
Guerra en Irán
Trump anuncia una nueva ronda de negociaciones directas esta semana en Islamabad
El mandatario estadounidense insiste en que "algo podría pasar en los próximos dos días" en Pakistán

Dos días después de la infructuosa primera ronda de negociaciones directas entre Teherán y Washington celebradas en Islamabad -ambas administraciones se acusaron mutuamente del fracaso de la cita, que llegaba cuatro días después de la entrada en vigor de la tregua-, el presidente de EE UU, Donald Trump, anticipó este martes la organización, en margen de apenas "dos días", de una segunda ronda de conversaciones en la capital pakistaní destinada a alcanzar un acuerdo que permita el desbloqueo del estrecho de Ormuz y poner fin a la guerra.
En declaraciones al diario New York Post, el mandatario estadounidense ha recomendado a los informadores que le preguntaban sobre una reanudación de las negociaciones que permanezcan en Pakistán "porque algo podría pasar en los próximos dos días". "Es más probable, ¿sabes por qué? Porque el mariscal de campo está haciendo un trabajo excelente", ha agregado en alusión al jefe del Estado Mayor del Ejército pakistaní, Asim Munir, uno de los principales nombres implicados en los esfuerzos diplomáticos junto al ministro de Exteriores del país asiático, Ishaq Dar.
Estambul podría acoger la segunda ronda de negociaciones
Al cierre de esta edición, el régimen iraní no confirmaba la noticia, pero sí admitía que sus representantes están en contacto permanente con Pakistán, principal país mediador, para la celebración de un eventual nuevo e inminente encuentro en Islamabad, según una fuente gubernamental aseguraba a la agencia estatal IRNA. Desde la capital pakistaní, un alto funcionario del Estado admitía haber tenido "una respuesta positiva de Irán sobre su disposición a participar en una segunda ronda de conversaciones". La cadena catarí Al Jazeera especulaba también con la posibilidad de que la segunda ronda de negociaciones directas entre la Administración Trump y Teherán se celebrara en Estambul, pues Turquía -como Islamabad, Ankara mantiene buenas relaciones con los dos bandos de la contienda- es la otra gran potencia regional implicada en la mediación.
Sin duda, la cuestión del enriquecimiento de uranio -como ha venido ocurriendo en los últimos meses- será uno de los puntos centrales de la discrepancia entre ambos países. En las últimas horas trascendía que la Administración Trump exige a Teherán 20 años sin enriquecimiento, a lo que el régimen de los mulás habría respondido ofreciendo con cinco. "Estados Unidos ha sugerido un mínimo de 20 años con todo tipo de restricciones", aseveraban ayer a la agencia EP fuentes conocedoras de la propuesta, rechazando así la posibilidad de que Washington pudiera acceder a cambio de ello a una retirada de sanciones, una exigencia de Irán, que defiende su derecho a realizar estas labores en línea con el Tratado de No Proliferación Nuclear.
Además, sigue interponiéndose entre Teherán y Washington el destino de los 450 kilos de uranio altamente enriquecido. La Administración Trump cree que se hallan enterrados bajo los restos de una de las instalaciones nucleares bombardeadas durante la contienda. Washington exige que Irán entregue y retire de su territorio la totalidad de la reserva, y el régimen de los mulás se sigue negando, y ofrece como alternativa diluirlo a niveles por debajo del 5%.
La cuestión de Ormuz
No menos importante es la cuestión de Ormuz, convertida en el punto más caliente de la guerra que iniciaran el pasado 28 de febrero las aviaciones de Israel y EE UU en Irán. El nuevo líder supremo, el hasta ahora invisible ayatolá Mojtaba Jamenei, ha insistido en que el estatus del estrecho no volverá a ser igual al que imperaba antes de la contienda. El cierre desde principios de marzo de una de las vías marítimas más importantes para el comercio internacional -por el estrecho de 34 kilómetros pasa habitualmente el 20% del petróleo del planeta- ha causado una escalada en los precios del hidrocarburo y amenaza con arrastrar a la economía mundial a una crisis generalizada.
"La dinámica de las negociaciones, junto con el bloqueo naval, aumenta la presión sobre la República Islámica. Mediante ofertas y contraofertas, EE UU podría intentar dividir a los sectores duros de los pragmáticos", estimaba a LA RAZÓN el politólogo hispano-iraní Daniel Bashandeh. "La presión económica puede acentuar esa fractura y derivar en inestabilidad interna o cambios de política", concluye el especialista en Irán.
Entretanto, en la primera jornada transcurrida desde el anuncio del bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz a buques que hacen escala en puertos iraníes, el Mando Central de las Fuerzas Armadas de EE UU (CENTCOM) aseguraba a lo largo de la jornada que ningún buque iraní había logrado superar el bloqueo impuesto en el estrecho de Ormuz. La autoridad militar estadounidense precisaba que seis embarcaciones cumplieron con las indicaciones "para dar la vuelta y regresar a un puerto iraní en el golfo de Omán". Según datos de varias plataformas de monitoreo, tres petroleros cruzaron el estrecho ayer: el petrolero Rich Starry, con bandera de Malawi y rumbo a China; el buque cisterna Murlikishan, bajo bandera de Madagascar y destino Irak; y el buque cisterna Peace Gulf, con bandera panameña y de camino a los Emiratos.
Por su parte, las autoridades iraníes volvieron a presumir de tener la situación bajo control al aseverar que, de hacerse efectivo el bloqueo, no tendría repercusiones para su economía, toda vez que los más de 8.000 kilómetros de fronteras terrestres y marítimas evitarán problemas de suministro, según afirmaba ayer el ministro de Interior Eskandar Momeni. El embajador de la República Islámica en Irán, Reza Amiri Moghadam, calificaba ayer el bloqueo como un acto de "terrorismo económico (...) imprudente y destinado, posiblemente, a guardar las apariencias".
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