La última "bala" en Castilla y León
Sánchez y sus ministros "escrituran" ahora a su nombre la bandera de España
La estrategia ha empezado a verse en la campaña de Castilla y León y en redes. Pretenden convertir la bandera en un símbolo de su oposición a Donald Trump y a la guerra de Irán
Pedro Sánchez ha decidido ahora disputarle el terreno simbólico del patriotismo a la derecha. Esta semana, en plena campaña en Castilla y León, le hemos visto tirando de una gigantesca bandera de España para identificarla con el rechazo de su Gobierno a Donald Trump y a la guerra de Irán. La escena no es nueva en su trayectoria política: ya recurrió a la bandera en 2015, cuando trataba de frenar el ascenso de Ciudadanos y el discurso constitucionalista de Albert Rivera en plena crisis del independentismo catalán. Ahora, después de facilitar la amnistía a los que dieron el golpe secesionista, Sánchez se reivindica como el principal defensor de la bandera y de la soberanía nacional.
La estrategia tiene una razón política de fondo. En Moncloa creen que el conflicto internacional y el debate sobre el alineamiento con Washington pueden abrir un nuevo marco político capaz de movilizar a su electorado. La intención es convertir la oposición a la guerra en un elemento identitario del bloque progresista, evocando el recuerdo del “No a la guerra” que marcó la política española en 2003 durante el Gobierno de José María Aznar.
El Ejecutivo intenta así invertir el discurso de la derecha. Durante los últimos días, dirigentes del PP y de Vox han acusado a Sánchez de aislar a España de sus aliados occidentales y de romper la posición tradicional del país dentro del bloque atlántico. Desde el PSOE se responde presentando la postura del presidente como un acto de "patriotismo” frente a lo que consideran una actitud “servil” hacia Estados Unidos por parte de la oposición.
La batalla simbólica también se ha trasladado a las redes sociales. El ministro de Transportes, Óscar Puente, utilizó recientemente el emoji de la bandera española en X para acompañar su rechazo a la guerra de Irán, un gesto que algunos usuarios vinculados a la derecha habían comenzado a emplear para denunciar la posición del Gobierno.
El movimiento político que Sánchez pretende impulsar busca ir más allá de la izquierda tradicional. En su entorno consideran que el rechazo a una escalada militar puede generar simpatía entre votantes moderados o incluso entre algunos electores del PP incómodos con la posición de su partido. Sin embargo, el contexto es muy distinto al de hace dos décadas: Alberto Núñez Feijóo se mantiene en una posición ambigua respecto al conflicto y evita aparecer alineado con cualquier intervención militar.
Como publicó esta semana Javier Portillo, Moncloa está pensando ya en los intereses del candidato Pedro Sánchez a las próximas elecciones generales, mientras hacen como si los comicios de este domingo en Castilla y León no fueran con ellos. Sánchez también se desvinculó del mal resultado de su partido en Extremadura y en Aragón.