Cargando...

Gira asiática

Macron reafirma en su visita a Japón su compromiso con el Indopacífico

El presidente francés advirtió de los efectos “dramáticos” de la guerra en Oriente Medio sobre la seguridad energética

El presidente francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi KIM KYUNG-HOON / POOLEFE

Con más de 350 empresas en la delegación, Emmanuel Macron arrancó en Japón una gira de cuatro días con vocación de hoja de ruta, para reforzar el peso económico de Francia en Asia, blindar las cadenas de suministro y coordinar respuestas ante un entorno global crecientemente volátil, entre la guerra en Irán, la sobrecapacidad industrial china y los bandazos que llegan desde Washington.

Client Challenge

Recibido en el Palacio de Akasaka por la primera ministra Sanae Takaichi, el presidente francés puso el foco este miércoles en el respeto al derecho internacional y en cómo el conflicto en Oriente Medio reajusta los flujos energéticos, con el estrecho de Ormuz como cuello de botella del crudo que alimenta a Asia y Europa. Desde Tokio defendió una “coalición de independientes” que conecte a Europa y Asia en la construcción de un modelo industrial más autónomo, con una agenda que combina diplomacia, incentivos y regulación. Bruselas se vende así como plataforma de “previsibilidad” frente a decisiones súbitas que disparan el coste de la energía, alteran fletes marítimos y congelan decisiones de inversión.

Ya en el terreno simbólico, Macron convirtió un regalo de Studio Ghibli en manifiesto antifascista. Una ilustración inédita de Hayao Miyazaki, inspirada en Porco Rosso, dejó de ser guiño folclórico nipón para funcionar como consigna de campaña: mejor “cerdo” que fascista, mejor marginalidad que sumisión al autoritarismo. Al presentar la obra como una “idea irreductible de libertad frente a la brutalidad”, el Elíseo capitalizó el peso cultural de Ghibli para blindar su relato liberal en una Europa acosada por los extremos.

Macron advirtió de los efectos “dramáticos” de la guerra en Oriente Medio sobre la seguridad energética, con un Ormuz de facto bloqueado por la dinámica, del que depende una parte sustancial del petróleo que sale del Golfo. Para Japón, el impacto es directo, dado que cerca del 95% de sus importaciones de crudo proceden de ahí, lo que convierte cualquier tensión en un riesgo nacional que se traslada a precios, inflación y márgenes industriales.

Europa, que ya arrastra el shock energético provocado por la invasión rusa de Ucrania, afronta un nuevo test de estrés, con costes más altos para sectores electrointensivos y una presión adicional sobre la política monetaria si la inflación repunta. Ante ese escenario, Macron repite un mensaje destinado a Tokio y a los mercados: “Europa está a vuestro lado”, ligando la solidaridad energética y diplomática a dos banderas clásicas del Elíseo, el derecho internacional y la búsqueda de una salida negociada a la crisis.

El líder francés pivota su narrativa hacia el mercado de capitales, transformando la parsimonia burocrática de la Eurozona en un activo de certeza regulatoria. Ante una Casa Blanca capaz de ejecutar giros de 180 grados en política arancelaria y energética sin previo aviso, Macron posiciona a Francia —y por extensión al bloque europeo— como el socio de referencia para inversores que huyen de la incertidumbre.

La tesis apunta a que la lentitud legislativa no es un lastre, sino una garantía contra la arbitrariedad. París busca capitalizar el desgaste por la inestabilidad estadounidense, ofreciendo un marco jurídico blindado frente a shocks externos, pero manteniendo intacta la dependencia del paraguas defensivo de la OTAN. Se trata de una arquitectura de "doble vía" que prioriza la seguridad jurídica sin fracturar el eje transatlántico en Asia.

La agenda económica es solo la mitad de la ecuación. En cuanto a defensa, Francia y su anfitrión han multiplicado ejercicios militares bilaterales desde 2018, en el marco de un “partenariado de excepción” que se apoya en acuerdos de información, transferencia de tecnología y un pacto logístico ACSA para facilitar operaciones conjuntas en el Indo-Pacífico. Para Michito Tsuruoka, profesor de la Universidad de Keio y ex alto cargo de Defensa, ha llegado el momento de subir de nivel: “Es momento de mejorar la interoperabilidad real. Japón debe usar su cooperación con Francia como herramienta de disuasión regional”. En otras palabras, no basta con maniobras simbólicas; el objetivo pasa por capacidades que, en caso de crisis, sean efectivas.

El contexto de seguridad es explosivo. La ‘Dama de hierro’ nipona calificó una eventual crisis en Taiwán como “amenaza a la supervivencia” de su país, una expresión que en el lenguaje constitucional abre la puerta a un uso más amplio de las Fuerzas de Autodefensa y que ha alimentado la ira de Pekín.

Francia, potencia residente en el Indo-Pacífico con territorios y fuerzas desplegadas en la región, camina mientras tanto por la cuerda floja. Se opuso a la apertura de una oficina de enlace de la OTAN en Tokio para no “provocar” a China y mantener la Alianza centrada en el Atlántico Norte, pero al mismo tiempo intenta ser un garante táctico creíble para Tokio.

El Elíseo endurece su discurso y urge a una convergencia estratégica que blinde la soberanía económica frente a las potencias hegemónicas. Bajo la premisa de "mitigar riesgos sin desacoplar", la hoja de ruta de Macron prioriza la autonomía en sectores críticos —semiconductores, energía y defensa— para evitar que las cadenas de valor europeas queden como rehenes de tensiones geopolíticas ajenas.

Esta propuesta busca articular un bloque flexible de economías avanzadas y potencias emergentes, como India o Brasil, capaces de resistir el proteccionismo agresivo y sanciones cruzadas. El objetivo es transitar de la teoría académica a una autonomía estratégica real, basada en el control tecnológico y la robustez de suministros, rechazando cualquier forma de vasallaje industrial.

Tras blindar la relación institucional en Tokio con una visita de máximo nivel diplomático ante el Trono del Crisantemo, la agenda del Elíseo se traslada a Corea del Sur, donde se abandona el protocolo para entrar en el terreno de la competencia sistémica. Seúl se consolida como un socio ambivalente. Es un proveedor crítico de semiconductores y tecnología de defensa, pero también un rival que desafía la hegemonía industrial europea en automoción y armamento. En este escenario, Macron busca navegar la dualidad coreana, que equilibra su dependencia de la seguridad estadounidense con un pragmatismo comercial innegociable hacia China.