Navidad

Así se crea la Cabalgata de Reyes de Madrid

Carrozas inspiradas en estrellas y libros, música, danza y una puesta en escena sostenible, marcarán la noche más mágica del año en la capital

La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, acompañada de los emisarios de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, presenta la cabalgata de Reyes en la biblioteca del Senado junto al presidente Pedro Rollán. © Alberto R. Roldán / Diario La Razón. 02 01 2026
Los emisarios de los Reyes Magos en la biblioteca del SenadoAlberto R. RoldánFotógrafos

En la Biblioteca del Senado el silencio pesa distinto. No es un silencio incómodo, sino uno lleno de palabras dormidas, de historias que esperan su turno. Ayer, entre estanterías neogóticas y volúmenes centenarios, ese silencio se rompió para hablar de niños, de caramelos, de estrellas y de Reyes Magos. No parece el lugar más obvio para presentar la cabalgata de Reyes de Madrid, pero basta escuchar a Delia Piccirilli, directora artística de la Navidad madrileña, para entenderlo todo. «Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca, lo dijo Borges», arrancó. «Y si hay una biblioteca que podría reconocerse como el paraíso, podría ser esta». No era solo una cita culta para abrir boca, era la clave de todo lo que vendrá la tarde del próximo lunes, 5 de enero, cuando Madrid vuelva a salir a la calle para recibir a Melchor, Gaspar y Baltasar bajo un lema que lo resume todo: El saber compartido.

La cabalgata de Reyes no es solo un desfile. Es un relato colectivo que se construye durante meses y que, este año, mira directamente al origen de los Reyes Magos: tres hombres sabios que observaban el cielo, estudiaban los astros y supieron reconocer una señal porque llevaban toda una vida mirando con atención. «Ese lema es el final de un proceso. Siempre nos gusta que los Reyes traigan un mensaje. En el fondo, el saber compartido, la curiosidad y la sabiduría giran alrededor de esos tres hombres sabios que supieron reconocer la estrella porque habían cultivado su conocimiento», explicó. De ahí nace todo lo demás. La idea de una cabalgata que no solo deslumbre, sino que recuerde a niños y adultos que aprender, preguntar y compartir lo aprendido es una forma de bondad. Que la sabiduría no es algo abstracto, sino algo que se transmite en gestos cotidianos: un abuelo leyendo un cuento, una madre sentada al borde de la cama, un maestro que despierta una pregunta.

La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, acompañada de los emisarios de Sus Majesta
La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, acompañada de los emisarios de Sus MajestaAlberto R. Roldán Fotógrafos

No es la primera vez que los Reyes Magos pisan una biblioteca. Delia recordó que hace años, uno de los emisarios reales quiso conocer y ojear el Auto de los Reyes Magos, esa pieza única que custodia la Biblioteca Nacional. «El interés por la cultura y el conocimiento de los Reyes Magos no es nada nuevo. Son tres hombres sabios y buenos. Y la sabiduría va directamente relacionada con la bondad». Por eso, presentar la cabalgata en la Biblioteca del Senado no era un gesto casual. El propio lugar lo explicaba todo: más de 340.000 volúmenes, un espacio pensado para custodiar y transmitir conocimiento. Una cápsula del saber, como la definió Piccirilli, que ayer se convirtió en la casa simbólica de los Reyes Magos.

En esa casa de libros tomaron la palabra los emisarios de Sus Majestades, figuras que este año representan distintas formas de conocimiento. La emisaria de Melchor, habló de astronomía y ciencia. De mirar al cielo con curiosidad. «Desde hace mucho tiempo, el rey Melchor alza la vista y hace preguntas a las constelaciones. Sabe que las estrellas y los planetas no hablan con palabras, pero saben contar historias», explicó. El emisario de Gaspar, puso el foco en los números, las líneas, la arquitectura y las artes. Recordó que la palabra Senado viene del latín «senatus», consejo de hombres sabios. «Eso es precisamente lo que son nuestros tres Reyes Magos: amigos que llevan mucho tiempo estudiando juntos, tres hombres buenos que siguen aprendiendo». Y el de Baltasar, habló desde los libros. Desde esa idea tan sencilla y tan poderosa de que leer es tener a alguien que te susurra al oído y te dice: «No estás solo». «Cuando un niño abre un libro, sabe que emprende un viaje. No sabe a dónde va, pero sabe que algo importante va a pasar». Estas era solo pistas de lo que el público verá el lunes: aves de la sabiduría, planetas, constelaciones, bibliotecas andantes, mundos literarios desfilando por la Castellana.

La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, acompañada de los emisarios de Sus Majesta
La delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, acompañada de los emisarios de Sus MajestaAlberto R. RoldánFotógrafos

Pero si algo quedó claro en la presentación es que la cabalgata no se improvisa. Marta Rivera de la Cruz, delegada de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, lo dijo sin rodeos: «La primera vez que empezamos a trabajar en la cabalgata de 2025 y 2026 fue el 9 de enero de 2025, justo cuando habían acabado las fiestas de Navidad». Un año entero para tres horas de desfile. Un año para pensar qué se puede mejorar, qué mensaje lanzar, cómo sorprender sin perder la esencia. «Es el trabajo más ilusionante, más importante y más bonito que hacemos en todo el año», confesó. Y también el que más responsabilidad conlleva: miles de niños, familias de toda España, cámaras de televisión y recuerdos que se quedarán para siempre.

Cómo se sueña una cabalgata

La pregunta es inevitable: ¿cómo se crea algo pensado para millones de niños, pero producido por adultos? Piccirilli lo tiene claro: «Diseñamos un gran espectáculo de calle dirigido a niños de entre 0 y 99 años». La cabalgata es un espacio de encuentro intergeneracional. Para el niño pequeño, el objetivo es sencillo: ver al Rey, que le salude, coger caramelos, sentir que la magia existe. Para el adulto, el mensaje es otro: recordar de dónde viene esa magia y, en este caso, reconocer el valor de quienes nos enseñaron a mirar con curiosidad. «Intentamos que tenga varios lenguajes. Pensamos en los pequeños, pero queremos que los adultos también se lo pasen bien. En el fondo, ese es el saber compartido», explica la directora artística.

La fantasía que el lunes recorrerá Madrid tiene nombres y apellidos. Está Ricardo Sánchez Cuerda, escenógrafo y diseñador de las carrozas reales, responsable también de esas grandes aves que abrirán la comitiva, diez aves de sabiduría acompañadas por un planisferio y planetas que guiarán a los Reyes. Está Nuria Castejón, coreógrafa y directora de escena, que con su cuerpo de baile llenará de luz y alegría el recorrido. Está Gabriela Salaverri, diseñadora de vestuario, capaz –con su equipo– de crear más de 300 trajes a medida en tiempo récord para voluntarios y figurantes. Está Pedro Chamizo, diseñador de luces y visuales. Y detrás de todos ellos, un equipo enorme que trabaja en una producción «durísima y complicadísima», en palabras de Piccirilli. En total, más de 2.000 personas participarán en la cabalgata. Solo en seguridad, habrá más de 400 efectivos de Policía Municipal y más de 200 unidades de Samur desplegadas a lo largo del recorrido.

Este año, además, la magia mira al futuro. La cabalgata de 2026 será la más sostenible de la historia de Madrid. Las tres carrozas de los Reyes se moverán exclusivamente con energía eléctrica, y el resto utilizará combustibles renovables fabricados a partir de residuos, reduciendo hasta un 90% las emisiones. «Los Reyes Magos nos han pedido que les ayudemos a cuidar el planeta», explicó Marta Rivera de la Cruz. Y el mensaje conecta directamente con lo que decía la emisaria de Melchor: la ciencia que nos enseñó a leer el cielo es la misma que hoy nos enseña a cuidar la Tierra. Incluso los caramelos cuentan esa historia: se lanzarán más de 1.200 kilos, todos ellos sin azúcar.

El desfile comenzará a las seis de la tarde en el paseo de la Castellana y terminará en Cibeles, donde se espera el discurso de Sus Majestades alrededor de las nueve. Habrá más de 10.000 plazas para sentarse, con zonas reservadas para personas con discapacidad y colectivos que trabajan con niños y niñas con necesidades especiales. Madrid, además, está preparada para el frío, para la lluvia e incluso para una posible nevada ligera. Pero si algo falla, siempre quedará la ayuda de los Reyes, que –según prometieron– harán todo lo posible para que la cabalgata se desarrolle con normalidad. ¿Está todo medido al milímetro? «Intentamos que todo lo que hemos soñado se realice», dice Piccirilli. Las decisiones difíciles, asegura, son pocas. El verdadero reto llega el día del desfile, cuando surgen imprevistos y hay que cambiar el paso sobre la marcha. Al día siguiente, casi sin tiempo para descansar, llega el análisis. «Prácticamente el 10 de enero ya nos reunimos para pensar qué se puede mejorar», cuenta. La cabalgata es vulnerable porque depende de muchísima gente y de factores que escapan al control. Por eso se revisa todo, con lupa, para que lo que funciona se quede y lo que falla no se repita.

Este año, el homenaje es claro: a los maestros, a los padres y madres, a los abuelos y abuelas, a todas esas personas que enseñan a contar, a medir, a imaginar. A quienes nos despertaron la curiosidad sin saber que estaban sembrando algo grande. Como dijo el emisario de Baltasar, «el saber no ocupa lugar, no tiene tiempo y no se gasta si se comparte». Quizá por eso la cabalgata empieza en una biblioteca y termina en una plaza llena de gente. Porque el conocimiento, como la magia, solo existe de verdad cuando pasa de unos a otros. Ya queda menos para esa noche en la que volver a sentirse como niños y revivir la infancia.

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