
Debate ético
Sarah Ferguson estudia participar en un reality sobre los corgis de Isabel II que incluía su posible clonación
La exduquesa de York mantuvo contactos con productores en Estados Unidos en busca de ingresos, aunque su entorno niega que quisiera llevar el proyecto a cabo

Pocas historias resultan tan desconcertantes -y, al mismo tiempo, tan reveladoras- como la última que rodea a Sarah Ferguson. Según desveló el dominical británico Mail on Sunday, la exduquesa de York habría explorado la posibilidad de protagonizar un programa de telerrealidad centrado en los icónicos corgis de la difunta Isabel II. Pero no se trataba de un simple docu-reality: la propuesta incluía, nada menos, que la clonación de los animales.
Descrita por productores de Hollywood como una idea "audaz y controvertida", la iniciativa habría tenido un claro objetivo comercial: vender ejemplares genéticamente replicados a amantes de los perros en todo el mundo. Un concepto que, de materializarse, habría situado a Ferguson en el epicentro de un debate ético tan incómodo como lucrativo.
Porque la clonación de mascotas, aunque legal en países como Estados Unidos, está lejos de ser un terreno pacífico. Expertos en biotecnología llevan años advirtiendo de los riesgos asociados: desde posibles anomalías físicas hasta problemas de salud derivados de procesos aún imperfectos. Sin embargo, el negocio existe -y prospera-. En el mercado estadounidense, un perro clonado puede alcanzar cifras de hasta 75.000 libras esterlinas, convirtiendo el afecto en una inversión de lujo.
La historia se remonta a mayo de 2023, cuando Ferguson, enfrentando dificultades económicas, buscaba nuevas formas de capitalizar su residual estatus real. Fue entonces cuando surgió la idea de monetizar a Muick y Sandy, los corgis que le fueron confiados tras la muerte de la reina ocho meses antes. Según fuentes cercanas, la exduquesa mantuvo encuentros con ejecutivos de Halcyon Studios en Los Ángeles, en una serie de almuerzos y cenas donde se discutieron posibles formatos televisivos.
"El objetivo era volver a la televisión y generar ingresos", afirma una fuente. "La idea de incluir a los corgis fue evolucionando… hasta que alguien mencionó la clonación". Una propuesta que, por extravagante que parezca, refleja la creciente tendencia de convertir incluso los símbolos más tradicionales en contenido susceptible de ser monetizado.
Legalmente, el asunto añade otra capa de complejidad. En el Reino Unido, la clonación de animales está restringida a entornos científicos, pero existe una vía alternativa: enviar muestras biológicas al extranjero, donde el proceso sí es permitido. Una grieta normativa que ha sido aprovechada por quienes pueden permitirse el elevado coste del procedimiento.
Desde el entorno de Ferguson, sin embargo, se ha intentado enfriar la polémica. Un portavoz aseguró que la exduquesa "nunca impulsó" estas conversaciones y que, en todo caso, se retiró voluntariamente de ellas. También subrayan que su interés por un programa sobre perros es antiguo y no exclusivo de los corgis reales.
Aun así, la mera posibilidad de clonar a los animales más emblemáticos de la monarquía británica plantea una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede estirarse el legado de la realeza antes de romperse?
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