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Las pasiones de Alfonso Mañueco: un amor desde la facultad, los toros, el Real Madrid y Tarantino

Acostumbrados a verle en grandes eventos, los pequeños momentos nos ayudan a conocer su identidad y su calidad humana. Descubrimos cómo es el presidente castellano-leonés

El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco
El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco FOTO: Juan Carlos Hidalgo EFE

Alfonso Fernández Mañueco es de los que patean la calle, pero no a grandes zancadas, sino deteniéndose a cada paso y respondiendo al saludo de la gente sin más reparo que el que impone la circunstancia pandémica. Quienes le acompañan saben que sería de necios hacerle correr tras otras ocupaciones cuando lo primario es ese comerciante que alza la persiana al amanecer o el padre que le para de camino al colegio. LA RAZÓN ha recreado con su equipo la biografía del presidente de la Comunidad de Castilla y León y su día a día mientras prepara su reelección de cara al 13 de febrero. Duerme pocas horas, pero se levanta con energía y buen ánimo. Es un gentleman y, como tal, practica la cultura de los buenos modales sabiendo qué lugar ocupa en todo momento y tirando de una campechanía que hace que resulte cercano, pero nunca zalamero. No es amigo ni de camelos ni de ruidos. Lo suyo es la oratoria sosegada, la mirada firme y ese carácter tan castellano que le dicta cómo conjugar pasión, tenacidad y fuerza de voluntad.

Aunque tiene raíces vallisoletanas y palentinas, nació y se crió en Salamanca, la ciudad en la que vive y que le vio enamorarse en las aulas de la antigua Facultad de Derecho, un edificio con gran solera a tono con la arquitectura histórica de la Universidad de Salamanca. Aquí conoció a Serafina (Fina) Martín Lozano, su mujer, y Cupido no pudo disparar con mejor acierto. Enseguida empezaron los roneos en esas callecitas en torno a San Esteban, el Patio de Escuelas o la Torre del Clavero que inspiraron a Carmen Martín Gaite su novela «Entre visillos».

El Cojo Manteca

La pareja intuyó entonces un primer amor que sería para toda la vida. Eran los años de las revueltas estudiantiles en protesta por la política educativa del ministro socialista José María Maravall. Con el Cojo Manteca como estrella mediática, aquello no era el Mayo francés, pero se le parecía. En las aulas de Derecho el acento de estas protestas era menos combativo. Ni el carismático profesor de Derecho Romano Alfredo Calonge interrumpió sus clases, ni la capilla de Santa Bárbara dejó de recibir la visita de estudiantes pidiéndole que intercediese en sus exámenes. A Dios orando, con el mazo de cartas dando. Poco había más sagrado que las partidas de mus en la cafetería de los bajos del edificio.

En esa época, Mañueco ponía a prueba su capacidad de gustar a la gente y de amarrarla para una causa. Con 18 años se había afiliado a Nuevas Generaciones del PP y poco después fundó la Asociación de Estudiantes de Salamanca (AEUS). Tenía ya ese impulso seductor, contagioso y franco que aprendió de su padre Marcelo, también abogado y alcalde de Salamanca entre 1969 y 1971. Aunque se formó durante un tiempo con frailes dominicos, nos desmienten eso de que su progenitor llegase a tomar los hábitos. Es el menor de ocho hermanos, tres de ellos fallecidos, igual que sus padres. Su madre Pilar murió en enero de 2015 a los 90 años. Fue un apoyo fundamental en su vida y la recuerda en sus redes con una tierna imagen.

Esos cimientos familiares los traslada a la política como valor ineludible para el progreso de un país. Esta misma semana su hija Ana, graduada en Derecho y opositora, celebraba su 25 cumpleaños y el presidente no pudo reprimir la emoción ante su equipo por el orgullo y la magnitud de la paternidad. Su hija menor, Loreto, tiene 21 años y está igualmente implicada en la vida política del padre.

La esposa de Mañueco, Fina, es hija de José Martín, más conocido como Pepe Villares, que ejerció como alcalde de Villares de la Reina durante 45 años. A pesar de ser hombres de carácter y fuertes convicciones, nos garantizan que nunca hubo choque de egos. Suegro y yerno supieron ganarse absoluta confianza. Fina trabaja como funcionaria en el Ayuntamiento de Villoria, a pocos kilómetros de Salamanca, y, a pesar de la carga política familiar, ha conseguido mantener un perfil más que discreto.

Bajo ese tesón inquebrantable que le lleva a dirigir sin vacilar, despertando emociones siempre polarizadoras en la clase política, el presidente esconde un corazón cálido. «Es accesible, afable y muy exquisito en las formas –nos dicen–. Nunca le verás que levanta la voz o pierde la paciencia». Todo lo que en él se ve es genuino, incluso su impecable estilo clásico en el vestir. Sus asesores nunca han creído necesario sugerirle un cambio.

Genuino es también su controlado hedonismo para disfrutar de las tradiciones castellanoleonesas y de todo aquello con sabor a la tierra, desde los montaditos de panceta a los contundentes platos de puchero, como las lentejas con chorizo o las patatas meneás. Para allanar la digestión y de paso ordenar el pensamiento, da largos paseos por la ciudad o por la ribera del río Tormes. Sale casi siempre al caer la tarde, cuando el cielo empieza a ponerse lánguido y la catedral, al fondo, desprende magia. Salamanca, sabia, literaria y juvenil, es ciudad de contrastes. También en lo meteorológico. En ella nació el derecho al pataleo, cuando los estudiantes golpeaban el suelo con los pies para intentar burlar el frío invierno salmantino.

En este paisaje habría encontrado Hemingway otro pedazo de cielo: una plaza de toros con dos entradas vitalicias y un río de truchas. A Mañueco también le apasiona la fiesta taurina. Con El Viti mantiene una excelente relación y admiró a Julio Robles y a El Niño de la Capea. También es futbolero e hizo sus pinitos infantiles como portero de fútbol sala. Es tan leal al Real Madrid como al partido político que le vio asomar la barba. En casa disfruta en familia viendo cine o series y leyendo. Es incondicional de Tarantino, la música de los ochenta y Mario Vargas Llosa. Sus últimas lecturas han sido «La fiesta del chivo» y el último libro de Rajoy, «Política para adultos»

Estamos acostumbrados a verle en grandes eventos, pero esos pequeños momentos nos ayudan a conocer su identidad y su calidad humana y a saber por qué camina recto en sus convicciones. Asume las semanas que tiene por delante con ganas porque «España –asegura– se juega mucho». Apuesta fuerte y su deseo es ganar a lo grande.