Delitos sexuales

Harvey Weinstein, entre la enfermedad y el aislamiento: "No quiero morir aquí"

El antiguo magnate de Hollywood, símbolo de poder durante décadas y hoy condenado por múltiples agresiones sexuales, asegura a "The Hollywood Reporter", desde la cárcel de Rikers Island, que teme no volver a ver la libertad mientras espera un nuevo juicio en Nueva York

Harvey Weinstein, a su llegada a los juzgados de Manhattan, donde ser celebró su juicio (AP Photo/Mark Lennihan, File)
Harvey Weinstein, a su llegada a los juzgados de Manhattan, donde ser celebró su juicio (AP Photo/Mark Lennihan, File)Mark LennihanAgencia AP

Hubo un tiempo en el que Harvey Weinstein era uno de los nombres más influyentes de la industria cinematográfica. Durante décadas, su figura dominó los despachos y las alfombras rojas de Hollywood. Hoy, a sus 73 años, el panorama es radicalmente distinto: el productor cumple condena por delitos sexuales y aguarda un nuevo proceso judicial en Nueva York desde la prisión de Rikers Island.

Desde allí, el antiguo ejecutivo ha ofrecido recientemente un testimonio crudo sobre su estado físico y emocional. Weinstein asegura que su salud se ha deteriorado gravemente desde que ingresó en prisión. Durante su estancia tras las rejas le diagnosticaron cáncer de médula ósea, una enfermedad que, según sus propias palabras, lo ha dejado profundamente debilitado. El productor afirma que llegó a temer por su vida cuando sufrió un episodio médico que terminó con su traslado de urgencia al Bellevue Hospital, donde fue sometido a una operación cardíaca.

Soledad

En sus declaraciones describe meses especialmente duros: noches heladas en la celda, episodios de extrema debilidad y la sensación constante de que su salud podría quebrarse en cualquier momento. "No quiero morir aquí", ha dicho, convencido de que su situación judicial podría prolongarse mientras su estado físico empeora.

Harvey Weinstein llegando al juzgado de Nueva York
Harvey Weinstein llegando al juzgado de Nueva YorkSeth WenigAgencia AP

La vida cotidiana en Rikers, asegura, está marcada por la soledad. Pasa prácticamente todo el día en su celda -hasta 23 horas- con muy poco contacto humano. La situación contrasta con su experiencia en otras prisiones estatales donde, según relata, al menos podía compartir tiempo con otros internos viendo televisión o conversando. En su actual módulo, el contacto se limita casi exclusivamente a guardias y personal sanitario.

Su notoriedad tampoco ayuda. Weinstein sostiene que su fama lo convierte en un objetivo dentro de la prisión, lo que le obliga a mantener cierta distancia con otros reclusos. En un episodio reciente, cuenta, fue golpeado por otro interno mientras esperaba su turno para utilizar el teléfono. Terminó en el suelo, sangrando, pero afirma que nunca reveló quién fue el agresor, consciente de las reglas no escritas que rigen la vida carcelaria.

A pesar del aislamiento, el productor mantiene un vínculo con parte de su familia. Dos de sus hijas decidieron cambiar sus apellidos y cortar todo contacto tras el estallido del escándalo que sacudió Hollywood en 2017 y dio impulso al movimiento #MeToo movement. Sin embargo, otros tres hijos continúan hablándole.

Las llamadas telefónicas se han convertido en su principal conexión con el exterior. Weinstein dispone de unos pocos minutos cada varias horas y asegura que intenta utilizarlos para hablar a diario con sus familiares.

Mientras espera nuevas decisiones judiciales en los tribunales de Manhattan Criminal Court, el antiguo magnate vive entre dos realidades opuestas: el recuerdo de una vida marcada por el poder y la incertidumbre de un presente en el que, según él mismo reconoce, el tiempo parece agotarse.