Defensa
¿Cómo funcionan las bases subterráneas de Irán? Así es el entramado de "ciudades misil" que preocupa a Occidente
La República Islámica ha excavado una red de túneles en sus regiones montañosas para proteger su arsenal de cohetes, garantizando así su capacidad de respuesta ante un ataque enemigo sin ser detectados por la vigilancia satelital
La estrategia militar de Irán ha encontrado en su accidentada geografía un aliado fundamental para preservar su principal herramienta de disuasión, aprovechando las cadenas montañosas que atraviesan el país, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ha desarrollado un extenso sistema de instalaciones subterráneas conocidas como "ciudades misil".
Estos complejos son bases operativas completas donde se almacenan, mantienen y preparan para el lanzamiento proyectiles balísticos y de crucero, junto con drones y sistemas de defensa antiaérea.
La profundidad de estos túneles, que según fuentes militares iraníes puede alcanzar los quinientos metros bajo la roca, y su refuerzo con múltiples capas de hormigón, los convierten en objetivos de extremada dificultad para cualquier ataque aéreo convencional.
Capacidad ofensiva y alcance estratégico desde la profundidad
En el interior de estos laberintos, que se extienden a lo largo de varios kilómetros, se han llegado a alinear decenas de camiones con lanzaderas listas para entrar en acción.
Las imágenes difundidas por Teherán muestran modelos como el Kheibar Shekan, el Emad o el Sejjil, este último un cohete de dos etapas y 18 metros de longitud capaz de alcanzar objetivos a 2.000 kilómetros de distancia.
Este tipo de proyectil ha sido empleado en los recientes intercambios de fuego con Israel, evidenciando que, pese a los ataques contra las lanzaderas móviles en superficie, el grueso del arsenal permanece resguardado. La ubicación exacta de la mayoría de estas bases sigue siendo un secreto militar, lo que obliga a sus adversarios a dedicar importantes recursos de inteligencia para localizarlas antes de poder neutralizarlas.
La existencia de estas fortalezas subterráneas plantea un desafío directo a la superioridad aérea israelí; aunque sus aviones de combate equipados con bombas antibúnker podrían degradar estas instalaciones si logran impactar en los puntos precisos de lanzamiento, la detección previa sigue siendo el principal obstáculo.
Un aspecto que genera especial preocupación en Occidente es la posible conexión de estas bases con el programa nuclear persa; si bien los misiles almacenados son actualmente convencionales, reconocen que modelos como el Shahab-3 o el Khorramshahr serían los vectores ideales para transportar una eventual arma atómica.
Esta ambigüedad estratégica refuerza la determinación de Israel para continuar atacando estas instalaciones, con el objetivo de degradar no solo la capacidad de respuesta inmediata de Irán, sino también su potencial futuro como potencia nuclear.