Siria, destino favorito

Sandra Golpe

Estaba aquí, siguiendo las últimas informaciones bélicas, y me acordé de vosotras. Poco antes del estallido primero, hace siete años, nos reuníamos y planeábamos con frecuencia visitar Beirut y Damasco. El proyecto se convirtió en una especie de obsesión colectiva. Cuántas veces nos recreamos con aquel viaje, ¿verdad? Hoy apenas nos limitamos a verbalizar con ternura nuestro sueño incumplido en un grupo de Whatsapp. Qué pandilla, qué inconscientes éramos todas, nos visualizo flotando en el Mar Muerto, saltando de alegría sobre la tumba de Arafat –rodeadas de soldados– , descubriendo las miserias de Hebrón o caminando por los Altos del Golán. Éramos felices, recordadlo. Cuánto y cómo ha debido de llover sobre nuestras cabezas para que, de un tiempo a esta parte, observemos, descreídas, las noticias que luego contamos a los demás, cada una desde su medio de comunicación. Nos reímos de la contienda de buenos contra malos, vencedores sobre vencidos, victoriosos versus humillados. Sabemos que nadie gana nunca del todo, y menos en nuestro destino favorito. El ataque horrendo, con armas químicas, sobre la población siria de Duma, ha sido sin duda un crimen contra la humanidad y bien merece una respuesta comunitaria. «Misión cumplida», tuitea Trump. «Bonito, nuevo e inteligente misil», añade el susodicho sobre su arma mortal (Señor, en qué manos estamos). «Podemos sentirnos orgullosos del trabajo logrado» afirma, entretanto, desde la tele, la ministra gala de Defensa. Los aliados han alcanzado sus objetivos y yo me pregunto cuáles eran, verdaderamente, y hasta qué punto nos habrán contado la verdad. Donald Trump utiliza la guerra como cortina de humo que esconda sus vergüenzas sexuales y su goteo de dimisiones en torno a un gobierno desnortado. Ojo, porque Rusia no se quedará de brazos cruzados. Cuidado, porque el conflicto bélico puede estallarles en las manos a sus impulsores. Ha vuelto la guerra fría y, francamente, esperemos que se quede en eso, el mundo no resistiría una guerra nuclear.

Aburguesadas, ya madres de familia, manejamos regularmente imágenes de cualquier guerra en modo letargo, presas de la rutina. Amigas, os digo que algún día despertaremos: viajaremos juntas a Siria, en primavera.