Caso Epstein

Masajes, cheques y Buckingham: el incómodo verano del expríncipe Andrés

Un recibo de 75 libras pagado desde la cuenta real reabre preguntas sobre los privilegios, amistades y gastos del exduque de York

El expríncipe Andrés, hermano de Carlos III, abandona su mansión en Windsor
El expríncipe Andrés, hermano de Carlos IIIAgencia EFE

En el verano de 2000, cuando la monarquía británica navegaba tiempos relativamente apacibles y el nombre del entonces príncipe Andrés apenas asomaba en titulares incómodos, una masajista sudafricana cruzó las puertas del Buckingham Palace sin controles de seguridad aparentes. Dos décadas después, aquel encuentro vuelve a escena con un detalle difícil de ignorar: la factura de 75 libras fue abonada con un cheque oficial del Palacio, girado desde una cuenta de Coutts utilizada por la Familia Real.

Según la versión ofrecida al Daily Mail por la terapeuta Monique Giannelloni, el entonces duque de York la recibió en un dormitorio privado. Tras saludarla en bata, desapareció en el baño y regresó completamente desnudo antes de recostarse en la camilla de masaje. "Aparté la mirada y me sentí bastante avergonzada", relató. Asegura que solo le dio un masaje en aquella ocasión y que, por su experiencia personal, no puede decir nada negativo de él.

Extraño e incómodo

La cita no fue casual. Giannelloni afirma que fue recomendada por Ghislaine Maxwell, quien habría conseguido sus datos a través del boca a boca entre clientes de alto perfil. En un encuentro previo en Nueva York, la masajista asegura que también estuvo presente Jeffrey Epstein, mientras ambos conversaban sobre la compra de una isla valorada en 20 millones de libras. "Fue extraño e incómodo", recuerda.

Ghislaine Maxwell y el Príncipe Andrés
Ghislaine Maxwell y el Príncipe AndrésGtres

Poco después, recibió una llamada del personal del duque para concertar la cita en el Palacio. El cheque, fechado el 20 de julio de 2000, fue firmado por la entonces asistente personal de Andrés, Charlotte Manley, y emitido desde la cuenta Coutts vinculada a la Casa Real. El detalle financiero es el que ahora provoca mayor incomodidad: ¿era un gasto institucional o estrictamente privado?

La cuestión adquiere mayor relieve al considerar el contexto. Meses más tarde, Andrés asumiría el cargo de enviado comercial del Reino Unido, puesto que ocupó entre 2001 y 2011, hasta su dimisión forzada por su amistad con Epstein.Durante esa década, según denunciaron a la BBC antiguos funcionarios de Whitehall, los gastos de viajes, vuelos en primera clase, suites de hotel y tratamientos de spa -ncluidos masajes en destinos como Indonesia- habrían recaído discretamente sobre el erario público.

Las revelaciones contradicen declaraciones previas del Palacio, que sostuvo que el duque sufragaba "todos los gastos personales" en sus viajes oficiales. Un ex funcionario aseguró haber intentado bloquear un pago por "servicios de masajes" tras una visita a Oriente Medio, pero sus superiores lo autorizaron igualmente. "Era como si no fuera dinero real", lamentó otro alto cargo.

La Familia Real británica se financia a través de la Subvención Soberana, los beneficios del Ducado de Lancaster y del Ducado de Cornualles, además de inversiones privadas. Sin embargo, más allá de las estructuras contables, el episodio de las 75 libras simboliza algo más profundo: la delgada línea entre lo institucional y lo íntimo cuando se vive -y se gasta- bajo el techo más emblemático del Reino Unido.