Sin Perdón

Sánchez, el superhéroe de la paz

«Lo más sorprendente es que nos hemos acostumbrado a que nadie dimita. Ni por el accidente de Adamuz ni por el escándalo del antiguo DAO»

Una de las principales características del sanchismo es el desbordante peloteo al líder. Es cierto que a nuestro pintoresco Líder Supremo le gusta mucho. Hasta ahora, mis favoritos eran el besucón Marlaska, con quien tiene conversaciones profundas sobre la dieta del ayuno intermitente que siguen ambos, y Diana Morant, la sonrisa del régimen, que le anima diciéndole qué haría España sin él. He de reconocer que me resultaría incómodo tener un Marlaska en mi vida que me plantara dos besos en la mejilla cada vez que me viera, pero Sánchez se siente muy complacido ante las muestras de fervor del incompetente ministro del Interior. En este terreno solo es superado por Óscar Puente. Ha conseguido que los españoles podamos conocer cómo son las estaciones de ferrocarril africanas acudiendo a la de Chamartín. El otro día quedé asombrado viendo el caos que me rodeaba, los cables colgando del techo y la insufrible sensación de suciedad, aunque reconozco que faltaba la parte pintoresca de los hornillos para cocinar bichos extraños y el colorido de las túnicas tribales.

El gran jurista vallisoletano, el Kelsen de nuestro tiempo y el compendio de Papiniano, Gayo, Ulpiano, Paulo y Modestino, podría recuperar las indumentarias que llevaban las tribus prerromanas para que den ambiente a las caóticas estaciones de la era Puente. Lo más sorprendente es que nos hemos acostumbrado a que nadie dimita. Ni por el accidente de Adamuz ni por el escándalo del antiguo DAO. A los sanchistas no les importa la opinión pública. En este último viaje en tren, el retraso fue de casi tres cuartos de hora en ambos trayectos. Y me sentí contento de que no hubiera sido más tiempo. Sánchez y ese genio del Derecho han conseguido que las infraestructuras españolas nos recuerden ese continente entrañable que es África. Conocer Chamartín y coger un ferrocarril es una aventura de nuestro tiempo.

No hay nada que inquiete al autocomplaciente inquilino de La Moncloa. Está encantado de haberse conocido. El cuerpo de guionistas que pagamos a escote los españoles está dedicado a las redes sociales. El último vídeo lo han hecho en plan Obama, otro presidente sobrevalorado, aunque algo menos que Biden, que ha sido un inútil integral. Es entrañable ver que nuestro presidente quiere mucho a sus dos perras, con las que tiene una relación más fluida que con el Congreso. Lo único que faltaba era un paseo por los jardines de su mansión acompañado por la primera dama del sanchismo. Es un líder fashion, como Yolanda, con dos perras, una de cada color, para que no desentonen con el entorno. Su primera reflexión fue muy profunda: «Está claro que el perro es el mejor amigo del hombre, pero no tengo tan claro que el hombre sea el mejor amigo del perro». Ese TikTok, con el título de «Pausa perruna, y a seguir», es la mejor respuesta para los que se preguntan cuánto durará la legislatura. La visión de los jardines monclovitas y la regalada vida de multimillonario que lleva, que eclipsa el nivel de sus denostados enemigos de las grandes tecnológicas, explica que no la quiera poner en riesgo.

En el podio de pelotas del sanchismo, esta semana corresponde entregar el premio a la ministra de Igualdad que le presentó este sábado como «el superhéroe de la paz». Lo sensato sería que la destituyera antes del próximo Consejo de Ministros. Este tipo de peloteo cutre, propio de una película de Torrente, confirma que cada vez hay menos vida inteligente alrededor del presidente del Gobierno. Con Marlaska y Morant debería ser suficiente, pero parece que no es así. Creo que deberían hacerle memes como superhéroe y, sobre todo, enviarle trajes a La Moncloa para que pueda tener un atuendo que pueda lucir en las cumbres internacionales. Y si no le dejan entrar o no le invitan, podría hacer como hizo en su día Ruiz-Mateos disfrazado de Superman.

Lo bueno del sanchismo es que la izquierda mediática ha tirado a la papelera la ética y la dignidad para defender al Líder Supremo. No importa el escándalo de los prostíbulos y las saunas, ya que eso del sexo de pago es tan irrelevante como las prostitutas de Koldo y Ábalos. No importan, tampoco, los escándalos de corrupción o de acoso sexual. Las ministras y diputadas sanchistas celebrarán el Día de la Mujer sin que se vean abochornadas por el resto de las manifestantes tras los sórdidos escándalos que han afectado al Gobierno y al partido. Lo único que les interesa es mostrarlo como un superhéroe de la paz, aunque nadie en el mundo llega al nivel de ridículo que hemos alcanzado en España. El «no a la guerra» es tan farsante ahora como lo fue en el pasado y muestra que quieren que las mentiras sean útiles en la permanente campaña de propaganda sanchista. Por cierto, el desarrollo de las acciones militares contra la dictadura iraní va muy mal para los intereses de Sánchez. Los ayatolás, que les caen mejor que Trump y Netanyahu, están sufriendo una gran derrota con la destrucción de sus infraestructuras militares y policiales. El presidente de Irán ha tenido que anunciar que suspende los ataques contra los países vecinos y se ha disculpado ante ellos.

Tras la ejecución de su líder, Alí Jamenei, el horizonte es desolador para los defensores del régimen teocrático y su soledad es bastante evidente. Es cierto que parece que Sánchez no se ha enterado y en cualquier momento se ofrecerá como mediador, porque siempre es el mejor amigo de los malotes, gamberros o criminales de la política internacional. Ha tenido la mala suerte de que no parece que vaya a ser una guerra larga y hasta Starmer ha cedido sus bases militares a Estados Unidos. No hay duda de que Sánchez es el más listo, un superhéroe de la paz y un estadista que eclipsa a Churchill, De Gaulle, Adenauer… sin que exista alguien igual, como diría la ministra Redondo, en la Historia del Mundo.

Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)