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Madrid duplicará su red de tanques de tormenta: una arma clave frente a las lluvias torrenciales

En 2024, los tanques de la capital contuvieron más de ocho mil millones de litros de aguas sucias que, posteriormente, pudieron ser depuradas

Madrid duplicará su red de tanques de tormenta: una arma clave frente a las lluvias torrenciales Comunidad de Madrid

La Comunidad de Madrid va a duplicar su red de tanques de tormenta, unas infraestructuras que son clave para la protección de los ríos de la contaminación y para la prevención de grandes inundaciones en las ciudades, en días de lluvia intensa. Actualmente, la región madrileña cuenta con 73, gestionados por Canal de Isabel II. De ellos, 38 se encuentran en la capital, donde evitan vertidos de agua sin tratar al Manzanares.

La previsión es superar los 150 tanques de tormenta, cuya construcción se encuentra enmarcada dentro del Plan Estratégico 2025/2030 de la empresa pública. En los próximos meses se iniciarán cinco en Fuenlabrada, dos en Getafe y otros dos en Móstoles.

Tanques de tormentaComunidad de Madrid

La Comunidad de Madrid cuenta con una gran red de saneamiento de la que forman parte unos 16.000 kilómetros de redes de drenaje, más de 150 plantas de depuración, casi dos centenares de estaciones de bombeo y los tanques de tormenta. Estos últimos únicamente entran en juego en determinadas ocasiones, pero resultan esenciales para proteger a los ríos en los días de precipitaciones intensas.

Y es que, al hablar del proceso de saneamiento, con frecuencia se olvida que por las redes de drenaje urbano no solo circula el agua residual de los hogares, comercios e industrias, sino que en casos como el de Madrid (con redes unitarias), estas mismas conducciones también recogen el agua de lluvia para enviarla (junto con las residuales) hasta las depuradoras. Allí, las aguas “sucias” son tratadas antes de devolverlas a los ríos en condiciones adecuadas para estos ecosistemas.

¿Qué pasa, entonces, cuando hay un episodio de lluvia abundante? El caudal de agua residual es más o menos fijo, pero a él se suma de repente una gran cantidad de agua que puede resultar inabarcable para determinadas depuradoras. Por ello existen los tanques de tormentas. Se trata de enormes depósitos creados para almacenar las primeras aguas pluviales y regular su paso hacia las plantas de depuración. Los tanques evitan, por tanto, que las depuradoras vean sobrepasada su capacidad e impiden que se vierta el excedente de agua, sin haber sido tratada, a los cauces receptores.

En un escenario sin tanques de tormentas, cuando las lluvias fuesen muy intensas, las estaciones depuradoras no podrían admitir todo el caudal recibido y se verían obligadas a derivar las aguas sobrantes, sin depurar, directamente a los ríos, con el consiguiente perjuicio medioambiental. Por suerte, los tanques sirven para paliar esas situaciones. Gracias a ellos, el ciclo natural de los ríos no se ve afectado. Igualmente, cumplen un importante papel impidiendo o minimizando las inundaciones.

Reservar las aguas pluviales hasta que puedan ser depuradas tiene un valor añadido. Y es que las primeras aguas de lluvia son las más contaminantes, en tanto que arrastran consigo toda la suciedad acumulada en las calles y el asfalto, sin olvidar los metales de la atmósfera. De esta forma, las deposiciones de mascotas, los aceites de vehículos o los desechos sólidos que hay en el suelo son empujados por la lluvia hacia los imbornales y alcantarillas. Teniendo en cuenta estos condicionantes, un estudio de Canal de Isabel II ha detectado que, en algunos puntos, el agua de escorrentía durante la primera hora de lluvia es más contaminante incluso que el agua residual en tiempo seco.

Para hacer frente a los residuos sólidos arrastrados, antes de su llegada en los tanques, el agua pasa por una serie de filtros que retienen este tipo de objetos. Los otros elementos sólidos que consiguen atravesar esa barrera quedan acumulados en el fondo o flotando sobre la lámina de agua. Botellas, bolsas de plástico, pelotas de tenis… el abanico de objetos que acaba en los tanques es abrumador y refleja el errático comportamiento de muchos ciudadanos en la superficie.

Por ello, aunque estas instalaciones son un buen escudo contra la contaminación de los cauces, hemos de recordar que la mejor forma de minimizar el riesgo es realizar una gestión responsable de los residuos: usando las papeleras en la vía pública y, sobre todo, no arrojando toallitas ni otros despojos por el retrete (solo deberíamos tirar papel higiénico convencional).

De las más grandes del mundo

Los tanques de tormentas desempeñan, por tanto, una doble función: por un lado, aumentan la capacidad de la red de drenaje y, en consecuencia, reducen las probabilidades de que se produzcan grandes inundaciones en las ciudades; por el otro, protegen a los ríos de la contaminación que arrastran las aguas residuales y de lluvia. De hecho, esta última es precisamente la principal razón de ser de los tanques de tormenta que gestiona Canal de Isabel II en la región.

Estas instalaciones son especialmente importantes en el tramo urbano del río Manzanares, ya que Madrid, a pesar de ser una de las capitales más importantes de Europa, no cuenta con un gran río como el Sena o el Támesis: el cauce del Manzanares es realmente escaso y su capacidad de autodepuración muy limitada. Para mantenerlo sano, resulta imprescindible contar con una importante red de tanques.

En la actualidad, Canal de Isabel II gestiona en la región más de 70 tanques de tormentas que suman más de 1,40 hm3 de capacidad total, el equivalente a 25 veces el estanque del parque del Retiro. Estas cifras, además, irán creciendo en los próximos años gracias a las inversiones previstas por la empresa pública al abrigo de su Plan Estratégico 2025-2030.

38 de los tanques operativos actualmente se distribuyen por el término municipal de Madrid, y solo el año pasado retuvieron 8,3 hm3 de agua. O, dicho de otro modo: impidieron que esa cantidad de agua contaminada terminara en el río.

De hecho, en la capital se encuentran dos de los mayores tanques de tormentas del mundo. Se trata de las instalaciones de Butarque y Arroyofresno (con 400.000 m3). Este último es sin duda uno de los más emblemáticos y conocidos. Ubicado en la zona noroeste de la ciudad, en el interior del Club de Campo Villa de Madrid, durante los episodios de tormentas esta infraestructura recibe el excedente de agua de los distritos de Fuencarral-El Pardo, Tetuán, Chamartín y Moncloa.

El tanque de Arroyofresno tiene 35.000 m2 de superficie y 22 metros de profundidad divididos en dos plantas: la de abajo, de unos 10 metros, está destinada a la acumulación de agua; en la planta de arriba se encuentra la sala de control. Toda la instalación representa un volumen total de construcción subterránea de cerca de 750.000 m3, de los cuales, 400.000 m3 están destinados al almacenamiento de agua.

El cuerpo del tanque, a su vez, está separado en dos compartimentos gracias a un muro pantalla de 246 metros. Así, el agua llena inicialmente uno de los compartimentos, de menor capacidad, pero suficiente para las tormentas ordinarias. Si las precipitaciones son más abundantes y se cubre por completo, el agua rebasa el muro y permite el llenado total de esos 400.000 m3. Al estar separadas ambas zonas, resulta más sencillo y operativo tanto su mantenimiento como su limpieza.

El agua de lluvia llega a este tanque a través de un único colector de más de 3 kilómetros de longitud que pasa por debajo del río Manzanares y de grandes infraestructuras como la M-30. Lo que más impresiona es su diámetro de casi 7 metros, que permite un caudal de agua de hasta 100 m3 por segundo, 30 veces más que el caudal medio del río.

Finalmente, este tanque cuenta con bombas que permiten su vaciado y que pueden derivar el agua, una vez concluida la tormenta, a los colectores de la margen derecha o izquierda del río Manzanares, para que puedan ser transportados hasta la depuradora de Viveros u otras plantas de saneamiento más lejanas.