
Apuntes
¡No pasarán! Grita la ministra García
La izquierda no es responsable de nada. Todo se debe al fascio, que está durmiente desde el franquismo
La ministra García se considera heredera de los del ¡No pasarán!, cree que no tienen la culpa de que exista Vox y que la causa de todos los males la tiene ese fascio durmiente que lleva en el país desde el franquismo. O sea, el mismo marco mental que caracterizó a la izquierda en la Guerra Civil y que tantos momentos de gloria y satisfacción proporcionó a los ejércitos de Franco. Como nota al margen, recordar a la ministra García que los autores genuinos del ¡No pasarán!, es decir, Dolores Ibárruri, Hidalgo de Cisneros, Núñez Mazas, Modesto, Líster, Tagüeña, Checa, Delicado y Palmiro Togliatti, la plana mayor del PCE en aquel 6 de marzo de 1939, huían en avión desde Elda (el último centro de mando estuvo en El Poblet y se llamó «Posición Dakar») mientras en Madrid los anarquistas se cobraban las deudas del golpe comunista de Barcelona, eso sí, al calor del golpe contra Negrín de los socialistas capitaneados por Casado y Besteiro. No solo pasaron, querida ministra, sino que la caída de la capital de España fue un primaveral paseo militar, jalonado por la descomposición interna y el enfrentamiento a sangre y fuego de las izquierdas entre sí. El resto es conocido. Cuarenta años de exilios, quejas y reproches. El problema es que gentes como la ministra García, desde una pretensión de superioridad moral que deja chiquitas a las Belarras, tienen la responsabilidad de la gestión de áreas tan sensibles como la Sanidad, gestión que, desde el desconocimiento, solo entienden en clave amigo/enemigo. Por no saber, ni siquiera han sido capaces de mantener el nivel de los exámenes del MIR, que no parece que sea una cosa nueva, sorpresiva, sino que llevaba funcionando casi cinco décadas sin mayores problemas. Pero nuestra izquierda, posiblemente la más sectaria y torpe de toda Europa occidental, prefiere el discurso a la realidad. Prefiere convocar el fantasma del fascio en lugar de reconocer que ninguna de sus fórmulas ha conseguido el progreso o la igualdad de los ciudadanos, a menos que consideremos el capitalismo de Estado, salvaje, de China o Vietnam como modelos de conducta social. Ellos no son los responsables de nada. Por ejemplo, llevan décadas extendiendo la idea de que el mercado inmobiliario, la construcción, es especulación, latrocinio y avaricia; décadas paralizando promociones, cargando de burocracia, impuestos y sospechas un sector clave en cualquier país, pero más en España, donde la llegada de inmigrantes se cuenta por millones, y, luego, se quejan de que los trabajadores no pueden acceder a una vivienda. Desde su marco mental, no me extrañaría que la catástrofe de Cuba pudiera ser contada de la siguiente forma: avance puntero en la política laboral, puesto que a causa de la escasez de combustible la jornada de trabajo se ha reducido a cuatro días; impulso a las nuevas tecnologías, con los estudiantes de Secundaria y Universidad trabajando en remoto a falta de transporte público; fórmulas ecológicas en la gestión medio ambiental, dado que no hay dinero para insecticidas con los que combatir la proliferación de mosquitos trasmisores de enfermedades como malaria, dengue y chikunyunga; avances en la salud alimentaria, con reducción drástica del consumo de carne y la limitación de la ingesta de hidratos de carbono; vuelta a las energías renovables, con cocinas de leña y bostas de vaca, y, por último, impulso a la cultura, con millones de cubanos deseando conocer el extranjero. Como verán, otro gran éxito de los colegas de la ministra García.
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