vecino, donde según incidió tenía "acceso libre al teléfono" y llegó a estar "hasta 72 horas con mi familia dentro de la cárcel". El cambio de realidad, subrayó, se le hacía "muy duro". "Llevo tres semanas sin hablar con nadie", dijo al tribunal.

En septiembre de 2022, volvió a sentarse en el banquillo por el mismo atentado, después de que el Tribunal Supremo ordenara repetir el juicio (tras ser absuelta por la Audiencia Nacional) para que los magistrados valorasen una prueba dactiloscópica que identificó sus huellas en el coche bomba utilizado en el atentado (finalmente, sería condenada a 425 años de cárcel).

Y, de nuevo, la Sala escuchó sus lamentos por su situación penitenciaria. En este caso, por la sucesión de juicios que había tenido que afrontar tras ser entregada a España una vez cumplida su condena en Francia. "Llevo doce juicios en la Audiencia Nacional en plena pandemia. Todo esto ha supuesto un cansancio físico y anímico enorme", aseguró "Anboto".

El aislamiento por la pandemia, "terrible"

La exdirigente etarra trasladó a los magistrados que en su anterior juicio estuvo dos meses en la prisión de Alcalá de Henares esperando el traslado a la prisión de Zaballa (Vitoria), donde cumple condena. "El día que llegué supe que a mi padre lo habían hospitalizado de urgencia. Murió tres semanas después", recordó.

Iparraguirre expuso la situación en prisión con "las cuarentenas" y debido al aislamiento para evitar contagios. "Fuera ha sido terrible. Para nosotros, también. Hemos vivido situaciones inhumanas", dijo la etarra. En una de esas cuarentenas, puso de relieve en esa retahíla de quejas ante el tribunal, "fueron nueve días sin salir de la celda ni para llamar por teléfono a mi padre ni para poder ver a mi abogado ni salir al patio". Un "aislamiento total", señaló, que implicaba que "la puerta solo se abría para coger la comida". "No es que yo fuese positiva. Era el protocolo, apostilló.

Eso sí, se congratuló que desde su traslado a la prisión de Zaballa, había podido "ir a casa". "Después de 40 años he podido abrazar a mi madre en casa y eso ha supuesto para ella energía".