
La campaña del Gobierno
Sánchez crea un 'odiómetro' para medir la crispación en las redes sociales
Para el Gobierno, las redes han actuado como amplificadores de la polarización
El Gobierno ha decidido pasar de las palabras a los instrumentos. En pleno clima de polarización política y en medio de un debate cada vez más áspero en las redes sociales, el presidente, Pedro Sánchez, ha anunciado este miércoles la creación de HODIO (Huella del Odio), una herramienta destinada a medir de forma sistemática la presencia, evolución y alcance del discurso de odio en las plataformas digitales que operan en España. El anuncio se ha producido durante la inauguración del I Foro contra el Odio, donde el jefe del Ejecutivo ha querido situar este fenómeno como uno de los grandes desafíos democráticos de la era digital.
Desde el Gobierno sostienen que el problema no es menor. Los delitos de odio han crecido un 41% en la última década, un dato que en Moncloa interpretan como la señal más visible de un clima social que ya no se limita al terreno virtual. En la tesis del Ejecutivo, las redes sociales han actuado como amplificadores de la polarización, convirtiendo mensajes marginales en corrientes virales que terminan filtrándose en la conversación pública y, en ocasiones, en la vida cotidiana.
El diagnóstico político del Gobierno es directo. Según fuentes del Ejecutivo, el uso del odio en España es “asimétrico”, porque para algunos actores políticos se ha convertido en “una baza electoral”. No se trataría solo de combatir ideas, sostienen, sino de “atacar a quienes las defienden”. Una dinámica que, según esta visión, se repite cuando se señala a personas por su origen, su color de piel, a las mujeres por querer ser libres o a las personas trans. No se cuestionaría tanto lo que hacen, argumentan en Moncloa, sino lo que representan: una sociedad diversa y plural.
En el Ejecutivo también apuntan directamente al papel de las grandes plataformas tecnológicas. En el foro se ha advertido de que, cuando “los tecno-oligarcas decidieron imponer su agenda política en las redes sociales”, el ecosistema digital habría evolucionado desde la libertad de expresión hacia lo que el Gobierno denomina “libertad de agresión”: un espacio donde el insulto se presenta como opinión y el acoso como debate. En ese contexto, se ha citado el caso de la red social X, donde, según datos mencionados durante el acto, el discurso de odio habría aumentado un 50% tras la llegada de Elon Musk.
La herramienta HODIO pretende intervenir precisamente en ese terreno. Su objetivo será analizar de manera continuada los contenidos que circulan en redes sociales, identificar patrones de propagación del discurso de odio y medir su alcance real. El Ejecutivo sostiene que el sistema permitirá detectar tendencias, evaluar la respuesta de las plataformas y ofrecer datos públicos sobre quién actúa contra estos mensajes y quién los tolera o se beneficia de ellos.
Con esta iniciativa, el Gobierno quiere introducir un elemento de presión política y regulatoria sobre las compañías tecnológicas. La idea, explican desde el Ejecutivo, es que la monitorización del odio digital permita exigir responsabilidades a las plataformas que no actúen con diligencia frente a contenidos ilícitos o campañas de acoso.
El mensaje político que ha acompañado al anuncio ha sido claro. En el Gobierno creen que, aunque el odio “hace mucho ruido en las redes”, no representa a la mayoría de la sociedad. Y sostienen que, cuando las instituciones actúan con determinación, la impunidad empieza a retroceder.
El Ejecutivo ha cerrado filas con una advertencia dirigida tanto a las plataformas como a los actores que difunden este tipo de mensajes: nadie, “por poderoso que sea”, está por encima de la ley. Durante años —sostienen en Moncloa— algunas empresas tecnológicas han tratado de maximizar beneficios mientras minimizaban responsabilidades. El Gobierno asegura que ese tiempo ha terminado.
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