Ventanilla única

Fernando Buesa o el olvido de olvidar

Las víctimas de ETA han sufrido la frialdad, la crueldad y la falta de empatía de una parte de la sociedad vasca que, en lugar de arroparlas, celebraba los asesinatos

Hoy no puedo pasar por alto el recuerdo obligado y merecido a las víctimas de la banda terrorista ETA. Ayer, familiares del líder del PSE de Álava y exvicelehendakari Fernando Buesa, y de su escolta, el ertzaina Jorge Díez Elorza, asesinados hace 26 años por ETA, han recordado a ambos con una ofrenda floral celebrada en Vitoria, en la que han estado acompañados de representantes institucionales y cargos públicos. En el acto ante el monolito en memoria de ambas víctimas de ETA se hizo un alegato para que nunca se olvide semejante vileza. Sobre todo ahora, cuando han salido de prisión en tercer grado o están en libertad condicional la mayoría de los asesinos que cometían tales horrores y los que los ordenaban. Y no es lo más significativo el tiempo en prisión que hayan pasado, sino que el proceso personal de reflexión no haya servido para arrepentirse o, al menos, haber hecho una lectura crítica de su militancia en ETA. Algo que prácticamente ninguno ha hecho. Y, por ello, es más sangrante aún que, aprovechando la cesión de competencias penitenciarias aprobada por Pedro Sánchez, el Gobierno vasco haya abierto la espita de la libertad para sujetos tan deleznables, a los que se debe exigir una consideración o una mínima empatía hacia las víctimas. Años de blanqueamiento de las siglas políticas de ETA han provocado que las nuevas generaciones hayan perdido la memoria del pasado sangriento que corrompió durante décadas la sociedad vasca. Hay reivindicaciones legítimas, como el acercamiento de presos a sus familiares, pero no puede ignorarse el drama humano de tantas vidas sesgadas y familias destrozadas. Las víctimas de ETA han sufrido la frialdad, la crueldad y la falta de empatía de una parte de la sociedad vasca que, en lugar de arroparlas, celebraba los asesinatos. Es triste ver cómo las generaciones jóvenes de hoy toleran y justifican más la violencia que las de hace una década. Los extremos y la radicalidad crecen, frente a la moderación, que no está de moda. Según las últimas encuestas, casi un 25% de la juventud del País Vasco de entre 18 y 25 años se identifica con posiciones de extrema izquierda o de extrema derecha. Todo ello en un contexto global en el que cada vez se valoran y respetan menos la democracia y las instituciones. 26 años después del asesinato de Fernando Buesa, el recuerdo de su talla humana y política se agranda, «pese a la oscuridad y el silencio en los que el vacío profundo se hace notar», como dijo su hija en el acto. Unas palabras que invitan a reflexionar sobre el olvido de olvidar.