
San Patricio
Bras Rodrigo, el gaitero que ha traído el desfile de San Patricio a Madrid: «Queremos ser el primero del mundo en asistentes»
El asturiano, director del evento desde 2023, dice que se estima una afluencia de unas 250.000 personas en esta cuarta edición que se celebrará el 14 de marzo

Cuando al gaitero Bras Rodrigo (Perlora, Asturias, 1978) le dicen que ahora quieren traer todas las festividades de fuera, que qué es eso de San Patricio, que si lo próximo será el Día de Acción de Gracias, él les dice que esperen un momentito, y les cuenta: «En 1601, en España, en la Florida española, en una ciudad, San Agustín de la Florida, fundada por el asturiano Pedro Menéndez de Avilés, hicieron el primer desfile de San Patricio de la historia. Eso fue 200 años antes que el desfile de Nueva York y de Boston». Es su forma de explicar que la tradición del desfile de San Patricio no es tan lejana, una fiesta que define como un «festival intercéltico a nivel mundial». Y como es mundial y él fue hasta 2017 el Coordinador Ejecutivo del desfile de Nueva York en Europa –«un nombre muy pomposo»–, tenía en la cabeza esa idea «loca» de traerlo a Madrid. Lo hizo y desde 2023 es el director del desfile en la capital, que se celebra el 14 de marzo en la Gran Vía y que este año encara su cuarta edición con una previsión de entre 200.000 y 250.000 asistentes.
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Este año Rodrigo destaca la participación de la banda de gaitas de la policía de Nueva York, que es «una auténtica pasada» y a la que traen «por primera vez a Europa». «Todos los cuerpos de bomberos, de policía en Estados Unidos tienen gaiteros, por la inmigración irlandesa y escocesa. Era donde trabajaban los irlandeses. Estados Unidos es el país más gaitero del mundo. Es una cosa alucinante», explica en un hotel de Gran Vía.
Además, resalta la presencia de la banda de gaitas St. Lawrence O’Toole de Dublín, que es de las tres mejores del mundo; la animación, que va a ser «sorprendente», y que habrá regalos. El desfile tendrá lugar en Gran Vía, desde el cruce con la calle Alcalá hasta la Plaza de España. El primer año no se hizo ahí: «Como era un proyecto nuevo que no sabían cómo iba a ir, hicimos de Plaza Mayor a calle Bailén. Y se saturó Madrid, porque vinieron 80.000 personas», cuenta. A partir de ese año pasó a Gran Vía, y en 2024 asistieron 150.000. El año pasado, con 180.000 asistentes, afirma Rodrigo que lo coloca como el segundo más grande de Europa después del de Dublín y entre el quinto y el séptimo del mundo. «¿Que queremos? Ir a por el primer puesto». Para ello, van a participar entre 1.200 y 1.500 personas, dice. Comenzará a las 17 y terminará a 19.30, aproximadamente. Finalmente habrá un concierto de cierre en Callao, en el que tocará Rodrigo con su grupo.
Rodrigo estará en ese escenario porque siempre lo supo, porque lleva tocando la gaita desde los cinco años, y no era muy común «ver a un guaje» tan pequeño tocando la gaita, pero también fue una casualidad, sobre todo cuando en su familia no hay ningún músico. Pero vivía al lado de la escuela de Perlora y un día que estaba con su abuelo escuchó el sonido de lo que eran gaitas –aunque él todavía no sabía lo que era una gaita: «Quiero tocar eso que está sonando», le dijo a su abuelo. «Estaba el maestro Chema de La Carriona (Avilés, Asturas). Y me dijo: oye, rapaz, si eres capaz de facer que suene, puedes ser gaitero», cuenta. «Me acuerdo que soplé mucho, que me mareé, pero conseguí que sonara. Y ahí empezó mi relación con la gaita».
Luego empezó a recibir clases hasta 1986, cuando murió su abuelo, al que estaba muy unido, y como la gaita le recordaba mucho a él lo dejó. Pero al año en casa ya le decían «oye, tienes que volver a sacar la gaita» y Rodrigo «ya tenía ese veneno dentro». Volvió a tocarla. Y con 12, 13 años ya decía «yo quiero ser gaitero» –que básicamente es dar clases de gaita y tocar por ahí, dice. Rodrigo tiene el grado profesional de música del Conservatorio de Oviedo y hoy vive de dar clases y de dar conciertos.
Siente que ahora se está viendo un ascenso de personas que quieren iniciarse en ese instrumento que define como «misterioso». «Hay muchos críos que quieren aprender, hay muchas bandas de gaitas», afirma. Quizá sobre todo en Asturias, donde dice que la gaita está totalmente presente en la cultura: «aunque no te guste la gaita, tienes contacto con ella porque está en cualquier fiesta».
Es posible que el desfile sea aquí menos conocido porque la colonia irlandesa en España es muy pequeña, dice. Pero la gaita –aunque cuando fue al desfile de Dublín le sorprendió que no vio ninguna– es un instrumento «eminentemente europeo». Él habla de una «España Celta». Esa línea imaginaria que, dice, va de Madrid hacia arriba y conecta Asturias, Galicia con Irlanda y Escocia.
Esa idea la defiende desde hace tiempo. Recuerda Rodrigo que cuando fundó la banda de gaitas de Corvera saltaron a la fama por haber ido al Mundial 2002 de Corea y Japón a tocar con la selección española. Eso hizo que los invitaran a Nueva York, con motivo del desfile. «Ellos sabían que venía una banda de España. Pero lo que piensan es: flamenco, toros, paella. Cuando nos vieron fliparon. Dijeron: ostia, si sois igual que nosotros», cuenta, y añade que trataba de explicar que había una cultura homóloga: esa España Celta. Ahí les dijeron que querían que siempre hubiera presencia española.
Desde entonces ha organizado desfiles multitudinarios y ha traído San Patricio a Madrid. Pero lo que más le gusta es tocar y componer –acaba de sacar la canción «La isla de los demonios». «A mí me gusta todo, eh, pero tocando encima de un escenario, soy…», dice y no encuentra las palabras. Donde simplemente es.
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