Naturaleza
Así son las fascinantes islas de los dioses de Galicia que visitaron medio millón de personas en 2025
El archipiélago atlántico se mantiene envuelto en el silencio, entre acantilados imposibles y playas difíciles de olvidar
No hay en Galicia un lugar donde el mar, los acantilados y el viento dialoguen de un modo tan intenso como en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia. Un archipiélago fragmentado, expuesto al Atlántico, que sigue ejerciendo una atracción casi mítica sobre viajeros de dentro y fuera de la comunidad.
En 2025, cerca de 500.000 personas recorrieron alguno de sus cuatro grandes conjuntos insulares, confirmando que estas islas —a las que ya el geógrafo Ptolomeo llamó las islas de los dioses— continúan siendo uno de los grandes símbolos naturales del noroeste peninsular.
El dato no es únicamente cuantitativo. Habla también de un modelo de visita regulada, de control de accesos y de una estrategia de desestacionalización que busca proteger uno de los ecosistemas más valiosos del litoral europeo sin renunciar a su dimensión social y divulgativa.
Cíes, el corazón del mito atlántico
El peso de la historia y del imaginario colectivo sigue recayendo, un año más, sobre las Cíes. Con 323.357 visitantes, concentraron cerca del 66 % del total del parque nacional en 2025, manteniéndose como el enclave más visitado, aunque con una ligera bajada respecto al año anterior.
Las Cíes son, ante todo, un contraste. Al oeste, los acantilados se alzan abruptos frente al océano; al este, playas de arena blanca y aguas sorprendentemente tranquilas, como Rodas o Figueiras, dibujan una postal que ha dado la vuelta al mundo. Tres islas —Monteagudo, Faro y San Martiño— forman un territorio donde el senderismo, la observación de aves y el simple silencio siguen siendo parte esencial de la experiencia.
Pero más allá de la imagen icónica, las Cíes son también un espacio altamente protegido, con cupos diarios, autorización previa y una vigilancia constante para preservar sus fondos marinos, sus colonias de aves y un paisaje que ha sobrevivido, no sin esfuerzo, a décadas de presión humana.
Ons, la isla habitada que resiste al tiempo
La Isla de Ons volvió a demostrar en 2025 su fortaleza como destino singular dentro del parque, con 142.309 visitantes, prácticamente la misma cifra que el año anterior.
A diferencia de otros archipiélagos, Ons mantiene una pequeña población permanente, lo que le confiere un carácter propio: caminos que atraviesan aldeas, campos cultivados, faros y miradores desde los que el Atlántico se muestra en toda su crudeza.
Ons es memoria viva del litoral gallego, un lugar donde la relación entre el hombre y el mar no se ha roto del todo y donde la visita turística convive con formas de vida tradicionales que el parque nacional trata de preservar.
Sálvora, el silencio frente a la Costa da Morte
Más discreta, más enigmática, la Isla de Sálvora recibió en 2025 14.634 visitantes. Situada a la entrada de la ría de Arousa, Sálvora es una isla de historias de naufragios, de leyendas transmitidas en voz baja y de un paisaje donde el granito domina sobre cualquier rastro humano.
Las visitas, siempre guiadas y controladas, permiten recorrer antiguos caminos, restos de asentamientos y playas salvajes que refuerzan la sensación de estar en un territorio apenas alterado, donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo.
Cortegada, la isla que despierta
La gran sorpresa del año volvió a ser Isla de Cortegada, que cerró 2025 con 10.588 visitantes, superando por primera vez la barrera de los 10.000 y duplicando su afluencia en apenas cinco años. A diferencia del resto, Cortegada no mira al mar abierto: se esconde en el interior de la ría, cubierta por uno de los mayores bosques de laurel de Europa.
Es, quizá, la isla más silenciosa y menos conocida del parque, pero también la que mejor encarna la apuesta institucional por diversificar las visitas y repartir la presión turística a lo largo del año y del territorio.
Búsqueda del equilibrio
Agosto volvió a ser el mes de mayor afluencia, con más de 163.000 visitantes, seguido de julio y junio, aunque los datos de Semana Santa, mayo, octubre y los meses previos al verano confirman una tendencia clara hacia la desestacionalización.
A ello se suma el trabajo divulgativo del Centro de Visitantes de Vigo, que en 2025 atendió a más de 4.500 personas en actividades educativas y formativas.
Las Illas Atlánticas no son solo un destino turístico: son un laboratorio de gestión ambiental, un espacio donde Galicia ensaya cómo compatibilizar éxito, conservación y pedagogía. Y quizá ahí resida su verdadero valor. Porque en estas islas, más que visitar un lugar, el viajero aprende —aunque sea por unas horas— a habitar el paisaje con respeto.